El muchacho marca un ritmo al golpear su muslo con un pomo de agua y el suelo con sus pies. Reproduce con su cuerpo una canción imaginaria, mientras la directora del centro explica cómo se desarrollará este nuevo curso escolar.
Otros estudiantes hacen florituras con las manos como si el aire fuera un lienzo. Sabrá dios cuáles monstruos a lo Goya y lirios a lo Monet dibujan. Algunos cuchichean y pasan el momento cuando un coro alcanza su tono más bajo. Están nerviosos, sobrecargados, expectantes; incluso, deseosos de comenzar, aunque los retos por delante sean vastos.

Este 1 de septiembre comenzaron las clases en la Escuela Profesional de Arte (EPA) de Matanzas con una matrícula de 199 estudiantes; 60 internos y 139 externos. Dicha cifra se divide en tres especialidades: música, artes plásticas e instructores de arte.

El nuevo curso inicia en medio de una compleja crisis nacional; en el pasado afectó la presencialidad de las clases, sobre todo para los alumnos albergados. Estos debieron retirarse a sus casas y estudiar a distancia a través de medios digitales y así vencer el año.

Según Aymara Martínez Almeida, principal responsable de la EPA, explica que este año se procederá de manera diferente. Alternarán entre períodos de internamiento, donde se reforzarán los contenidos, y otros en sus respectivos hogares con la modalidad de distancia.
La escuela cuenta con una cobertura total de profesores y de medios de enseñanza, por lo menos los necesarios para las especialidades, instrumentos musicales, materiales de dibujo; no obstante, el tema de la alimentación se complejiza tanto por la disponibilidad de la misma como por la falta de combustible para transportar los productos hasta la escuela ubicada en la Calle Río.

