Cubana lanza fuerte mensaje a quienes piden desde la isla: “No me pidan más nada, que no voy a enviar absolutamente nada para allá, con el dolor de mi alma” – Cuba en Miami
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Cubana lanza fuerte mensaje a quienes piden desde la isla: “No me pidan más nada, que no voy a enviar absolutamente nada para allá, con el dolor de mi alma” – Cuba en Miami

Cubana en EE.UU. Imagen creada con IA. Foto: Chat GPT

Una cubana residente en Estados Unidos convirtió una jornada de trabajo bajo una intensa lluvia en un contundente desahogo sobre una situación que, según contó, se ha vuelto cada vez más difícil de sostener: las constantes peticiones de dinero y productos que recibe desde Cuba.

Mientras realizaba entregas a través de Spark Driver, la mujer mostró las condiciones en las que estaba trabajando y cuestionó la percepción de que ganar 100 dólares en Estados Unidos es algo sencillo. “¿Tú sabes cuánto yo me tengo que meter en Spark Drive para buscar 100 pesos?”, expresó visiblemente molesta durante su relato.

Su testimonio pone sobre la mesa una realidad que conocen muchas familias cubanas divididas entre la isla y el extranjero: detrás de cada remesa, recarga o paquete enviado desde Estados Unidos suele haber horas de trabajo y una larga lista de obligaciones económicas que también deben asumir quienes emigraron.

“Pidiendo, pidiendo, pidiendo”

La cubana aseguró que se siente agotada por las solicitudes constantes que recibe desde la isla. Según explicó, incluso después de enviar una caja mensual con productos básicos o esenciales, las peticiones continúan. “Andan pidiendo a trocha y mocha, pidiendo, pidiendo, pidiendo: dame, manda, manda, manda”, afirmó.

La mujer también lamentó que, en ocasiones, el esfuerzo realizado para ayudar ni siquiera recibe el agradecimiento que esperaba. Para ella, uno de los mayores problemas es que algunas personas en Cuba parecen asumir que quienes viven en Estados Unidos disponen fácilmente de dinero porque tienen acceso a servicios básicos, alimentos o determinados bienes de consumo.

“Aquí si no pago, me lo quitan”

La protagonista del video respondió precisamente a ese argumento enumerando varios de los gastos que debe afrontar cualquier trabajador en Estados Unidos.

Explicó que debe pagar su automóvil, el seguro, la electricidad y la renta de su vivienda, entre otras obligaciones. “Si yo no pago mi carro, me lo quitan. Si yo no pago mi seguro del carro, me lo cortan y me ponen multa. Si yo no pago la electricidad, me la cortan”, señaló.

También se refirió al alquiler y aseguró que, si deja de pagar, el propietario de la vivienda no tiene la obligación de mantenerla allí independientemente de sus circunstancias familiares.

Su mensaje busca desmontar la idea de que vivir en Estados Unidos significa automáticamente disponer de dinero sobrante para enviar a otros países.

Un reclamo que refleja el desgaste de parte de la diáspora

El desahogo de esta cubana refleja un sentimiento que aparece con frecuencia entre emigrados que mantienen económicamente a familiares o allegados en Cuba.

Muchos combinan jornadas laborales extensas, empleos adicionales o trabajos vinculados a plataformas de entregas y transporte para poder cubrir sus propios gastos mientras continúan enviando ayuda a la isla.

En este caso, la mujer mostró precisamente esa contradicción: trabajar en medio de un fuerte aguacero mientras, al mismo tiempo, recibe nuevas solicitudes de dinero y productos.

“¿Tú sabes por qué lo tenemos? Porque la sudamos para sacar el dinero y pagar nuestras cosas”, afirmó al referirse a las condiciones materiales disponibles en Estados Unidos.

También responsabiliza a la situación que vive Cuba

Durante su intervención, la cubana dejó claro que reconoce la profunda crisis que atraviesa la isla y atribuyó directamente esa realidad al sistema político que gobierna Cuba desde hace más de seis décadas.

Sin embargo, también lanzó duras críticas hacia quienes, desde dentro del país, esperan que los familiares en el extranjero solucionen permanentemente sus necesidades económicas.

El tono del mensaje fue aumentando hasta terminar con una decisión tajante: dejar de enviar ayuda. “No me pidan más nada, que no voy a enviar absolutamente nada para allá, con el dolor de mi alma”, concluyó.

Más allá del enfado de un momento, el testimonio evidencia la presión económica y emocional que puede generar la dependencia de las remesas dentro de familias separadas por la emigración.

Para muchos cubanos en Estados Unidos, ayudar a quienes permanecen en la isla continúa siendo una prioridad. Pero historias como esta recuerdan que detrás de cada 50 o 100 dólares enviados existe, en numerosos casos, una persona trabajando, pagando cuentas y tratando también de salir adelante lejos de su país.

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