Producto de su estilo trapacero, con engaños, fraudes sofisticados y descarados, Donald Trump ha ido imponiendo sus candidatos favoritos en la mayor parte de Latinoamérica, logrando hasta un titulado Escudo de las Américas para supuestamente combatir el narcoterrorismo, pero tiene como meta la subyugación de los pueblos, detentar sus principales riquezas y detener la cada vez mayor influencia china, amén de lograr que digan “yes” al recrudecimiento del bloqueo que durante casi siete décadas asfixia a Cuba.
Pero el presidente norteamericano, el campeón de los incumplimientos en cuanto a guerras, persecuciones, respeto a las razas y bajar el costo de la vida, está teniendo serios problemas para mantener una simpatía que le hizo llegar a la presidencia, por lo que ahora cuenta con apenas el 36% de aprobación, con un fuerte reto para mantener la mayoría de su Partido Republicano en las venideras elecciones de medio término del Congreso.
Quizás lo paradójico pueda ser que el ascenso de la izquierda en el opositor Partido Demócrata pueda ocasionar la fractura del ente político, y propiciar que se mantenga la mayoría republicana.
Como la élite es la élite en cualquier partido que milite, la posible fractura opositora colabore con la suerte del colorado mandatario.
Empero, esta izquierda ha seguido creciendo y logrando cada vez más una mayoría de adeptos.
LO QUE VIENE
El 3 de noviembre próximo se llevarán a cabo las elecciones en las que se disputarán 435 posiciones de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 escaños del Senado; además, se elegirán a 39 gobernadores de estados y territorios de ese país, aunado a la elección del fiscal general y de muchas elecciones estatales y locales. Uno de los factores que impactarán los resultados será el de la imagen de Trump cuyo protagonismo y personalidad influirán en la decisión de los electores.
En ese sentido, las encuestas publicadas en este 2026 muestran que muchos tienen una opinión negativa sobre su gestión en materia de economía e inmigración que, por cierto, son dos de los temas que lo catapultaron y lo hicieron ganar las elecciones en el 2024 para ocupar la silla principal del Salón Oval de la Casa Blanca.
Es preciso también recordar el antecedente inmediato de las elecciones de noviembre del 2025 en las que no le fue bien al Partido Republicano, ya que, por ejemplo, las candidatas a gobernadoras del Partido Demócrata de Virginia y de Nueva Jersey ganaron a sus oponentes republicanos por márgenes mayores de lo previsto, alcanzando también la supermayoría legislativa en ambos estados.
Otro dato significativo del avance de la izquierda en EE.UU. es, sin duda, que en la ciudad de Nueva York el demócrata Zohran Mamdani -quien siempre se identificó como socialista democrático- ganó contundentemente en las urnas y que la corriente de izquierda ha cosechado otros triunfos muy relevantes como los de la congresista Allexandria Ocasio Cortez.
Esta es una mujer de 39 años de origen puertorriqueño que ha consolidado un estilo propio y disruptivo dentro del Partido Demócrata, manifestándose contra la oligarquía y que va construyendo un liderazgo nacional que la puede llevar a la candidatura presidencial en el 2030, o el de la también congresista de Colorado Melat Kiroz, de 29 años, quien nació en Adís Abeba, Etiopía, y llegó a Estados Unidos con su familia cuando era un bebé y cuya campaña se enfocó en el populismo económico y el rechazo a donaciones de comités de acción política -PAC- corporativos).
Cuenta con el respaldo de figuras progresistas como Bernie Sanders y organizaciones como Justice Democrats y quien enarbola como sus principales propuestas las de la sanidad universal (Medicare for All), el control federal de los alquileres, la abolición del servicio de inmigración (ICE) y un embargo a las ventas de armas a Israel.
YA ES UNA FUERZA POLÍTICA
La corriente de izquierda cuenta ya con 97 parlamentarios que pertenecen al Caucus Progresista que no están de acuerdo en el financiamiento a las campañas, porque quedan maniatados a los intereses grupales; se trata de un conglomerado político que ha tomado el tema de la salud como bandera en un país que vive una grave crisis ya que más de 100 millones de personas no tienen asegurado el acceso a los servicios del sistema de salud gratuito.
En fin, el radicalismo de derecha de Donald Trump se está enfrentando a una corriente de izquierda radical dentro de Estados Unidos. La Democratic Socialists of America (DSA) pasó de unos 6 000 miembros en el 2015 a más de 120 000 en el 2026 y se ha convertido en la organización socialista más numerosa e influyente de la historia estadounidense contemporánea cuyo eje es la disputa ideológica frente a la polarización encabezada por el presidente con nombre de pato.
La DSA tiene ahora una estructura conocida como “big tent” organizada en una gran coalición con capítulos locales y corrientes internas que conviven bajo una misma identidad y que utiliza las primarias del Partido Demócrata para ganar espacios de poder. Hoy por hoy, unos 250 candidatos electos de izquierda han sido respaldados por DSA (incluyendo alcaldes y concejales) y ocupan cargos públicos en más de 40 estados de la Unión Americana (casi el 90% ganó después del 2019).
“SUSURRADOR” INQUIETO
Ante este avance de la izquierda, el secretario de Estado Marco Rubio, de muy lamentable origen cubano, teme que cualquier giro favorable a la izquierda le haga perder poder e influencia en la familia Trump y ponga en riesgo sus ambiciones de lograr más poder, influencia y dinero.
Así, en una reunión ministerial en el Departamento de Estado pintó un panorama sombrío de la amenaza del “terror de extrema izquierda” para Estados Unidos, al tiempo que instaba a diplomáticos de todo el mundo a “defender” sus civilizaciones contra el “flagelo”.
Allí, en declaraciones centradas casi por completo en Estados Unidos, ante representantes de más de 60 países y de otros funcionarios del gobierno de Trump, se habló de la necesidad de combatir el “cáncer mortal de la civilización”, afirmando que el llamado terrorismo de izquierda, cuando se le “deja seguir su curso, siempre se convierte en un gulag”. Se sostuvo que los sistemas político, legal y judicial de Estados Unidos no funcionan “si la amenaza de violencia y terror continúa sin control”. Y se denunció a los manifestantes de Antifa como “deformes”, diciendo: “Su apariencia exterior se convierte en una manifestación de su odio interior”.
Además, al veneno trumpista se agregó que “el mayor riesgo que tenemos es que nuestras instituciones se han vuelto demasiado blandas y demasiado cobardes como para poder defenderse de una amenaza mortal”.
La lucha contra el supuesto auge de “extremistas violentos de izquierda, incluidos anarquistas y antifascistas”, es una prioridad clave del gobierno de Trump, que ha argumentado que constituyen una de las principales amenazas terroristas para Estados Unidos.
Sin embargo, múltiples exfuncionarios dijeron que el tema ha sido politizado por el gobierno y que la amenaza de la “extrema izquierda” no alcanza el nivel de la que plantean grupos como ISIS o los extremistas de derecha, estos últimos ausentes por completo de la estrategia antiterrorista del gobierno publicada en mayo.
Es decir, una estrategia que amplifica la amenaza y apunta contra quienes están en la izquierda política y se oponen a las políticas del presidente Donald Trump.
