En la historia de los EEUU se aprecia un patrón de conducta de sus lideres, que puede describirse como que, ante determinada adversidad, deterioro o pérdida de capacidad de convocatoria interna, pues recurren a posiciones extremas; siguiendo esta misma lógica perversa, los problemas que enfrentan, lejos de disiparse o resolverse, se agravan y contribuyen o los precipitan a la derrota política.
Por ejemplo, lo que ocurrió durante el pequeño “reinado” de Lyndon B. Johnson, quien procurando igualar la popularidad y legitimidad del presidente asesinado, Kennedy, escaló masivamente la invasión a Vietnam, contribuyendo a lo que se describe como uno de los empantanamientos y desastre humanitario, más serios de la historia imperial.
En ese orden se podría ubicar a Richard Nixon, quien quedó atrapado en el escándalo Watergate, cuando le descubrieron operaciones de espionaje interno, en la sede del opositor Partido Demócrata; lejos de enmendar el asunto, ordenó más vigilancia y ataques contra sus críticos, provocando finalmente su renuncia.
Con el gobierno de Ronald Reagan se podrían identificar situaciones parecidas, tras la crisis política generada por el asunto del “Irán-Contras”, es decir, cuando vendió armamento clandestinamente a los iranies, a pesar de considerarse a estos, enemigo número uno de EEUU. Ante tal escándalo, Reagan incrementó su retórica anti comunista, enarboló cualquier cantidad de fantasmas y amenazas soviéticas y también cubanas, presentadas como un peligro existencial para el país; con esto convocó apoyó de sectores conservadores, pero finalmente quedó debilitado y mostró los riesgos de tales políticas encubiertas.
El caso del gobierno de Bush hijo, suele presentarse con toda razón como fallido en muchos aspectos, incluidos los aquí mencionados. El colmó fue su invasión a Irak, tras los ataques terroristas del 11 de septiembre; aquel invento de armas de destrucción masiva y el caos generado en el país invadido, marcaron el declive de la confianza internacional hacia EEUU. Esta deriva, junto a la crisis financiera del 2008, en parte explica que el pueblo estadounidense eligiera, si es que se puede aceptar este término en el sistema “democrático” del país, al primer presidente negro y “peor”, con un apellido que sugiere origen musulmán.
En este punto prácticamente salta a la vista, sin mucha reflexión, como está actuando el patrón descrito, para el caso del segundo mandato del Jefe Trump. Prácticamente el anciano mandatario reúne con aumento y esteroides, todas o casi todas las características arriba señaladas y que siempre, irremediablemente, condujeron al ocaso político de sus predecesores.
En primer lugar, Trump arriba al gobierno con la “carrocería” seriamente dañada, es decir, hasta tienen que otorgarle una especie de licencia para gobernar, a un individuo que arrastra más de 30 causas judiciales abiertas, con una de ellas hasta condenado, pero bueno, es el tipo de “lujos éticos” que ofrece la política en el Imperio. Subyaciendo, lo que a estas alturases “la tragedia de los archivos Einstein <https://www.google.com/search?client=firefox-b-&hs=j1Iq&sca_esv=6e56e9acc9a000dc&q=Joffrey+Einstein&spell=1&sa=X&ved=2ahUKEwi444zu1-aVAxUg4skDHYQdF88QkeECKAB6BAgQEAE>”, ya se sabe. Sin dudas, Trump supera a sus predecesores en materia de desprestigio, ante la opinión pública.
Establecida la amoralidad del jefe Trump, se puede ver otra similitud, esta vez con Johnson, con una mezcla de Reagan. Pues sí, obviamente se aprecia en la actual guerra contra los persas, quienes aparecen otra vez, pero agrandados, derrotando al imperio, con una defensa asimétrica y heroica, que ha parado al ejército “más poderoso” del mundo. En resumen, Vietnam/Irán y la maldición del empantanamiento.
De tal modo que el escenario internacional, también reproduce exponencialmente, lo enfrentado por algunos de los mandatarios mencionados. La guerra contra Irán ha develado con creces el aislamiento de EEUU, su proverbial subordinación al ente sionista, devenido en una estructura criminal y fanatizada, y la perdida casi generalizada del prestigio del que disfrutó EEUU en algún momento, ahora superado por el que concita China, según encuestas internacionales, publicadas por entidades especializadas estadounidenses.
