Cuando los vientos y las intensas precipitaciones del huracán Stan convirtieron en octubre de 2005 a Guatemala, prácticamente, en tierra arrasada, más de 680 colaboradores cubanos arribaron a ese país casi bajo la lluvia y plantaron hospitales de campaña en sitios donde sus pobladores jamás habían visto un médico.
Cuando en octubre del propio 2005, un terremoto cercenó en apenas dos minutos, miles y miles de vidas en el norte de Paquistán, unos 2 560 colaboradores cubanos cogieron, de prisa, sus mochilas y llegaron a ese confín del mundo, casi en medio de las sacudidas del evento telúrico, para traer de vuelta a la vida a miles de paquistaníes. Pocas veces la humanidad había conocido tanta generosidad, tanto altruismo.
Cuando a inicios de 2006, un diluvio sembró la tragedia, nadie sabe a ciencia cierta en cuántas familias bolivianas, en lo fundamental, residentes en el departamento de Santa Cruz, situación que llevó al entonces presidente Evo Morales a decretar el estado de emergencia nacional, más de 600 colaboradores cubanos acudieron a salvar, a confirmar nuevamente la estatura de una isla, de su máximo líder, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Cuando el pasado 24 de junio, un doble sismo de 7.2 y 7.5 de magnitud en la escala de Richter impactó siete estados de Venezuela,
integrantes del Contingente Internacional Henry Reeve, entre ellos un cirujano general de Sancti Spíritus, llegaron a las zonas impactadas en la noche del lunes 29 y comenzaron a operar, a salvar vidas.

Esos días, pareció que las palabras pronunciadas por Fidel hace casi 21 años, durante el acto de fundación de aquel Contingente, volvían con la fuerza de su verbo: “Hay que formar los médicos que requieran los campos, las aldeas, los barrios marginados y pobres de las ciudades del Tercer Mundo. Incluso en países inmensamente ricos, como Estados Unidos, decenas de millones de afroamericanos, indios, inmigrantes latinos, haitianos y otros, carecen de programa y asistencia médica.
“Nosotros ofrecemos formar profesionales dispuestos a luchar contra la muerte. Nosotros demostraremos que hay respuesta a muchas de las tragedias del planeta. Nosotros demostramos que el ser humano puede y debe ser mejor. Nosotros demostramos el valor de la conciencia y de la ética. Nosotros ofrecemos vidas”.
Lo mismo en Guatemala, Paquistán y Bolivia, como después sucedió en la lucha contra la epidemia del ébola en África; y en la batalla, también cara a cara, para aliviar de la muerte al planeta, asolado por la covid, estuvo el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve, uno de los proyectos más humanistas y solidarios concebido por Fidel.
Nacido oficialmente el 19 de septiembre de 2005, este contingente se articula a los principios de solidaridad y colaboración, defendidos por el Comandante en Jefe desde que la Revolución comenzó a empinarse, a alumbrar al resto del mundo el Primero de Enero de 1959.
¿Cómo olvidar los pasajes vividos por la brigada médica cubana en Chile, después del terremoto de mayo de 1960 en la nación sudamericana? ¿Cómo olvidar el envío de aquel grupo de especialistas de la isla en 1963 a Argelia, gran parte de cuyos médicos salieron de estampida del país africano, luego de lograr su independencia de Francia?

Al tanto de todo ello permaneció Fidel; hablamos del estadista, del ser humano que sintió como propios los dolores del mundo; hablamos de quien ideó y fundó el Contingente Internacional Henry Reeve, verdadera clase magistral de humanismo.



