
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, lanzó una de sus acusaciones más severas contra el gobierno cubano al señalar que La Habana mantiene una extensa red de inteligencia, influencia ideológica y conexiones políticas relacionada con movimientos de extrema izquierda y organizaciones radicales en distintas regiones del mundo.
Rubio aseguró que esa estructura no pertenece únicamente al pasado de la Guerra Fría, sino que continúa teniendo vínculos con grupos militantes, redes políticas y actores internacionales capaces de movilizar recursos, difundir propaganda y coordinar acciones más allá de las fronteras nacionales.
Las declaraciones fueron realizadas durante la Conferencia Ministerial sobre el Resurgimiento del Terrorismo Político, celebrada el 16 de julio de 2026 en la sede del Departamento de Estado, en Washington D. C. El encuentro reunió a representantes de más de 70 países y formó parte de la nueva estrategia de la administración de Donald Trump para colocar la violencia política de extrema izquierda entre las prioridades de seguridad internacional.
La intervención del jefe de la diplomacia estadounidense vuelve a situar a Cuba en el centro de la agenda de seguridad de Washington. Hasta ahora, buena parte de la presión sobre la isla se había concentrado en la represión interna, el control militar de la economía, las violaciones de derechos humanos y las relaciones de La Habana con China, Rusia e Irán.
El nuevo planteamiento incorpora otro elemento: la acusación de que el gobierno cubano habría construido y preservado durante décadas una estructura de influencia internacional con capacidad para respaldar, inspirar o conectar movimientos políticos radicales.
Washington redefine su estrategia contra el terrorismo político
La conferencia celebrada en la capital estadounidense tuvo como propósito ampliar el enfoque de la cooperación antiterrorista internacional. Durante más de dos décadas, especialmente después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, las políticas occidentales de seguridad estuvieron concentradas principalmente en organizaciones yihadistas.
Rubio sostuvo que esa prioridad generó un “punto ciego” frente a otras formas de extremismo, en particular la violencia asociada con grupos de extrema izquierda, colectivos anarquistas y redes militantes transnacionales.
Según el secretario de Estado, estas organizaciones pueden operar de manera menos visible que las estructuras terroristas tradicionales. En muchos casos no cuentan con una dirección única, una cadena de mando reconocible o bases territoriales permanentes, sino que se articulan mediante plataformas digitales, grupos locales y canales cifrados de comunicación.
El gobierno estadounidense considera que esa fragmentación dificulta las investigaciones y permite que los activistas se desplacen entre países, compartan propaganda, recauden fondos y participen en protestas o acciones violentas sin quedar vinculados formalmente con una organización central.
La conferencia buscó precisamente promover una mayor cooperación entre agencias de inteligencia, cuerpos policiales, autoridades migratorias y sistemas financieros. Washington pretende que sus aliados identifiquen movimientos de dinero, redes de reclutamiento, viajes internacionales y conexiones digitales relacionadas con grupos considerados violentos.
Cuba vuelve al centro de la agenda de seguridad de Estados Unidos
Durante su discurso, Rubio presentó al gobierno cubano como uno de los principales actores históricos en la expansión de redes radicales dentro del hemisferio occidental. El funcionario afirmó que La Habana desarrolló una estructura de inteligencia e influencia ideológica que ayudó a promover movimientos revolucionarios y organizaciones de extrema izquierda en América Latina, Estados Unidos y Europa.
La acusación se apoya en el papel desempeñado por Cuba durante la Guerra Fría, cuando el gobierno de Fidel Castro respaldó políticamente a movimientos insurgentes y organizaciones revolucionarias que buscaban tomar el poder por la vía armada.
Sin embargo, Rubio fue más allá de los antecedentes históricos. Sostuvo que algunas de esas conexiones continúan activas y que las estructuras creadas por Cuba mantienen relaciones con organizaciones militantes y movimientos políticos internacionales.
