El encuentro de dos gigantes
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El encuentro de dos gigantes




Es noche cerrada por nubes que presagian tormenta. El buque alemán Nordstrand cerca de la costa suroriental cubana echa un bote a la mar bravía. Lo tripulan los generales Francisco Borrero y Ángel Guerra; coronel Marcos del Rosario Mendoza; capitán César Salas; el Mayor General Máximo Gómez Báez y José Martí Pérez, delegado del Partido Revolucionario Cubano e inspirador y conductor de la Guerra Necesaria., quien apunta en su Diario de Campaña de Cabo Haitiano a Dos Rios:

“…llueve grueso al arrancar. Rumbamos mal. Ideas diversas y revueltas en el bote. Más chubascos. El timón se pierde. Fijamos rumbo. Llevo el remo de proa. Salas rema segundo, Paquito Borrero y el General ayudan de popa. Nos ceñimos los revólveres. Rumbo al abra. La luna asoma, roja, bajo una nube. Arribamos a una playa de piedras. Me quedo en el bote el último, vaciándolo. Salto. Dicha grande”.

4 OrtizEl Comandante en Jefe se apropia de toda la información contenida en el monumento.A cien años de distancia, otro gigante, ahora de verde olivo, otea el horizonte en noche oscura, impenetrable, como la que hace un siglo ocultó a los seis expedicionarios. Es Fidel que llegó al encuentro con la historia, con el hombre que inspiró la osadía del Moncada. Son las 10 de la noche, la hora de la Dicha grande. Se apagan todas las luces. La oscuridad es total, solo burlada por la brisa y el ronroneo de las olas en la mar.

2 OrtizFidel con paso firme y solemne lleva la bandera de la Estrella Solitaria a la base del monumento que perpetúa el arribo de Martí y Gómez para encabezar la Guerra Necesaria.Fidel toma la bandera de la estrella solitaria -recuerda y narra Ramón Ortíz Reyes, entonces miembro del Buró provincial del Partido en Guantánamo y testigo excepcional del acontecimiento, único e irrepetible-. Se dirige hacia la orilla, solemne, con su impresionante personalidad y marcialidad.

Levanta la enseña mirando al horizonte y la oscuridad de la noche, como reviviendo el azaroso desembarco de 1895, replicado por él mismo al frente de los libertadores del yate Granma. Pensaba en la hombrada del Maestro, que no era un guerrero y lideraba en suelo patrio la Guerra Necesaria que había organizado.

1OrtizRamón Ortiz: “El momento fue sobrecogedor, la inusual cercanía y naturalidad de un hombre de tal dimensión histórica, a pesar de lo cual transmitía familiaridad, nos impactó a todos”.Ortiz Reyes, psicólogo de profesión, desde la sala de su casa, devenida laboratorio de investigaciones en torno a José Martí y el Comandante en Jefe Fidel Castro, se sumerge en los recuerdos de aquella noche, cuando Playita de Cajobabo acogió desde temprano las actividades centrales de la nación por el Centenario del desembarco del 11 de abril de 1895.

“En la mañana se celebró el acto central presidido por el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, quien presidía las actividades por la efeméride y acompañaba Ríder Díaz Leyva, a la sazón, primer secretario del Partido en la provincia de Guantánamo.

Por la tarde, en la base de campismo de Cajobabo, aledaña al histórico sitio declarado Monumento Nacional el 10 de octubre de 1978, sesionaba el tradicional evento de los historiadores, esta vez, con representación nacional. Entonces se conoció de una probable importante visita. Al atardecer se presenta nuevamente el Primer secretario del Partido acompañado esta vez por el General de Cuerpo de Ejército Ramón Espinosa Martín, entonces Jefe del Ejército Oriental.

Ortiz, cuyo currículo apunta luego de su militancia en el Buró provincial del Partido, 10 años como director del telecentro Solvisión, relata que con la aparición de la avanzada de integrantes de la seguridad personal del Comandante, el crepúsculo se tornó expectante.