Y luego están las dificultades socio económicas y políticas internas, que condicionan las perspectivas electorales contra el trumpismo de noviembre próximo. Este punto da para un largo análisis y en rigor sirve para comparar la situación con la de los otros mandatarios mencionados, con la diferencia de que aquellos en general, no enfrentaban la impresionante debacle de la credibilidad en el sistema político nacional.
Aunque Trump, recibe una herencia de problemas estructurales acumulados, bien puede afirmarse que es como el crisol de la decadencia imperial, algo que representa sin igual. La calamitosa realidad de la clase media, la perdida de prestigio de los métodos amañados de la democracia made in usa, y el impacto económico del estancamiento bélico en el Golfo Persico, hacen un coctel inmanejable incluso para super Donald.
Sino fuera suficiente, en este clima político enrarecido, por el descaro de la corrupción de la familia Trump, se destaca el cuestionamiento a la plutocracia, por el desvergonzado y publicitado nivel de concentración de la riqueza, que genera creciente y publico repudio, llegando a convertirse en un asunto de interés en el debate electoral, algo francamente inusual en la política estadounidense.
Así las cosas, evidentemente no está funcionando la operación Trump y su slogan de MAGA. No están alcanzando las habilidades manipuladoras del mandatario, razón por la que fue elegido por esa plutocracia, ni tampoco la capacidad de engañar a los frustrados clasemedieros, ni basta el relato reaccionario, que mezclan religión con el absurdo de regresar al país al siglo XIX. Es decir, hay que subir la parada en la retórica ultra, piensan en el centro de comando electoral del oficialismo.
En este contexto, se entiende con mayor claridad la deriva nazifascista del lenguaje oficial en Washington. Macarthista, ultra conservador, oscurantista y otros epítetos de parecido tenor, son utilizados por estos días para referirse a los discursos del anciano mandatario, cuando alude a los enemigos a ser derrotados, en noviembre próximo. En cualquier caso, este desafío, el electoral, sin lugar a dudas tiene prioridad absoluta, lo que mueve el resto de las decisiones, de las políticas y de cuanta cosa se le ocurra al trumpismo.
Y en ese plano, también debe interpretarse las elaboraciones retóricas y la documentación oficial, que emana desde las oficinas de Mr.Rubio. Cualquier cosa que el tipo diga, aun cuando no lo parezca en apariencia, está siempre firmemente subordinado, articulado con el proceso electoral, y contra el adversario doméstico que hay que parar, en su muy probable y arrolladora victoria en noviembre.
Naturalmente, Mr. Rubio, siendo tal, añade a la lista de victimarios del sistema o mejor dicho, del trumpismo, a la Revolución cubana. Para ello mezcla de forma esquizofrénica un reconocimiento de su capacidad defensiva, con acusaciones sacadas de contexto, y exageraciones, como pudo apreciarse en el “aquelarre del anti comunismo” como lo calificó el diario Granma, al encuentro de cazafantasmas del pasado 16 de julio, o en el más reciente documento, para explicarle a los ignorantes, porque Cuba constituye una amenaza para el “bienestar del pueblo estadounidense”, palabras más, palabras menos.
Mr. Rubio, fiel a su acostumbrada inclinación a mentir o acomodar la realidad, a las peligrosas fantasías de su jefe presidente aspirante a emperador, propone meter en un mismo saco a ser vigilado/neutralizado a todo aquel que se oponga a Trump, y desde luego en cumplimiento del mandato de la mafia mayamera, hace énfasis en el peligro del “castrismo comunista” y de su “tenebroso” servicio de inteligencia.
En el manido documento, Mr. Rubio acusa a la Revolución cubana exactamente de los desmanes que ellos, los imperialistas, han realizado contra el pueblo cubano durante casi 7 décadas. Terrorismo con más de 5 mil víctimas, introducción de plagas y enfermedades, planes de atentados contra los lideres cubanos, derribo de un avión civil, bloqueo en prácticamente todas sus variantes y un largo y tétrico etc. En el colmo de los colmos, el documento lamenta que Cuba espíe a EEUU, momento en que el documento pierde la pizca de interés que afanosamente intenta generar; Mr. Rubio acaba de cambiar la historia, si se disculpa la ironía, sobre la existencia de la CIA y sus peculiares y “benéficas” actividades en Cuba.