El secretario de Estado no presentó públicamente durante la conferencia un expediente detallado que identificara a todos los grupos actuales presuntamente vinculados con La Habana. No obstante, su intervención sugiere que el gobierno estadounidense podría utilizar información de inteligencia para respaldar futuras sanciones, investigaciones o designaciones.
La importancia de estas afirmaciones radica en que podrían cambiar la manera en que Washington aborda su política hacia Cuba. En lugar de presentar el conflicto únicamente como una disputa bilateral, Estados Unidos podría buscar involucrar a gobiernos europeos, latinoamericanos y asiáticos en acciones coordinadas contra las redes atribuidas a La Habana.
Los antecedentes históricos mencionados por Rubio
Para respaldar su argumento, Rubio recordó el apoyo cubano a movimientos guerrilleros y organizaciones revolucionarias durante las décadas de 1960, 1970 y 1980. El secretario de Estado afirmó que decenas de miles de combatientes marxistas recibieron entrenamiento en instalaciones vinculadas con el gobierno cubano. Según su exposición, Cuba no solo ofreció respaldo ideológico, sino también formación militar, asistencia logística y apoyo político a organizaciones de varios continentes.
Entre los grupos mencionados aparecen las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, conocidas como FARC, y el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Ambas organizaciones protagonizaron durante décadas el conflicto armado colombiano y mantuvieron vínculos históricos con Cuba.
Rubio también citó a los Tupamaros de Uruguay y a los Montoneros de Argentina, movimientos que tuvieron una importante presencia durante los años de confrontación política y militar en América del Sur.
La lista incluyó además a las Brigadas Rojas de Italia y a la Fracción del Ejército Rojo de Alemania, organizaciones responsables de secuestros, atentados y asesinatos en Europa.
El funcionario utilizó estos ejemplos para defender la idea de que Cuba fue un centro de entrenamiento, coordinación e influencia política para organizaciones revolucionarias internacionales.
El gobierno cubano, por su parte, suele presentar su papel histórico como una política de solidaridad con movimientos de liberación nacional y rechaza que sus relaciones con organizaciones extranjeras puedan ser calificadas como terrorismo.
La Habana y la exportación de influencia ideológica
Uno de los aspectos más relevantes del discurso fue la referencia a una supuesta red de influencia ideológica construida por Cuba. Durante décadas, La Habana desarrolló relaciones con partidos políticos, sindicatos, organizaciones estudiantiles, grupos de solidaridad, asociaciones culturales y movimientos sociales de diferentes países.
Muchas de estas conexiones fueron promovidas mediante instituciones como el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, universidades, misiones médicas, organizaciones diplomáticas y encuentros internacionales.
Washington considera que algunas de esas instituciones no funcionan únicamente como espacios de cooperación, sino también como mecanismos para promover los intereses políticos cubanos, recopilar información y establecer contactos con dirigentes extranjeros.
El gobierno cubano rechaza esa interpretación y defiende estas relaciones como parte de su diplomacia internacional. Para La Habana, los programas de cooperación médica, educativa y cultural constituyen expresiones de solidaridad y no actividades de inteligencia.
La administración Trump, sin embargo, ha comenzado a sancionar a instituciones que durante años fueron consideradas instrumentos de influencia internacional del gobierno cubano.
Rubio señala conexiones entre grupos radicales de varios países
El secretario de Estado sostuvo que algunos movimientos de extrema izquierda mantienen una estructura transnacional, aunque no necesariamente estén integrados dentro de una sola organización.
Como ejemplo, mencionó a Antifa, una denominación utilizada para identificar a colectivos antifascistas que actúan de forma descentralizada en Estados Unidos, Europa y otras regiones.
Rubio afirmó que activistas vinculados con estas redes viajan entre países, participan en acciones coordinadas, difunden propaganda y comparten métodos de organización. También señaló que estos grupos utilizan aplicaciones cifradas y plataformas digitales para recaudar fondos, intercambiar información y evitar la vigilancia de las autoridades.
Antifa no posee una dirección única reconocida, una membresía formal o una estructura internacional centralizada. El término abarca a distintos colectivos y activistas que se identifican con posiciones antifascistas.
