Foto: Cuba Noticias 360 (Imagen de referencia)
Texto: Fede Gayardo
La historia de un joven bicitaxista ha conmovido a miles de cubanos en las redes sociales. Su forma de trabajar es sencilla, pero poco común, ya que a los pasajeros más vulnerables les cobra únicamente lo que puedan pagar, sin exigir una tarifa fija.
El gesto fue dado a conocer por la usuaria Susana Angela Borges González a través de una publicación en Facebook que rápidamente comenzó a compartirse, convirtiéndose en un ejemplo de solidaridad en tiempos especialmente difíciles para muchas familias cubanas.
Según relató Borges, todo comenzó cuando abordó el bicitaxi durante la mañana para dirigirse hacia el túnel de Línea. Antes de subir, preguntó al conductor si llegaba hasta ese destino y la respuesta la sorprendió por su disposición: “Voy para donde usted vaya”.
Durante el recorrido ocurrió la escena que más la marcó. Un adulto mayor detuvo el vehículo y preguntó cuánto debía pagar por el viaje. Sin vacilar, el joven respondió que “lo que usted pueda, abuelo”.
De acuerdo con el relato, el hombre, visiblemente emocionado y casi con lágrimas en los ojos, entregó 100 pesos al bajarse del bicitaxi. Según explicó Borges, otros conductores suelen cobrar hasta 250 pesos por ese mismo trayecto.
Poco después, ya cerca de la calle 60, otra pasajera solicitó el servicio. Se trataba de una mujer que vestía atuendo yoruba y que también preguntó el precio antes de subir. La respuesta volvió a ser exactamente la misma. “Lo que usted pueda», le dijo el conductor.
La mujer abordó el bicitaxi con dificultad y, al finalizar el recorrido, pagó 150 pesos. Antes de despedirse, agradeció el gesto y bendijo al joven, deseándole que existieran muchas más personas como él.
Borges aclaró que esa flexibilidad no significaba que el conductor trabajara gratuitamente. A los pasajeros que contaban con mayores posibilidades económicas les cobraba tarifas similares a las que otros bicitaxistas aplican habitualmente para recorridos equivalentes.
Al concluir el viaje, la autora de la publicación le pidió permiso para tomarle una fotografía. Fue entonces cuando el muchacho explicó la razón de su forma de trabajar.
Según contó Borges, el joven le confesó que conoce las enormes dificultades económicas que atraviesan muchos ancianos y personas de bajos ingresos, por lo que decidió cobrar en función de las posibilidades de cada cliente. Esa es, según sus propias palabras, “su manera de ayudar”.
La mujer reconoce que nunca llegó a preguntarle su nombre. Sin embargo, consideró que su ejemplo merecía ser conocido por muchas más personas. En su publicación aprovechó también para reflexionar sobre la situación que enfrentan los adultos mayores en Cuba.
“Vivimos en una sociedad donde los adultos mayores son discriminados, son excluidos, un adulto mayor con una pensión media en este país no le alcanza para alimentarse y mucho menos para transportarse. Y eso es Exclusión”, escribió.
Sobre el joven bicitaxista añadió una reflexión que resume el espíritu de su historia asegurando que “para un pueblo que sufre lo que sufre hoy el pueblo cubano, multiplicar conductas como estas sería maravilloso”.
El gesto adquiere un significado especial en el contexto actual del transporte en la capital cubana. La profunda crisis del sistema de movilidad ha obligado a miles de personas a depender de medios alternativos como bicitaxis y triciclos eléctricos para desplazarse diariamente.
Las cifras oficiales reflejan el deterioro del servicio. Entre enero y septiembre de 2025, el transporte estatal de pasajeros en La Habana registró una caída cercana al 93 %, una situación que ha provocado largas esperas en las paradas y ha obligado a muchos ciudadanos a recorrer grandes distancias a pie.
La escasez de opciones también ha disparado el costo de los traslados privados. Algunos cubanos han asegurado que puede llegar a gastar cerca de 1.000 pesos en un solo día cuando necesitan desplazarse por diferentes puntos de la ciudad, una cifra que representa aproximadamente una cuarta parte de la pensión mínima mensual en Cuba.
En medio de esa realidad, la actitud del joven bicitaxista ha sido recibida como un recordatorio de que, incluso en tiempos de crisis, todavía existen personas dispuestas a poner la solidaridad por encima del beneficio económico.
Su identidad sigue siendo desconocida, pero su gesto ya ha recorrido las redes sociales como un ejemplo de empatía hacia quienes más dificultades enfrentan para moverse por La Habana.


