Según precisó la institución científica desde su perfil en la red social Facebook, el proyecto comenzó con la aprobación del Consejo Científico del CIGB y avanzó en el diseño de la molécula, evaluaciones preclínicas y biomodelos experimentales, donde se comprobó su acción reguladora de la inflamación sin inducir inmunosupresión.
Estudios de toxicología confirmaron la seguridad del fármaco, lo que permitió iniciar formulaciones para ensayos clínicos en pacientes con artritis reumatoide, donde se verificó su seguridad y se obtuvieron evidencias preliminares de eficacia.
Con esos resultados se avanzó a la fase dos de investigaciones clínicas, etapa en la que coincidió la propagación de la COVID-19 en Cuba, y Jusvinza se empleó como alternativa para tratar la hiperinflamación en pacientes graves y críticos.
En ese contexto, el medicamento, identificado entonces como CIGB-258, se incorporó al protocolo nacional de tratamiento contra la COVID-19 y contribuyó a reducir la mortalidad antes de la disponibilidad de las vacunas cubanas.
También se utilizó en embarazadas, puérperas y niños con formas severas de la enfermedad, con resultados positivos, según datos del CIGB.
La institución continúa acumulando evidencias científicas sobre el mecanismo de acción de la molécula, considerada un aporte relevante de la biotecnología cubana.