A pesar de esa falta de jerarquía, la administración Trump ha insistido en presentar a Antifa como una red internacional asociada con episodios de violencia política, ataques contra propiedades y enfrentamientos con las fuerzas del orden.
La referencia a Irán y las alianzas entre movimientos radicales
Rubio agregó que organizaciones vinculadas con Irán mantienen relaciones cada vez más estrechas con movimientos militantes de izquierda. La afirmación busca mostrar que las alianzas entre grupos radicales no siempre responden a una misma ideología. En algunos casos, organizaciones de extrema izquierda y movimientos respaldados por gobiernos adversarios de Estados Unidos podrían coincidir en objetivos políticos comunes, como la oposición a Washington o a sus aliados.
Irán ha sido acusado durante años por Estados Unidos de respaldar a grupos armados y organizaciones militantes en Medio Oriente y otras regiones. Al mencionar una posible relación entre redes iraníes y movimientos de izquierda, Rubio amplió el alcance de la amenaza descrita durante la conferencia.
Esta narrativa permite a Washington vincular en un mismo escenario a gobiernos adversarios, redes de inteligencia, grupos militantes y organizaciones políticas radicales. También refuerza la idea de que la seguridad interna estadounidense está conectada con dinámicas internacionales y con la actuación de actores extranjeros.
Las cifras utilizadas para justificar el nuevo enfoque
Rubio aseguró que el 93 % de los ataques terroristas cometidos en países occidentales entre 1970 y 1980 fueron atribuidos a organizaciones de extrema izquierda. El funcionario utilizó esa cifra para recordar que, antes del ascenso del extremismo yihadista, buena parte del terrorismo registrado en Europa y América estaba relacionado con movimientos revolucionarios, separatistas y anarquistas.
También afirmó que la violencia atribuida a grupos de extrema izquierda aumentó más de un 40 % en Alemania durante el último año. En el caso de Grecia, señaló que más del 80 % de la violencia radical estaría vinculada con actores de extrema izquierda y organizaciones anarquistas.
Estas cifras fueron presentadas por Rubio como evidencia de que el fenómeno no pertenece exclusivamente al pasado. El secretario de Estado sostuvo que algunos gobiernos continúan tratando estos episodios como problemas aislados de orden público, cuando deberían analizarlos como parte de una red política y operativa de mayor alcance.
Estados Unidos prepara nuevas designaciones terroristas
Rubio adelantó que el Departamento de Estado trabaja en la designación de nuevos grupos de extrema izquierda como organizaciones terroristas extranjeras. Una medida de este tipo tendría consecuencias legales y financieras significativas. Las personas o entidades acusadas de proporcionar apoyo material a una organización incluida en esa lista podrían enfrentar procesos penales en Estados Unidos.
La designación también permite congelar activos, bloquear transacciones financieras, restringir viajes y aumentar la vigilancia sobre integrantes o simpatizantes. El anuncio abre interrogantes sobre cuáles movimientos podrían ser incluidos y qué criterios utilizará Washington para diferenciar entre actividad política, protesta social y terrorismo.
Organizaciones defensoras de derechos civiles han advertido en otras ocasiones que definiciones demasiado amplias podrían afectar la libertad de expresión y el derecho a la protesta.
La administración Trump sostiene, por el contrario, que la falta de una respuesta coordinada ha permitido que grupos violentos actúen bajo la cobertura de movimientos políticos o sociales.
Alemania participará en la próxima reunión internacional
Rubio informó que Alemania colaborará en la organización del próximo taller internacional de contraterrorismo. La participación alemana tiene un significado especial debido a la historia del país con organizaciones radicales de izquierda y al incremento de incidentes políticos reportado en los últimos años.
Alemania mantiene sistemas de vigilancia sobre grupos extremistas de distintas tendencias, incluidos movimientos neonazis, islamistas, separatistas y organizaciones de extrema izquierda.
