La Ruta Hemingway en Cuba siempre latente
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La Ruta Hemingway en Cuba siempre latente

Una ruta muy demandada en Cuba, sobre todo por visitantes estadounidenses, está vinculada con el escritor Ernest Hemingway, quien en su momento se declaró como “un cubano sato”, y vivió en la isla por más de 20 años, dejando una marcada huella en muchos lugares del país.

. La Bahía de La Habana, la propia Habana Vieja, el Hotel Ambos Mundos, el Bar-Restaurante Floridita, Las Terrazas de Cojímar, la Cervecería Hatuey (complejo actual de lugares y salones), la Marina Hemingway, Finca Vigía, y cayos Mégano y Coco.

Ernest Hemingway es un hombre casi tan cubano como estadounidense. Esta afirmación aparece marcada con una huella perenne entre rincones maravillosos de Cuba, donde vivió interrumpidamente.

Por tanto, es importante conocer esta lista que le proponemos de los lugares vinculados con su espiritualidad y ejecutoria, algunos sumamente conocidos y otros perdidos en la memoria de muchas personas.

Para nuestra lista por tanto incluimos: La Bahía de La Habana, la propia Habana Vieja, el Hotel Ambos Mundos, el Bar-Restaurante Floridita, Las Terrazas de Cojímar, la Cervecería Hatuey (complejo actual de lugares y salones), la Marina Hemingway, Finca Vigía, y cayos Mégano y Coco, reiteran guías. El Dios de Bronce de la Literatura norteamericana separó para sí espacios con mucho carácter, donde se reunía con sus amigos, conversaba, bebía o escribía. También seleccionó corrientes para pescar o rutas para perseguir submarinos alemanes, todos esos lugares indicados en la actualidad para un buen paseo.

Por ello Hemingway es un hombre del turismo cubano, así se le consideró en vida y ahora, aún está presente su estirpe de aventurero o de simple ser humano capaz de escoger los mejores lugares.

Nacido el 21 de julio de 1899 en Oak Park, Chicago, llegó por primera vez a Cuba, a La Bahía de La Habana, el 1 de abril de 1928, a las 22:50 hora local, durante una noche nublada y de horizonte brumoso, como rezan notas de la época.

Los especialistas consideran que el escritor arribó en el vapor Orita de bandera inglesa y así consta la entrada de esa embarcación en los libros del Castillo del Morro, la fortaleza más emblemática de La Habana, la capital insular.

Llegaba en ese entonces acompañado de su segunda esposa Pauline Pfaiffer en un viaje desde Francia hacia Key West, con escala en La Habana. Ella llevaba cinco meses de embarazo.

Sus espacios, sobre todo el bar-restaurante Floridita, tienen siempre ese espíritu que dejó en 1961 cuando abandonó el entorno terrenal. Un espacio con mucha bohemia sobre todo en La Habana.

mem/rfc

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