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La dimensión geoestratégica de la campaña de EE. UU. contra Cuba – Cubainformación

Al Mayadeen Español


El despliegue de la Casa Blanca contra la isla responde a intereses históricos por asegurar el control del golfo de México y el estrecho de Florida, afirma un artículo de Diario Red.

La renovada campaña imperialista impulsada por el presidente estadounidense Donald Trump contra Cuba responde a factores de política interna profunda.

De acuerdo con un artículo de Diario Red, la influencia de Marco Rubio y del histórico lobby anticomunista asentado en Florida, junto a la necesidad del movimiento MAGA de exhibir éxitos antes de las elecciones legislativas, juegan un papel de peso.

Sin embargo, analistas señalan que reducir la agresión a circunstancias coyunturales ignoraría elementos estructurales e históricos.

En la actualidad, el estrecho de la Florida ocupa un lugar destacado dentro de los cálculos geopolíticos de Washington por ser una de las principales salidas naturales del golfo de México. Ese espacio marítimo resulta fundamental para el funcionamiento de la economía estadounidense al conectar grandes centros energéticos con el canal de Panamá y el océano Atlántico.

Además, agrega el texto, en las costas del golfo de México se concentra aproximadamente la mitad de la capacidad norteamericana de refinación de petróleo y procesamiento de gas natural. De igual manera, la región desempeña un papel esencial en el abastecimiento alimentario del país.

A esta dimensión económica se añade un factor energético adicional, debido a que diversas estimaciones apuntan a la existencia de miles de millones de barriles de crudo en la denominada Cuenca Norte de Cuba, detalló Diario Red.

Lógica preventiva frente a competidores estratégicos

La publicación reconoce más adelante que, desde una perspectiva estrictamente militar o comercial, Washington ya disfruta de libertad de navegación y mantiene una posición predominante en la región.

Desde la óptica de numerosos estrategas de la Casa Blanca, garantizar el dominio del hemisferio occidental serviría para impedir que futuros actores considerados «hostiles» aprovechen la ubicación geográfica de la Isla.

Controlar de manera indirecta el entorno geopolítico cubano equivaldría a asegurar que ningún competidor estratégico, como China, pueda utilizar este corredor marítimo para ejercer presión económica.

Se trata de un aprendizaje basado en las recientes experiencias internacionales en el estrecho de Ormuz y en Bab al-Mandeb, consideró Diario Red.

Históricamente, desde el siglo XIX, el éxito del modelo comercial de Estados Unidos ha dependido de que los accesos marítimos articulados alrededor de los ríos Mississippi, Missouri y Ohio permanecieran abiertos bajo su control exclusivo, recordó.

Continuidad histórica de la hostilidad de la Casa Blanca

Cualquier potencia capaz de influir sobre el canal de Yucatán y el estrecho de Florida podía afectar directamente el comercio norteamericano.

La guerra hispano-estadounidense permitió eliminar la presencia europea en la región y consolidar la influencia de Washington sobre los corredores marítimos regionales.

Desde entonces, y hasta el triunfo de la revolución socialista, la soberanía cubana quedó condicionada por una relación asimétrica con su vecino del norte, obsesionado con poseer la llave de paso del golfo de México.

A pesar de que el fin de la Guerra Fría redujo la percepción de peligro, nunca desapareció por completo la preocupación de determinados sectores políticos y militares por la existencia de un Estado soberano, socialista y antiimperialista.

De acuerdo con el medio, al margen de los factores políticos y coyunturales del año 2026, la hostilidad contra Cuba expresa una continuidad histórica en la política exterior estadounidense.

La estrategia de la Casa Blanca permanece marcada por el deseo permanente de preservar su predominio absoluto sobre un espacio marítimo considerado esencial para sus intereses, concluyó.

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