La Habana, 25 jul.- La conservación y preservación del medio ambiente y los recursos naturales de Cuba dan prueba fehaciente de un permanente respaldo institucional, como lo evidencian los manglares.
Una de sus más recientes investigaciones o casos de estudio demostró que ocupan el 51,1 por ciento de la superficie terrestre y el 70 por ciento de las costas del archipiélago.
Es más, mantienen el equilibrio en la zona costera, al impedir el avance de la intrusión salina, evitar la erosión costera y reducir el riesgo de daños que pueden causar marejadas, tormentas tropicales y huracanes.
También la protección de la biodiversidad, porque le sirven de hábitat permanente o temporal a las especies importantes endémicas, raras, amenazadas o en peligro de extinción, según connotados especialistas a los cuales acudió la Agencia Cubana de Noticias.
Están clasificados en cuatro tipos desde el mar hacia la tierra: el Mangle Rojo, Mangle Prieto, La Llana y el Patabán, y las áreas de mayor abundancia de sus bosques en Cuba se localizan en los tramos de Cabo de San Antonio a Bahía Honda y de Península de Hicacos a Bahía de Nuevitas, en la costa norte, y de Cabo Cruz a Casilda y de Bahía de Cochinos a Cayo Francés, en la costa sur.
Su reforestación es en las zonas más afectadas, con el objetivo de lograr el equilibrio en este tipo de ecosistema, por lo que especialistas del Parque Nacional Guanahacabibes, de conjunto con el Centro de Investigaciones y Servicios Ambientales (ECOVIDA), organizaron recientemente un taller dirigido a los manglares en la comunidad costera “La Fe”, en el extremo occidental de la isla caribeña.
La iniciativa forma parte del proyecto “Remediación costera comunitaria en las dos naciones más grandes del Caribe insular: Cuba y la República Dominicana”.
En el encuentro sobresalió su importancia en un escenario de clima cambiante para las comunidades costeras, capacitar a miembros de la comunidad y a especialistas e investigadores del parque nacional en metodologías de restauración ecológica.
De igual forma, la siembra de 600 plántulas de mangle rojo en un área en restauración en la Ensenada de la Fe, acciones medioambientales que practican áreas de la geografía cubana.
En esencia, constituyen una reserva forestal valiosa que proporciona servicios a la costa y sus comunidades, incluidas la captura de nutrientes y las barreras naturales para reducir los efectos de los vientos, las olas durante las tormentas y las mareas que se intensifican con el cambio climático.
En el archipiélago cubano, están muy relacionados con otros ecosistemas como los pastos marinos, los arrecifes coralinos, los herbazales y los bosques de ciénaga.
Igualmente, con las dunas de arenas que se establecen delante de las lagunas costeras salobres bordeadas de mangles y con las cuencas hidrográficas, extensas áreas que garantizan importantes funciones ecológicas y servicios ambientales.
En el Sistema Nacional de Áreas Protegidas dentro de los humedales, los manglares y pastos marinos, poseen la mayor representatividad en áreas protegidas de categorías más estrictas, donde existen variados tipos de paisajes con una gran belleza natural. (Texto y foto: ACN)