Lo increíble de este nefasto capítulo de las fechorías de Mr.Rubio contra los cubanos, es que ni siquiera emplearon a una inteligencia natural, únicamente humana, para redactar su absurdo documento acusatorio, contra la nación cubana. Se ha podido verificar, con herramientas de IA, que el tal documento fue probablemente elaborado/redactado con una IA (la CLAUDE, al parecer). ¿Como estará la capacidad intelectual en el Departamento de Estado?, que llegan a este extremo, o quizás el bodrio era tan absurdamente perverso, que nadie se atrevió a redactarlo para el secretario Rubio. Algún día se conocerá el intríngulis del asunto.
Y lo más peligroso, el documento de Mr.Rubio o de CLAUDE, intenta demostrar porque una pequeña isla, que dicen es un estado fallido, representa una amenaza para el poderoso imperio, pletórico de riqueza y medios bélicos. Perverso y ridículo al unísono.
Véase las similitudes con gobernantes anteriores, sobre todo con uno de los más agresivos, es decir, Reagan, quien también recurrió al anti comunismo visceral para acorralar opositores. Desde luego con Trump/Rubio todo es mucho, bastante peor, porque cuentan con herramientas de vigilancia, chantaje y sanciones mucho más sofisticadas y eficaces, con el apoyo del llamado tecno feudalismo, que presume de su desprecio por la mayoría de los seres humanos.
Hay que insistir que todo el cuadro, apunta a impactar en los resultados de unas elecciones que Trump da por perdidas, de allí que saque del baúl su vieja teoría conspiracionista, sobre el robo de las elecciones del 2020, buscando desacreditar el sistema electoral establecido. Ciertamente el asunto muestra que no se trata de ideas conservadoras más menos, es el pánico de una claque de super mega hiper millonarios, que sienten se les va de las manos el control y como ya se apuntó, el “experimento” Trump, ha sido un patético desastre político.
El destacadísimo intelectual Umberto Eco, resumió en 14 puntos la forma de reconocer el fascismo. Por ejemplo, cualquier “desacuerdo es traición”, la “critica deja de ser legitima y pasa a ser una amenaza”, la diversidad (religiosa, étnica o cultural) se “transforma en peligro”, apelación a la frustración de “las clases medias”, “obsesión por la existencia de un complot” y una de las más relevantes: “el enemigo es “simultáneamente fortísimo y decadente”, paradojalmente parece “invencible y al unísono fallido o miserable”. Y todo esto matizado con el empleo de lo que Eco califica de “lenguaje empobrecido o neolengua”. En otras palabras, el universo trumpista.
La historia suele ser implacable con quienes recurren a los mismos errores, buscando resultados diferentes, como es el caso de la actual “estrategia” del trumpismo y su anti izquierda trasnochada; en el mejor de los casos podrán consolidar a una base electoral idiotizada, que al parecer se reduce, al compas de la “maldita” realidad y de un auténtico récord en incumplimiento de promesas electorales.
Si el sistema funciona y es respetado, razonablemente estas elecciones habilitarían el camino para la caída prematura del gobierno que integra Mr. Rubio. La situación es muy seria; y si ya el mundo lidiaba con el extremismo de derecha, en el escenario electoral estadounidense, bajo las condiciones descritas, este fenómeno muy probablemente se exacerbe. Incluso, personajes de puro linaje conservador, como el periodista Tucker Carlson, considera que lo de ahora ya es lo más parecido al preámbulo de una guerra civil en el país. Ojalá y Carlson este equivocado, el pueblo estadounidense, la primera víctima del imperio en decadencia, no merece ese destino.
En resumen, así funciona la dialéctica de la historia política y para el caso de la actual coyuntura, el trumpismo, al parecer muestra otra vez como el remedio resulta peor que la enfermedad. Ya ocurrió antes. Se aceptan consideraciones, sobre todo después del segundo martes de noviembre próximo.


