«El problema de Cuba está aquí adentro, somos nosotros»: denuncia una cubana

Una cubana residente en La Habana denunció en Facebook que el principal obstáculo para el bienestar del país reside dentro de la isla, en medio de la peor crisis que ha vivido la sociedad en los últimas décadas.
«El problema en Cuba está aquí adentro, somos nosotros», afirmó Yisell Boutros Guerrero, cuyo video acumuló casi 73,000 visualizaciones con su mensaje.
En el clip de siete minutos, etiquetado como #abajotodo, la joven resume la convicción de que ningún actor externo resolverá lo que los propios cubanos no estén dispuestos a enfrentar.
El detonante fue un episodio que ella misma califica de hipócrita: unas amistades instalaron una planta eléctrica privada en su barrio y los vecinos comenzaron a recoger firmas para denunciarlas.
Boutros Guerrero describe a esos vecinos como funcionarios del gobierno que «viven en mansiones», tienen «carros modernos de chapa B», paneles solares y calentadores en sus casas, mientras el resto de la población lleva meses sin electricidad estable.
«Aquí tenemos derecho a todo, vivir como seres humanos y no vivimos como seres humanos», dice en el video, antes de señalar la contradicción de quienes se quejan del ruido de una planta ajena mientras disfrutan de privilegios energéticos que la mayoría no puede costear.
El video se produce en el peor momento de la crisis eléctrica cubana en décadas. En julio de 2026, el déficit de generación alcanzó los 2,341 MW, con apagones de hasta 72 horas en algunas provincias.
Esa situación ha alimentado una oleada de cacerolazos en La Habana, Santiago de Cuba y Cienfuegos, con barrios como Lawton, El Vedado, Centro Habana, Guanabacoa y La Habana Vieja como epicentros de la protesta.
Boutros Guerrero ya había sido identificada el 22 de julio por compartir imágenes de cacerolazos, fogatas en la vía pública y protestas en La Cumbre y Colón.
Este sábado, mientras ella publicaba su video, vecinos de Lawton volvían a las calles con calderos y extintores en otra noche de apagones, en una jornada que coincidió con un llamado a cacerolazo nacional.
La autora es enfática en desvincularse de cualquier organización o financiamiento externo.
«Nadie me motiva, me motiva mi vida, el trabajo que paso, que no tengo necesidad de que me estén mandando de Estados Unidos una pasta de dientes ni un jabón», declara, subrayando que su única razón para hablar es la indignación ante lo que vive a diario.
Su crítica no se limita al gobierno. Boutros Guerrero apunta también a la pasividad de muchos cubanos: «No entiendo que la gente prefiera ir a un acto político, ir a un acto a coger un diploma mierdero, ir a un acto a mantener un trabajo o un salario que no llega ni a 3,000 pesos cubanos, que no te da miserablemente ni para un cartón de huevo».
El Observatorio Cubano de Conflictos registró en junio de 2026 un récord de 107 protestas callejeras, 82 de ellas en La Habana. En mayo, la cifra nacional llegó a 1,311 acciones de protesta, la más alta jamás documentada en un solo mes.
Boutros Guerrero se inscribe en una tendencia creciente de cubanos que usan las redes sociales como espacio de denuncia desde adentro de la isla, pero con un matiz propio: su mensaje no exime a la sociedad de su responsabilidad.
«Hay un problema de conciencia muy grande y un problema de desigualdad más grande todavía», concluye, antes de cerrar con una advertencia que también es una promesa: «Con ese veneno no me voy a quedar por dentro».
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