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El peculiar olor a mariscos lleva tiempo ausente de la parrillada del Covadonga, emblemático restaurante de Cienfuegos. Las colas interminables en las inmediaciones de las heladerías Coppelia y El Cairo son ahora un recuerdo vestido de añoranza. Las puertas cerradas del espacio Club Caribe fueron durante años postal de la decadencia que pincela a la gastronomía estatal en la provincia. Sin embargo, en cada una de esas unidades, y otras más, soplan brisas de renovación, mientras ultiman detalles para reabrir sus puertas.
No lo harán con la gestión tradicional del Estado, sino bajo la administración cooperada con actores económicos no estatales. La iniciativa constituye uno de los rostros más visibles de las 176 medidas anunciadas por el Gobierno cubano para destrabar la economía. El objetivo: ceder a trabajadores privados la explotación de locales que estaban inactivos o al borde del colapso.
Pero, ¿cómo cohabitan la visión estatal con los sueños y aspiraciones de los emprendedores que ahora gestionan esos espacios? Directivos del Comercio y la Gastronomía junto a los nuevos gestores explican cómo este proceso busca proteger empleos, recuperar servicios y viabilizar un argumento: la iniciativa privada puede revivir un sector clave del territorio.
TRANSPARENCIA Y NUEVOS CONTRATOS
La transición no ha sido improvisada. Eddy Víctor Hernández Cruz, director del Grupo Empresarial de Comercio, de Cienfuegos, afirma que venía generándose desde antes, pero ahora “con mayor apertura”.
El Grupo, de conjunto con sus once entidades subordinadas, trabaja en los tres principales ejes temáticos de las transformaciones económicas y sociales. La tarea inicial fue identificar a las unidades cerradas o con el servicio limitado por diferentes razones: la crisis económica, la energética, el éxodo del personal, y cuestiones de logística. Ante tal circunstancia, la decisión fue clara: “licitar espacios y locales para que actores no estatales con actividades afines pudieran incorporarse a gestionar nuestras unidades”, precisa el directivo.
Hernández Cruz añade que se trata de una licitación pública, enfocada en áreas de servicio de lugares emblemáticos de la ciudad, donde el Estado ya no podía garantizar la prestación. “Hoy el entendimiento es distinto. Los contratos, por lo general, están más apegados a la legalidad, son contratos de administración y cooperación, de consignación, de comisión, donde ganamos las dos partes”, puntualiza.
También deja claro un detalle importante para alejar los temores de una posible privatización: “el Estado seguirá siendo el dueño del inmueble y lo vamos a negociar con los actores más emprendedores, cuando nosotros no podamos, con un estricto control de la calidad y los precios. Todo ello con el propósito de ofrecer un mejor servicio al pueblo”, subraya.
En esa línea, Ana Juvier Chaple, directora de Gastronomía, Alojamiento y Recreación en el municipio de Cienfuegos, asegura que el país abre el camino para las administraciones cooperadas entre el sector estatal y el privado, conservando siempre el patrimonio público. “La empresa no pierde facultad alguna: mantiene sus trabajadores mientras recupera los servicios. Es muy buen momento, creo, atemperado a las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno”.
El proceso, agrega Juvier Chaple, se realiza con total transparencia y marca el paso a una segunda fase, más pública y generalizada. “Todos los actores económicos tendrán la oportunidad de presentar sus proyectos para nuestros locales, que permitan realizar sus sueños siempre bajo los estatutos de la empresa estatal”.
Para la fase inicial, explica, la dirección de la entidad decidió licitar áreas en cinco de las unidades más representativas de la gastronomía cienfueguera: el restaurante Covadonga, la unidad de las heladerías Coppelia y El Cairo, el Club Caribe, la Laguna del cura y el Parque de diversiones, con el empeño de reabrir en saludo al 26 de julio.