“Los guiamos y mostramos la ruta que seguiría el Líder de la Revolución hasta La Playita, donde se levanta el monumento que marca el sitio exacto del desembarco, señalado en 1922 por el dominicano Marcos del Rosario, único sobreviviente entonces de los heroicos expedicionarios”, narra el Premio provincial de Periodismo por la obra de la vida José Vázquez Savón y añade: De regreso indicamos a los historiadores en la base de campismo que apuraran la comida y esperaran, sin más explicación, por razones obvias de seguridad.

Al regresar, ya el Comandante recorría los cientos de metros que en tortuosa ruta de arena y piedras; con escabroso trillo ascendente y descendente entre rocas, que conduce a La Playita y donde se daba cita un selecto grupo acompañante del más preclaro Discípulo del Maestro, entre ellos Eusebio Leal Spengler.

“El reloj marcaba las 10 de la noche -retoma el hilo inicial de la conversación- y Fidel, tras breve tiempo ensimismado frente al mar, le da la espalda y con paso firme se encamina al monumento, donde encaja la asta de la bandera”. Ha cumplido otro compromiso ineludible con la Patria, no dejó morir al Apóstol en el centenario de su natalicio, ni en el siglo del desembarco.

3 OrtizMiembros del Buró provincial del Partido y de la dirección del municipio, y jefes militares dejaron esta constancia para la historia junto a Fidel.“A la solemnidad siguió el intercambio del Líder con los presentes: miembros del Buró provincial del Partido, periodistas, militares y dirigentes. Las fotos inmortalizaron el sobrecogedor momento, la inusual cercanía y naturalidad de un hombre de dimensión histórica que transmitía familiaridad y atendía las inquietudes de la prensa: José Antonio Pupo y Rosa María Fernández, del telecentro Solvisión, y Luis Vega Borges, fotógrafo y Víctor Hugo Purón Fonseca, del periódico Venceremos.

“Fidel les comentó -apunta el incansable investigador- que necesitaba venir en el año del centenario. Sentía el compromiso moral de estar allí. Rendirle el tributo a Martí, decirle que esta bandera se había sostenido y se mantenía firme.

5 OrtizLos periodistas también tuvieron el privilegio de retratarse junto al Líder de la Revolución. De izquierda a derecha José Antonio Pupo, Víctor Hugo Purón, Rosa María Fernández y Luis Vega Borges.Añadió que él quería que ese acto se repitiera siempre por parte de la nueva generación y en respuesta a una solicitud de mensaje para la juventud solicitada por Víctor Hugo Purón, puntualizó:

“… que sean iguales que las generaciones que les precedieron, en primer lugar la generación que inició nuestra lucha por la independencia y las generaciones que continuaron esa lucha, las generaciones que se enfrentan a las difíciles circunstancias para mantener en alto esa bandera y libre a la Patria.

“Que sean como estas generaciones es mucho pedir, pero lo pedimos, que sean mejores es pedir más, pero lo esperamos”.

El anecdotario del investigador y testigo excepcional apunta: “De regreso el jeep que aborda Fidel, se atasca en la arena y en acto que sorprende a todos, el Comandante abre la puerta, desciende y se funde entre los historiadores en charla amena y patriótica precedida por la entonación del Himno Nacional.

“El hecho vino a coronar la noche. El Comandante en Jefe departió con los historiadores, ya antes lo había hecho, en la propia Playita, con Eusebio Leal, y los historiadores Pedro Álvarez Tabío y el imiense Pedro Rodríguez Abad, interesado en aquellos acontecimientos y la autenticidad de la ruta seguida tras el desembarco hasta la casa de los Leyva, ante cuyas inquietudes los especialistas descartaron cualquier confusión: ahí están la ladera del monte, el mar, los peñascos y el camino, llamado entonces “de los pescadores”.

El Líder reflexiona sobre la heroicidad de los expedicionarios. De cómo siempre se imaginó lo difícil que había sido ese desembarco. Sin saber a dónde llegaban. Transitar por zonas tan abruptas, con las espinas, de noche. Prácticamente desorientados. Y exalta a Martí, que no era un hombre de combate, de guerra, sino más bien un intelectual, un organizador.

Así terminó la inolvidable e irrepetible jornada con su enorme carga emocional y patriótica; tan histórica como simbólica que guarda con orgullo Ortiz, entre sus más preciadas vivencias.

 

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