Lazarita siempre soñó con un lugar así. Cuando supo que, finalmente, habría una posibilidad, no dudó en hacer la propuesta entre quienes la acompañaban en el círculo de abuelos, en el vecindario, y así fueron siete los adultos mayores que se sumaron a la Casa de Abuelos de Mariel.
“Desde el primer día vinieron Caridad, Aida, Emérita, Adila, Ramiro y Orestes, y aquí estamos. Siempre al tanto de todos, de sus cosas, cómo viven, cómo se sienten, qué les pasa… Encantados de la vida”, afirma Lázara García, con la energía de quien ha encontrado un propósito renovado.
“Los mejores días de mi vida los echo aquí. Soy feliz. Ha sido una maravilla para mí y mis compañeros”, asegura y sus palabras se constatan en el resto.
A sus casi 90 años, Adila Fernández –la más longeva del centro– tiene claro que es el mejor lugar. “Mi hijo debe trabajar y así no me quedo sola, él está más tranquilo. Me siento muy bien, la verdad; bueno, no he faltado ni un día desde que empecé”.
Aida Margarita Orta es otra fundadora “Ha sido una suerte. Lo que más me gusta es el ambiente familiar que se respira. He mejorado anímicamente: perdí a mis hijos, mi esposo, mis hermanos, y me ha ayudado a sentirme más reconfortada».
Como Aida, Ramiro Victores dedicó parte de su vida a educar; dice sentirse en casa con actividades que le favorecen”.
De reciente incorporación Samuel Emir Corrales que, con 67 años es el más joven. Junto a su esposa Ana Orta, se incorporó sin pensarlo dos veces. “Es un sitio muy acogedor. Vivimos solos y veces no tenemos deseos ni de ir para nuestra casa”.
María Elena Pita es otra agradecida. “Los fines de semana ansío que llegue el lunes para jugar dominó, parchís, hacer ejercicios… Nos ha venido muy bien; si cierran la casa no sé qué será de nosotros”, manifiesta, como quien no quiere perder una nueva oportunidad que ha tocado a su puerta.
De la Casa
A siete meses de funcionar la institución cuenta con 19 adultos mayores, de una capacidad de 25, explica Maritza Campos, la administradora.
Muchos han llegado por voluntad propia, solicitando incorporarse, al tener referencias de su funcionamiento. “Los orientamos sobre los pasos a seguir: deben dirigirse al consultorio del médico de la familia, a fin de obtener un resumen de historia clínica y desde ese espacio también nos ayudan con la evaluación geriátrica, al no contar con un especialista en el municipio. Es preciso acudir, además, a la consulta de Psicología para que les hagan una evaluación”, puntualiza Marlén Hernández, la trabajadora social del centro.
“Cuando tengo esos documentos procedo a hacerles la evaluación psicosocial, que incluye la visita al hogar. Una vez en la Dirección Municipal de Salud, una comisión decide si están aptos para estar en una institución de este tipo, a la que pueden incorporarse a partir de los 60 años. Ese proceso puede tardar una semana; quizás menos”, especifica.
Aclara que los abuelos “deben valerse por sí mismos para la realización de las actividades diarias. Este lugar viene siendo una casa de descanso para ayudar a los trabajadores y a la economía del país; así, pueden dejar a sus adultos mayores en un lugar donde estén bien cuidados. Nuestra Casa de Abuelos es un logro del municipio”.
Ejercitando la mente y el cuerpo
De lunes a viernes, de ocho de la mañana a cuatro de la tarde permanecen en la instalación. Durante el transcurso del día realizan diferentes actividades: “guiados por personal del Inder a las nueve de la mañana hacen ejercicios. Contamos con juegos de mesa como parchís, damas, dominó…, así como un pequeño estante con libros y revistas. También se entretienen mirando la televisión o novelas grabadas”, cuenta Maritza.
La alimentación es un pilar fundamental. “Durante la estancia reciben desayuno, dos meriendas, almuerzo, y antes de irse se les da la comida para que la consuman en sus casas”, agrega.
Además, “contamos con acciones recreativas programadas: comenzamos a celebrar trimestralmente cumpleaños colectivos y se han realizado actividades en fechas señaladas, con la ayuda de los familiares y de la comunidad”.
Por otra parte, han creado espacios fijos. “Una vez al mes tiene lugar un encuentro liderado por el Centro Universitario Municipal, la Biblioteca y Salud; los jueves, a las diez de la mañana el Inder lo dedica a la recreación con juegos de participación, entre otras propuestas y, recientemente, se sumó la FMC, los miércoles en ese mismo horario”.
Señala que, “Un productor nos ha apoyado en varias ocasiones y otro se acercó para que fuéramos a su finca. La iglesia pentecostal ha donado y la comunidad también nos ha ayudado”.
Uno de los temas que los golpea es el abasto de agua. No sube a los tanques elevados. “Al parecer hay una tupición y se requiere la revisión de las tuberías”. Por otra parte, en estos tiempos de intenso calor apenas cuentan con un ventilador que trajo de su vivienda la propia administradora.
“La gran mayoría de los medios con los que contamos han sido resultado de donaciones”, comenta.

Un equipo consagrado
Mucha fuerza de voluntad y deseos de hacer distinguen a los seis trabajadores (incluye, además, una cocinera, la pantrista, un ayudante de cocina y una auxiliar de limpieza), que buscan alternativas ante las carencias y limitaciones.
“Cocinamos con gas, electricidad, carbón o leña, según las circunstancias. Cuando hay corriente usamos el fogoncito eléctrico artesanal”, relata la administradora.
“Trabajamos pensando en ellos, que son la razón de ser, y hacemos lo posible porque estén a gusto en nuestra compañía”, añade.
En Mariel, la Casa de Abuelos se siente como un abrazo colectivo que recuerda que envejecer no es el final, sino una nueva oportunidad para ser feliz, en familia, como en casa.

The post Como en casa, pero de abuelos appeared first on Artemisa Diario.