Washington busca utilizar esa experiencia para crear mecanismos de cooperación más amplios entre Estados Unidos y Europa. El próximo encuentro podría incluir discusiones sobre financiamiento, propaganda digital, movimientos transfronterizos, intercambio de inteligencia y respuestas judiciales.
Nuevas sanciones elevan la presión sobre el gobierno cubano
Las acusaciones de Rubio fueron realizadas pocos días después de que Estados Unidos anunciara una nueva ronda de sanciones contra diez entidades cubanas. Entre las instituciones señaladas aparecen las Brigadas de Respuesta Rápida, grupos utilizados por el gobierno para enfrentar protestas y actos opositores.
Activistas y organizaciones de derechos humanos acusan a estas brigadas de participar en actos de hostigamiento, agresiones y detenciones contra manifestantes. Washington también sancionó al Ministerio de Turismo, uno de los organismos más importantes para la economía cubana debido a su papel en la entrada de divisas.
El turismo representa una fuente esencial de ingresos para el país, especialmente en un contexto marcado por la caída de la producción, los apagones, la escasez de combustible y la disminución de las reservas internacionales. Al sancionar esta institución, Estados Unidos busca aumentar la presión financiera sobre sectores controlados o supervisados por el Estado.
Instituciones cubanas sancionadas anteriormente
La administración estadounidense ya había impuesto sanciones contra otros organismos vinculados con el aparato político y militar cubano. Entre ellos se encuentra el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, considerado uno de los centros de poder más importantes de la isla.
Las fuerzas armadas cubanas no solo controlan estructuras militares, sino también empresas relacionadas con el turismo, el comercio, las finanzas y la construcción. También fue sancionado el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, una institución encargada de mantener relaciones con organizaciones extranjeras y grupos de solidaridad.
Washington considera que el instituto funciona como un mecanismo de influencia política internacional. La Habana sostiene que su labor está centrada en la cooperación y el intercambio entre pueblos.
Los Comités de Defensa de la Revolución fueron incluidos igualmente entre las instituciones sancionadas. Estas organizaciones, presentes en barrios de todo el país, fueron creadas para movilizar a la población y vigilar actividades consideradas contrarias al gobierno.
Bruno Rodríguez califica la conferencia de “macartista”
El canciller cubano Bruno Rodríguez rechazó las acusaciones y calificó la conferencia de Washington como una iniciativa “macartista”. El término hace referencia al periodo de persecución política desarrollado en Estados Unidos durante la década de 1950 contra personas sospechosas de simpatizar con el comunismo.
Rodríguez afirmó que el encuentro estaba basado en mentiras y que buscaba justificar nuevas medidas contra Cuba. El canciller sostuvo que Estados Unidos utiliza acusaciones relacionadas con el terrorismo para mantener su política de sanciones y presión económica.
También acusó a Rubio de ignorar episodios históricos en los que Cuba fue víctima de ataques, sabotajes y acciones violentas organizadas desde territorio estadounidense. El gobierno cubano considera que Washington aplica una doble moral en materia de terrorismo y denuncia que algunas personas responsables de ataques contra la isla recibieron protección en Estados Unidos.
Fernández de Cossío habla de una “cortina de humo”
El viceministro cubano de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, también cuestionó la conferencia. El diplomático la describió como una “cortina de humo” diseñada para desviar la atención de otros asuntos políticos internos de Estados Unidos.
Además, vinculó el encuentro con el escenario electoral estadounidense y con la influencia del voto cubanoamericano en Florida. La Habana sostiene desde hace años que la política estadounidense hacia Cuba está condicionada por los intereses políticos de sectores del exilio.
Rubio, de origen cubano y con una larga trayectoria política en Florida, ha sido una de las figuras más críticas del gobierno de La Habana. Su nombramiento como secretario de Estado fortaleció la posición de quienes defienden una política de máxima presión contra el régimen cubano.
El papel de Rusia y otros aliados de Cuba
Aunque Rubio concentró su intervención en las redes de izquierda y los vínculos con Irán, el contexto internacional también incluye la relación de Cuba con Rusia. Moscú mantiene vínculos históricos con La Habana y ha incrementado su cooperación política, militar y económica con la isla.
