
Foto: Ronald Suárez Rivas
Pinar del Río.-Eliecer Silva asegura que las cosas están cambiando y que los incumplimientos y los rendimientos extremadamente bajos, poco a poco se van quedando en el pasado.
«Los vietnamitas han venido a darnos una ayuda grande. Nos han sacado de un tremendo apuro», dice.
Eliecer es jefe de lote en la UEB Agrícola Caribe, la segunda entidad de Pinar del Río que se vincula al proyecto Cuba-Vietnam para la producción de arroz.
Los especialistas afirman que aquí están las mejores tierras arroceras de la provincia. Sin embargo, la falta de recursos había hecho que los resultados cayeran en picada. En 2024, por ejemplo, cerró con un rendimiento promedio de 0,8 toneladas por hectárea. En 2025, con 0,9.
María de las Nieves Sánchez, directora de la UEB, confiesa que la situación se volvió «desesperante» para el colectivo de la unidad, «porque no estábamos acostumbrados a eso».
«Cada campaña los rendimientos iban bajando, nos planificábamos una cantidad determinada de hectáreas y no llegábamos».
En esas circunstancias, en septiembre del año pasado se realizó una primera siembra de manera experimental (21,7 hectáreas) en el marco del proyecto entre la Isla y la nación asiática, cuyos resultados sorprenden.
María de las Nieves precisa que se promedió a ocho toneladas por hectárea, una cifra que nunca antes habían alcanzado acá.
Con ese precedente, la directora explica que se decidió el incremento de las áreas en la actual campaña de primavera. «Hasta el momento, tenemos 158 hectáreas en las terrazas planas y debemos llegar a 295».
Según la funcionaria, este sería apenas un paso intermedio, y que el propósito es alcanzar las 2 000 hectáreas en la cosecha de frío.
Para ello, además de las 473 hectáreas de terrazas planas que posee la UEB, el proyecto sumaría un grupo importante de áreas convencionales entregadas en usufructo a productores individuales asociados a la entidad.
UN NUEVO MODELO DE PRODUCCIÓN
A diferencia del modelo que se aplica en el municipio de Los Palacios, territorio por donde comenzó esta experiencia en Vueltabajo, en el cual la parte vietnamita recibió las tierras en usufructo y se encarga de su explotación, en Agrícola Caribe, territorio de Consolación del Sur, la producción se lleva a cabo de manera cooperada.
«La parte extranjera aporta los insumos y la asesoría técnica, y nosotros ponemos la tierra, la fuerza de trabajo y la maquinaria», explica María de las Nieves.
Cuando habla de insumos, se refiere a fertilizantes, herbicidas, plaguicidas, combustible.
Para un territorio que llevaba muchos años sin poder aplicar un paquete tecnológico, significa un apoyo muy grande.
Por eso, a la par de las siembras, hoy se labora en la rehabilitación del canal principal, la reparación o el cambio de compuertas, y también de las losas de hormigón, a fin de mejorar la infraestructura hidráulica vinculada al proyecto.
CON LA MANO DEL HOMBRE
Asumir la plantación de cientos de hectáreas en un contexto marcado por el cerco energético impuesto por el gobierno de Estados Unidos y serias limitaciones con la aviación, ha implicado para la UEB pinareña el desafío de cambiar las maneras de hacer.
Su directora recuerda que, en estas grandes extensiones, las siembras y las aplicaciones de productos químicos siempre se realizaron con aviones. En el marco del proyecto, sin embargo, ha habido que hacerlo de manera manual.
Para ello, ha sido preciso reclutar unos 200 hombres del poblado de Alonso de Rojas.
Además de evitar la dependencia de medios y portadores energéticos que hoy no están disponibles, la medida ha servido para generar empleo en una zona donde escasean las opciones.
«Gracias a este proyecto hoy tenemos trabajo», reconoce Osberto Pedroso, uno de los que se ha sumado a sembrar en las terrazas de Caribe.
La experiencia ha roto el mito de que en las arroceras cubanas no es posible hacerlo igual que en Vietnam, basando más el trabajo en los hombres que en la tecnología.
«Esta es la primera vez que se hace así. La siembra, la fertilización, todo lo hemos hecho a mano y con personal cubano», asegura Eliecer, el jefe de lote 6-37.
De la alianza con la nación asiática, el especialista destaca en primer lugar, la calidad de las semillas y del paquete tecnológico, algo que sus campos hacía mucho tiempo no recibían, pero también el rigor con que se labora para hacerle al cultivo todo lo que requiere en el momento exacto.
«En el trabajo que no haya organización y disciplina, no hay resultados, aunque le tires lo que le tires al campo», dice.
Desde el dique que divide dos de las 20 terrazas bajo su mando, Eliecer habla con orgullo de la uniformidad de los semilleros que crecen a su derecha y del vigor que presenta, a su izquierda, un área que pronto estará en cosecha.
«La parte vietnamita trae un paquete tecnológico que nosotros nunca habíamos tenido. Por eso, ese arroz tiene casi 1,80 de altura. El personal que entra ahí a fumigar, ni se ve».
Lo dice, como quien empieza tomar desquite, al cabo de varias cosechas marcadas por la escasez y los bajos rendimientos. Y para que nadie piense que esos campos que hoy sobresalen por su vitalidad, son obra de la casualidad, advierte que independientemente de los recursos que antes no se disponían, hay algo más: «Aquí se está trabajando duro».


