Hay libros que se leen y libros que se viven. Hay análisis que explican y otros que desnudan. El humor de Misha. La crisis del “socialismo real” en el chiste político, del destacado intelectual cubano Abel Prieto Jiménez, pertenece a esta segunda categoría. Nos invita a un viaje fascinante y a la vez desgarrador por las entrañas de un sistema político a través de uno de los testimonios más elocuentes y subversivos: la risa popular.
Muchas son las obras que abordan las causas del derrumbe del campo socialista; sin embargo, pocas se adentran, como lo hace este lúcido ensayo, en la perspectiva cultural como un elemento fundamental de aquel “desmerengamiento”, como llamara Fidel Castro al colapso del socialismo europeo.
Publicado por la editorial argentina Colihue en 1997, este libro mantiene una vigencia absoluta. Como destaca su autor desde las páginas iniciales, estos chistes “nos muestran un proceso de reversión cultural, que es también ideológica y política; cómo la nueva cultura, los nuevos valores que debían acompañar al resto de las transformaciones, fueron perdiendo legitimidad a escala del individuo, y terminaron siendo exteriores y ajenos”.
El humor de Misha nos invita a un viaje fascinante y a la vez desgarrador por las entrañas de un sistema político a través de uno de los testimonios más elocuentes y subversivos: la risa popular.
Con una prosa tan lúcida como comprometida, el autor nos guía por el laberinto de contradicciones que fue el “socialismo real” en la Unión Soviética y Europa del Este, usando como hilo conductor el chiste político. Lejos de ser un mero compendio de anécdotas, este ensayo erudito y profundamente humano se sumerge en la función sociológica, cultural y psicológica del humor como termómetro del consenso fracturado. El osito Misha, la mascota de las Olimpiadas de Moscú 1980, se erige aquí como símbolo inicial de una modernidad fallida, un intento artificial y tardío que encarnaba la desconexión entre el poder y el pueblo, entre la utopía prometida y la gris realidad cotidiana.
Abel Prieto, con la aguda mirada del intelectual revolucionario, no se limita a catalogar chistes. Los analiza, los contextualiza y los desmenuza para revelar las grandes fracturas del sistema. A través de estas viñetas de humor negro y sátira mordaz, asistimos a la deconstrucción de los pilares fundamentales del “socialismo real”. Un error estructural, como muy bien analiza el autor, fue buscar la modernidad, no en las fuentes originales y auténticas del socialismo, sino en los códigos, estéticas y símbolos frívolos del capitalismo, cayendo en una trampa sin salida al pretender competir en estándares de vida con las sociedades de consumo. Este camino, como demuestra Abel, no podía sino generar nuevos consumidores, nunca el “hombre nuevo”, protagonista de los cambios revolucionarios, soñado por el ideal socialista.
La claridad meridiana sobre este peligro siempre estuvo presente en el líder de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz. El 12 de marzo de 1988, en plena efervescencia de la Perestroika soviética, advertía en un intercambio con jóvenes escritores y artistas de la Asociación Hermanos Saiz: “¿Qué, nos vamos a poner a competir con la sociedad de consumo yanki? ¿Vamos a entrar en competencia para que la gente se quede aquí a base de darles más zapatos, más lujo, más cosas? (…) Eso para mí siempre fue una cosa muy clara desde el principio, que nosotros no podíamos competir con la sociedad de consumo en cosas materiales”. Y en el IV Congreso de la Uneac, a inicios de ese mismo año, había precisado: “Nivel de vida no es solamente toneladas de cosas materiales, hacen falta muchas toneladas de cosas espirituales. (…) sobre todo, las actividades artísticas y culturales se pueden convertir en una de las más altas expresiones del nivel de vida”.
“…este ensayo erudito y profundamente humano se sumerge en la función sociológica, cultural y psicológica del humor como termómetro del consenso fracturado”.
Para diseccionar esta crisis de hegemonía, Abel recurre a Antonio Gramsci y a Peter Berger. Su análisis revela, a través de la sátira popular, el fracaso en la creación de una nueva moral y un nuevo consenso. Los chistes exponen, uno a uno, los males del sistema: el atraso tecnológico y la burocracia irracional; la traición a los ideales fundadores de Marx y Lenin; la subordinación autoritaria de las nacionalidades a Moscú; la censura y la autocensura que estrangulaban el pensamiento; y, de manera crucial, la ausencia de fórmulas auténticamente participativas para el pueblo en la construcción socialista. Como sentencia el autor: “El socialismo requiere de ‘las armas ideológicas más refinadas y decisivas’ que pedía Gramsci; pero, por su propia esencia, el universo simbólico y significativo socialista tiene que construirse en un espacio radicalmente democrático y a través de un incesante compromiso participativo”.

La originalidad de este libro no termina en su penetrante análisis del “socialismo real”. Dedica un capítulo final, “Para un epílogo cubano”, a contrastar ese humor con el chiste político nacido de la Revolución cubana. Aquí argumenta una diferencia esencial: mientras en Europa del Este el humor reflejaba pasividad y un fatalismo que atacaba las bases del sistema, en Cuba el chiste –incluso el más crítico– suele operar desde una lógica diferente. Aparece la figura del “pícaro”, que con ingenio busca sobrevivir o “escapar” individualmente, pero sin cuestionar, en la mayoría de los casos, la soberanía nacional. Prieto identifica una resistencia singular en lo que podríamos llamar la “antimodernidad” cubana, que no es vista solo como un estigma, sino también como un espacio de creatividad y resistencia indomable frente al imperialismo.
El humor de Misha ofrece lecciones vitales para todos los que defendemos un socialismo auténtico, próspero, democrático y participativo, desde la trinchera siempre anticolonial y antiimperialista.
Otro valor añadido de esta edición es el extraordinario epílogo que, a modo de reflexión paralela, escribiera el intelectual y revolucionario Armando Hart Dávalos. Sus valoraciones sobre la centralidad de la cultura en el socialismo son vitales en la actualidad, no solo para el proyecto cubano sino para todas las batallas emancipadoras que se libran en la contemporaneidad. Hart nos recuerda: “No se apreció que si es cierto —como afirmó Engels— que el hombre primero necesita comer, vestir, tener un techo…, también lo es —y no está en antagonismo con las esencias del pensamiento de Marx— lo que afirmó el cristianismo, en el sentido de que no sólo de pan vive el hombre. Porque sin hacer filosofía, arte, religión, vida espiritual, NO HAY HOMBRE”. Y sentencia: “Por estas razones, no es científico tratar de forma divorciada las luchas por el pan, de un lado, y por la vida cultural y espiritual, del otro”.
El humor de Misha es, en última instancia, un libro necesario. Es una lectura indispensable para entender la textura humana del colapso del socialismo europeo, un proceso que no puede explicarse únicamente con datos económicos o análisis geopolíticos. Es un estudio que duele, que provoca la sonrisa amarga y la reflexión profunda, y que, desde la izquierda es fiel a sus ideales emancipadores pero crítica con sus deformaciones, ofrece lecciones vitales para todos los que defendemos un socialismo auténtico, próspero, democrático y participativo, desde la trinchera siempre anticolonial y antiimperialista.
