La Muestra de cine ruso presentada en la Habana, nos permitió acercarnos a varios títulos que permitieron apreciar las tesitura y alcances de la producción eslava en este arte, que, como recordarán los menos jovenes, inundó las pantallas cubanas mientras existió la URSS, y uno de cuyos títulos abrió por encima la semana: Don Quijote (1957, Grígori Kosíntsev).
Quiero referirme hoy a un par de títulos contemporáneos.
Por el deseo del pez (2023, Aleksandr Voytinskiy) ancla su relato en la tradición del “cuento de hadas”, muy arraigada en la literatura rusa, y recreada en el cine profusamente desde la etapa soviética: encantamientos, reinos, deseos que un ser embrujado propone a un pobre, animales y tipos pintorescos, aluden generalmente a la época zarista, recreando un mundo de abruptas diferencias sociales que el » nuevo orden» no conocía, al menos teóricamente.

En este caso, una joven convertida en pez por un padre celoso y con poderes, ofrece al hijo de un herrero la posibilidad de cumplir tres deseos.
En un ambiente mágico, lleno de peripecias y aventuras que seducen tanto al público infantil como adulto, transcurre una divertida y entretenida fábula con sentido del humor, moralejas y situaciones arquetípicas de esa línea genérica, en un derroche de imaginación, colorido y efectos especiales, con actuaciones también muy resaltables.
Otro filme muy aclamado por los espectadores habaneros fue Hago el paso (2023 de Olga Akátieva) en torno a un joven que padece dislexia, un trastorno neurológico que lleva a leer las frases al revés.
Pese a todo, Sasha Makárov logra hacerse profesor, sueña trabajar en Moscú pero debe permanecer en su ciudad natal e intentar curarse de una traición .

La cinta discursa no solo en torno a la tenacidad con que puede vencerse la enfermedad y tornarse una persona realizada, sino que arroja luz sobre realidades en la Rusia contemporánea: jóvenes con diversos conflictos familiares y sociales entre los alumnos, diferencias de clase, conflictos en la educación media,violencia de género y una preocupación encomiable: el estímulo a la lectura, el estudio y conocimiento por las nuevas generaciones de los tesoros que almacena la literatura rusa tanto clásica como actual, mediante concursos estudiantiles que pueden cultivar tales hábitos, mientras sobre las bibliotecas públicas se cierne el peligro inminente de cierre.
El filme explota de modo inteligente los cauces melodramáticos de la historia, se debate con tino entre lo emotivo y lo humorístico, expone sus objetivos axiológicos y morales de modo sutil y muestra un destacado nivel actoral.
También se presentaron varios animados que permitieron comprobar el continuum dentro de un género donde también Rusia sentó cátedra desde etapas anteriores, ahora perfeccionado con las nuevas tecnologías digitales, pero manteniendo sobre todo la imaginación y sensibilidad de sus relatos.
Esperemos no tarden las próximas muestras de un cine que mantiene sus cotas de altura estética y poder de convocatoria, tal demostró el público que respaldó cada proyección.