Buques de guerra rusos han visitado puertos cubanos en distintas ocasiones, mientras ambos gobiernos han desarrollado acuerdos en áreas como energía, transporte y defensa.
Para Washington, estas alianzas aumentan la importancia estratégica de Cuba en el Caribe. La administración Trump considera que la isla puede funcionar como punto de apoyo para gobiernos adversarios dentro del hemisferio occidental.
Una política de presión que se intensifica desde 2025
Las acusaciones de Rubio forman parte de una estrategia de presión más amplia desarrollada por la administración Trump desde su regreso a la Casa Blanca. El gobierno estadounidense ha impuesto sanciones contra empresas, funcionarios e instituciones cubanas.
También ha restringido operaciones financieras, endurecido medidas migratorias y aumentado la vigilancia sobre organizaciones vinculadas con La Habana. Washington sostiene que estas acciones buscan limitar los recursos del aparato militar y de seguridad cubano.
El gobierno cubano afirma que las sanciones afectan directamente a la población, dificultan las importaciones y agravan la crisis económica. La isla enfrenta una situación marcada por apagones prolongados, escasez de alimentos, falta de medicamentos, inflación y deterioro de los servicios públicos.
Las posibles consecuencias para organizaciones extranjeras
La nueva estrategia estadounidense podría afectar también a grupos, asociaciones e instituciones extranjeras que mantienen vínculos con Cuba. Organizaciones de solidaridad, fundaciones, movimientos estudiantiles o partidos políticos podrían enfrentar mayor escrutinio si Washington considera que actúan como canales de influencia del gobierno cubano.
También podrían aumentar las investigaciones sobre transferencias financieras, viajes, reuniones y programas de intercambio. No todas las relaciones con instituciones cubanas implican necesariamente actividades ilegales. Sin embargo, el endurecimiento de la política estadounidense podría generar preocupación entre entidades que colaboran con La Habana.
El desafío de demostrar la existencia de una red actual
Uno de los principales desafíos para Washington será demostrar que las redes descritas por Rubio continúan activas y tienen capacidad operativa en la actualidad. Los antecedentes históricos del apoyo cubano a movimientos revolucionarios están ampliamente documentados.
Sin embargo, establecer vínculos directos entre el gobierno cubano y organizaciones radicales contemporáneas requiere evidencias específicas. Hasta el momento, Rubio no presentó públicamente documentos, nombres de agentes o operaciones concretas relacionadas con la supuesta estructura actual.
La administración podría reservar esa información por razones de seguridad o utilizarla en futuras investigaciones. Sin pruebas públicas, La Habana continuará argumentando que las acusaciones forman parte de una campaña política.
Un nuevo capítulo en la confrontación entre Washington y La Habana
El discurso de Rubio marca una evolución en la narrativa estadounidense sobre Cuba. La isla ya no es presentada únicamente como un gobierno autoritario que reprime a la oposición y controla sectores estratégicos de la economía.
Ahora Washington intenta describirla también como un actor capaz de influir en movimientos políticos internacionales y conectar redes militantes. La nueva estrategia podría servir para justificar sanciones adicionales, investigaciones financieras, restricciones diplomáticas y nuevas designaciones terroristas.
También podría aumentar la presión sobre países aliados para que revisen sus relaciones con instituciones cubanas. La respuesta de La Habana, acompañada por el respaldo de China, demuestra que la disputa trasciende la relación bilateral y se inserta en una confrontación geopolítica más amplia.
El desarrollo de esta política dependerá de las pruebas que presente Estados Unidos, de las organizaciones que decida sancionar y del nivel de cooperación que consiga entre sus aliados. Por ahora, las acusaciones de Marco Rubio vuelven a colocar a Cuba en el centro de la agenda de seguridad estadounidense y anticipan una nueva fase de tensión política, diplomática y económica entre ambos gobiernos.




