Aquel día de gloria (+fotos)
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Aquel día de gloria (+fotos)

Para los siglos de los siglos, Escambray dejó constancia del suceso en tiempos de linotipo, plomo y de titulares, concebidos letra a letra, a la manera de Gutenberg: el pueblo y las autoridades partidistas y gubernamentales de este territorio colocaron a Sancti Spíritus, por primera vez, en el mapa de las conmemoraciones centrales nacionales del 26 de Julio.

Transcurría 1986, y ese año los espirituanos también celebrarían la primera década del nacimiento de la provincia, surgida de la aplicación en el país de la División político-administrativa, aprobada en el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) en 1975.

Como advirtió Joaquín Bernal Camero, entonces primer secretario del PCC aquí, la creación de la provincia constituyó un desafío mayúsculo. “No era simplemente dibujar en un papel una nueva provincia. Había que integrar varios territorios; todos tenían su cultura, su idiosincrasia, sus problemas económicos y sociales”, explicó a este reportero años atrás Bernal Camero.

Quien condujo los destinos políticos de la naciente provincia hasta noviembre de 1987 lo ilustró más: ello implicó unir distintos lugares sin comunicación vial ni telefónica directas por esa fecha; en el primero de los casos, no existía carretera entre Sancti Spíritus y Yaguajay ni entre Sancti Spíritus y Fomento, y en el segundo, recuérdese que, para las llamadas de larga distancia, estas tenían que pasar por la operadora de Santa Clara.

Sin embargo, otro sueño, mucho más complejo, despabilaba a Joaquín Bernal. “No es posible que un pueblo trabaje, que materialice sus afanes junto a una dirección política y de gobierno, si no está espiritualmente integrado. Se trataba de no desconocer a nadie, teníamos que mantener la identidad de cada municipio; pero, al mismo tiempo, había que formar una identidad espirituana. Trinidad era cabecera de una región, Jatibonico pertenecía a la de Ciego de Ávila, Fomento a la del Escambray, Yaguajay a Caibarién”.

Unidos, pueblo, Partido y Gobierno le entraron a pecho descubierto a cada uno de estos y otros empeños, y la gratificación llegó con el otorgamiento de la sede de los festejos por la efeméride moncadista en 1986.

A 40 años del acontecimiento, las ediciones de Escambray de la época, a cargo de los padres fundadores de este medio de prensa, retratan la acogida que tuvo la noticia entre los espirituanos, quienes, primero, salieron a la calle “a echar un pie” detrás de tambores, cencerros y trompetas de las congas yayaberas; y al otro día, se les vio, pala en mano, mezclando cemento, arena y agua, lo mismo en la Facultad de Ciencias Médicas, en la Escuela de Iniciación Deportiva Lino Salabarría, que en la antigua Escuela Formadora de Maestros Rafael María de Mendive. Nunca antes, ni después, Sancti Spíritus vivió vorágine constructiva de tamaña envergadura.

Al tanto de ello permanecía Fidel, quien arribó a la ciudad el propio 26 de Julio, varias horas antes de comenzar el acto nacional en la Plaza de Los Olivos, donde miles y miles de espirituanos protagonizaron, quizás, la mayor concentración popular en la historia —hasta esa fecha— de la provincia. “Hubo quienes vinieron por primera vez en su vida a Sancti Spíritus en esa ocasión”, recordó Bernal Camero.

Pocas veces, el Comandante en Jefe vio tanta disciplina en un acto tan masivo y sus palabras iniciales las dedicó a fotografiar con datos el desarrollo de Sancti Spíritus, cuyo parteaguas resultó la venida al mundo de la Revolución.

Específicamente, en el ámbito educacional elogió, entre otros aspectos, el salto significativo dado en la creación de las llamadas escuelas especiales y en la construcción de aulas para establecer la doble sesión en la casi totalidad de los centros de la Enseñanza Primaria de este territorio central de Cuba, que marcaba la avanzada del país en dicho propósito.

No obstante, Fidel no vivía en una urna de cristal; conocía de las insuficiencias, que, desafortunadamente padecía el sistema educacional cubano y, en consecuencia, criticó sin cortapisas la idea de medir la calidad de un profesor a partir de la promoción de sus estudiantes. “Profesores muy bondadosos le repasaban al alumno, a veces, la materia para el examen, y el alumno que no es bobo adivinaba qué materias eran más importantes y le prestaba más atención, siempre alguna orientación durante el examen que facilitaba el resultado”, ejemplificó el líder histórico de la Revolución.

En aquella introspección, Fidel arremetió no solo contra la mala calidad en la ejecución de ciertas construcciones; sino, también, contra la morosidad en la terminación de obras, y para no andar por las ramas, aludió a la presa Tuinucú, sin concluir a más de 10 años de iniciada en ese momento.

“No voy a decir que todo haya sido perfecto, ni mucho menos en esta provincia, ni que el trabajo haya sido perfecto en estos años; estoy muy consciente de que no es así”, acotó.

Fidel celebró con el pueblo espirituano aquel 26 de julio de 1986 en la Plaza de la Revolución Mayor General Serafín Sánchez.

Por ser un orador curtido, el estadista manejó con sapiencia las críticas públicas aquella tarde noche de ese 26 de julio. Y recordó el día en que los constructores de la brigada Máximo Gómez salvaron la Lebrije en junio de 1969.

“Esa presa, de más de 100 millones (de metros cúbicos), estaba rebosando, aun sin terminar —relató Fidel a los asistentes a la conmemoración—, y si rebosaba se desplomaba. La salvaron los obreros, de madrugada allí, bajo una lluvia torrencial, el fango; en el borde, en la cortina, elevándola con sacos de arena”.

Nadie se lo contó a Fidel; por la gravedad de la situación, el líder acudió al lugar de los hechos al amanecer. Eran su filosofía y su práctica; como lo demostró al otro día de aquel acto nacional: en las primeras horas de la mañana del 27 de julio, el Comandante en Jefe salió a las calles espirituanas a inaugurar una obra aquí y otra allá; salió a compartir con el pueblo que festejó a lo grande aquellos días de gloria.

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