LA APUESTA DE LOS NUEVOS GESTORES
Mientras los directivos hablan a la prensa de contratos y licitaciones, el área de La parrillada en el restaurante Covadonga vive un ambiente de renovación: el olor a pintura, retoques de albañilería y otras acciones anuncian un nuevo despertar. Se encargan de ello empleados de la mipyme Las rocas del sur, gracias al convenio de administración cooperada cerrado con la Empresa Municipal de Gastronomía, Alojamiento y Recreación..
Maydolis Campos Antón, económica principal de Las rocas del sur, afirma que luego de culminada la reestructuración de todas las áreas, incluidas las exteriores, comenzarán a brindar servicio a la población. La idea es rescatar las prestaciones gastronómicas propias del local. “Aquí siempre se ha vendido mariscos, coctelería y queremos mantener esa tradición con las ofertas, por ejemplo, de ostiones, pescados, camarones, y agregar cocteles propios de nuestra mipyme”, comenta.
En concordancia con los directivos del sector público, Maydolis asegura la protección del empleo aunque cambie la gestión. “Vamos a mantener el personal contratado por la empresa estatal, solo que ahora gozarán de una estimulación salarial mayor”, precisa.
A varias cuadras de allí, labores de remozamiento anticipan también que algo está cambiando en el espacio Club Caribe, ahora bajo la gestión de la mipyme Somos2CM. Entre brochas y muebles restaurados, su titular Aniel Alberto Vilariño Herrrera habla de cómo aprovechó la ocasión para salir de su vivienda y dar el salto hacia un sitio con historia.
“Mi esposa y yo teníamos el negocio en la casa y, por supuesto, era mejor sacarlo de allí a una instalación más grande, amplia, con mayor comodidad. Se hizo el proceso de licitación cuando la Empresa lo publicó. Presentamos nuestro proyecto, lo aprobaron, y aquí estamos, tratando de arreglar para abrirlo al público lo más pronto posible”, comenta.
Para ellos, esta oportunidad no es solo un negocio; es también un proyecto de vida. “Somos jóvenes, tenemos treinta y tantos años cada uno y resulta importante poder crecer. Y eso queremos, crecer, porque el tiempo pasa y nos gustaría llegar a la vejez con un negocio consolidado para poder disfrutarla”, argumenta.
El local que ocupa Somos2CM figura entre los sitios representativos de la Perla del Sur. Sin embargo, lejos de alterar su fisonomía, Vilariño y su equipo mantienen la prioridad de conservar la esencia del lugar De la misma forma, apuestan por la variedad de productos en sus futuras ofertas.
Al igual que estos emprendedores, la necesidad de un espacio mayor movió a Alexander Marañón Cabrera, quien dirige la mipyme Casa MotoCien, a acercarse al Grupo Empresarial de Comercio. ¿El propósito?, acceder a un local donde brindar atención a los motoristas que participan en sus actividades y al público en general.
No resultó fácil el camino. Un proyecto pormenorizado, transparente, “casi una tesis”, comenta Marañón, ganó la licitación para gestionar el área Mar del Sur de La laguna del cura. Con este paso devolverá la vida a un espacio que languidecía por el desuso y ahora se abre al aseguramiento de eventos y a los servicios gastronómicos a la población.

GESTIÓN PRIVADA PARA BENEFICIO SOCIAL
El proceso de licitación de estos espacios del sector estatal no solo conlleva el cambio hacia la gestión privada. Uno de los propósitos de la iniciativa radica en el apoyo a la vertiente social, a la comunidad.
Lo han dejado claro los actores privados que dieron el primer paso. “Queremos darle un alegrón al pueblo, reiniciar la venta de helados para que nuestros niños, ancianos, la población en sentido general, puedan disfrutar de tan apetecido alimento”, puntualizó Marlén Guevara Garrido, directora de dora de la Unidad de las heladerías Coppelia y El Cairo.
Uno de los beneficios más palpables radica en el cambio de la matriz energética en los locales licitados. Ello permitirá no solo la constancia en el servicio del área que ahora estará en manos privadas, sino también del resto de la unidad bajo administración pública. Paralelo a ello, cada uno de estos actores económicos deberá aportar a la atención a sectores vulnerables de la sociedad.
La Perla del Sur asiste a una transformación silenciosa, pero tangible. El pueblo, que durante años ha reclamado un servicio de mayor calidad, observa con una mezcla de esperanza y escepticismo: “¿llegaremos a los precios?”, “¿podremos pagar en línea?” Estas interrogantes flotan en el aire. Las licitaciones representan apenas el comienzo del camino. Mientras, otra pregunta se lanza al futuro: ¿conseguirá esta alianza entre el Estado que cede y el privado que restaura y gestiona devolver a la ciudad esa chispa gastronómica que la hizo brillar?

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