Meliá detuvo oficialmente sus operaciones y deja al turismo cubano en caída libre – Cuballama
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Meliá detuvo oficialmente sus operaciones y deja al turismo cubano en caída libre – Cuballama

El motor económico de la isla ha sufrido el golpe más devastador de su historia reciente. Este viernes se formalizó el cese definitivo de las operaciones de la cadena española Meliá en Cuba, una retirada forzada por el cerco financiero de Washington que marca un punto de no retorno para la inversión hotelera internacional y deja el futuro del turismo de la isla sumido en la incertidumbre. La decisión es el reflejo directo de la política de sanciones secundarias implementada por el gobierno estadounidense contra corporaciones extranjeras, sumada a una crisis estructural interna que asfixia al país desde hace más de seis años.

Con este paso, la firma mallorquina transfiere la gestión de los alojamientos estatales que administraba, una cartera que a inicios de año abarcaba 34 complejos pero que se contrajo velozmente debido a los persistentes apagones, la baja ocupación y el endurecimiento de las penalizaciones norteamericanas. La cúpula de Meliá ya había anticipado este desenlace el pasado martes mediante un comunicado formal, donde argumentó que las trabas operativas, legales y económico-financieras derivadas del bloqueo del presidente Donald Trump hacían inviable «de hecho y de derecho» mantener una «mínima estabilidad operativa».

La estampida de Meliá no es un hecho aislado, sino el capítulo final de un abandono masivo de operadores globales. Recientemente, la también española Iberostar renunció a la gestión de sus 18 hoteles, mientras que la canadiense Blue Diamond retiró su marca de los 60 establecimientos que controlaba y la indonesia Archipielago International canceló sus contratos en seis alojamientos. Previamente, la hotelera Barceló ya había desmantelado su discreta presencia de dos hoteles en el territorio nacional, completando así una desbandada generalizada que deja al Estado cubano sin sus principales aliados comerciales.

Este repliegue fractura un idilio empresarial que comenzó en la década de los 90, cuando Meliá e Iberostar lideraron la apertura de la isla al mercado de ocio internacional tras el colapso del bloque soviético. Durante más de treinta años, estas compañías sostuvieron el modelo de grandes complejos de sol y playa bajo el esquema de todo incluido, complementado con infraestructuras urbanas orientadas al turismo cultural. La pérdida de este portafolio de marcas y de su vasta experiencia en turoperación representa un desafío de magnitudes inéditas para el Ministerio del Turismo de Cuba.

Los indicadores del sector venían mostrando signos de alarma desde la crisis sanitaria de la pandemia, momento a partir del cual el destino Cuba quedó rezagado frente a la notable recuperación de sus competidores directos en la cuenca del Caribe. Las estadísticas oficiales evidencian la magnitud de la caída; mientras que en la etapa del deshielo diplomático la isla captó 4,2 millones de visitantes en 2019 y rozó los 4,7 millones en 2018, el año 2025 cerró con apenas 1,8 millones de viajeros internacionales, fijando el peor registro en dos décadas si se obvia el período de confinamiento global. Los años previos tampoco mostraron un rumbo favorable, con 2,2 millones en 2024 y 2,4 millones en 2023.

La tendencia del presente año 2026 se ha tornado aún más crítica. De acuerdo con los informes emitidos por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), Cuba logró captar apenas 359.491 turistas internacionales en los primeros cinco meses del año, lo que se traduce en un desplome del 58,4 % en comparación con el mismo lapso del año anterior, lastrado por un mes de mayo que apenas reportó la entrada de 30.883 visitantes.

A pesar de que el deterioro general de los servicios hoteleros y la escasez interna han lastrado la reputación del destino, los analistas coinciden en que el colapso actual está directamente ligado a la estrategia de la Casa Blanca, que situó al ocio cubano en el centro de su campaña de presión. Las restricciones al suministro de combustible han cancelado conexiones aéreas clave, las penalizaciones han forzado el cierre de complejos y la inclusión de hoteles estatales en listas negras provocó la huida de socios corporativos. Asimismo, la penalización que retira el derecho al visado rápido ESTA para entrar a Estados Unidos a cualquier extranjero que visite Cuba terminó por ahuyentar al turismo europeo. Este escenario resulta alarmante para la economía de la isla, dado que el turismo constituye el eje principal del Producto Interno Bruto (PIB) y representa, junto a las misiones médicas y las remesas familiares, una de las tres vías esenciales para la recaudación de divisas.

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