Quizá Ángel Luis Alfaro Ramírez no imaginó en los días que soñaba formarse como un gran artista en la otrora y prestigiosa Academia de Arte Oscar Fernández Morera, de Trinidad, que pondría en un segundo plano la creación para formar a quienes descubren las artes visuales.
“Me gusta mucho impartir talleres —confiesa sin titubeos—. Me place ayudar a los muchachos que van lo mismo a la galería o a la casa, en busca de asesoramiento para ingresar en la Enseñanza Artística. Nunca le he dicho que no a ninguno. Incluso, les he brindado mis materiales y les dedico todo mi tiempo”.
Desde que descubrió esa otra pasión, convirtió parte de los salones de la otrora casona de Oscar Fernández Morera, ubicada en pleno bulevar yayabero, en una verdadera escuela. Ha perdido la cuenta de cuántas generaciones de espirituanos, incluso más allá de los perímetros de la cuarta villa de Cuba, han enderezado los trazos bajo su guía.

“Eso ha implicado detener un tanto mis propias creaciones. Soy escultor, pintor, pero disfruto mucho cuando se obtienen buenos resultados en el ingreso a la Enseñanza Artística en la especialidad de Artes Visuales, cuando era en Trinidad, luego en Cienfuegos, ahora en Villa Clara o, más recientemente, para la carrera de Profesor Instructor de Arte, en la Escuela Ernesto Lecuona. Por lo general, comenzamos la preparación en los últimos años de la secundaria, aunque a la galería también llegan más pequeños interesados”.
La más reciente alegría, con la última hornada de aspirantes a ingresar al Centro Provincial de la Enseñanza Artística Olga Alonso, en Villa Clara, se muestra aún en el rostro de quien ha fungido como jurado en prestigiosos certámenes. Todos forman ya parte de la matrícula del reconocido plantel.
“En los talleres se les refuerza la técnica porque eso es muy importante cuando se presentan a la rigurosa prueba de aptitud. Ya cuando ingresan en la academia se les abre el horizonte. Descubren la figura humana, paisajes…”.

DIÁLOGO CON LOS PÚBLICOS
Asegura Alfaro que De todo un tin, exposición bajo la firma de cinco de sus actuales pupilos y que se muestra durante todo el verano en las paredes de la Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena, no es solo un premio tras aprobar los rigurosos exámenes, sino un reconocimiento a la entrega, pasión y consagración a las artes visuales.
“Estoy muy feliz al ver mis dibujos en este lugar tan bello. Nunca lo imaginé”, alega Maikol Lekian Pérez, quien dio un giro a su vida: de practicar remo en la Escuela de Iniciación Deportiva (EIDE) Lino Salabarría Pupo, casi alista la maleta para plantar pinceles en Villa Clara.
Junto a él compartirá los desvelos por la creación Rebeca Díaz. Pudiera pensarse que le lleva ventaja porque hasta este curso fue alumna de la Enseñanza Artística al estudiar flauta en la Escuela de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus.
“De pequeña me gustaba dibujar y realizar manualidades. Pero estaba en la música hasta que me di cuenta que no era realmente lo mío. Entonces, me inserté al taller con el profesor Alfaro. Aprendí, entre muchas cosas, a combinar colores y las técnicas. Estoy feliz de aprobar para la escuela y ver mis creaciones como parte de nuestra primera muestra”.

¿Has pensado que pudieras fusionar en un futuro ambas manifestaciones?
“Realmente, no me he detenido en pensar en ello. Pero puede ser una posibilidad”.
Entre los públicos que han descubierto a De todo un tin —donde convergen diferentes técnicas— llamó profundamente la atención prestada por dos pequeñitas: Greysel Pérez Chicote y Angélica de la Torre, sobre todo, a los origamis introducidos en pequeños pomos de penicilina.
“Vamos a los talleres y queremos ahora aprender sobre el arte de papel”, alega Angélica, quien desde los cuatro años intenta darle vida con colores y trazos a las ideas que afloran en su mente”.
El responsable de que no solo ellas, sino también los adultos se tomaran todo el tiempo del mundo para descubrir cuáles animales y objetos habitan allí recubiertos por el cristal, es Marcos Antonio García.
“Me gustaba dibujar, pintar, pero el origami siempre me ha llamado la atención. Decidí hacerlos y, además, el profesor Alfaro me estimuló a compartir mis saberes en los talleres de la galería”.
Marquitos, como se le conoce en todas las plazas, se ha convertido en referente de niños y niñas y refuerza su formación como profesor instructor de arte.
“Muestran mucho interés. Les insisto en que hay que prestar atención, sobre todo, cuando se hacen miniaturas. Mi carrera me ha ayudado mucho para lograr que entiendan, aunque quiero optar por el Instituto Superior de Arte (ISA)”.
Además, de esos tres muchachos con potencial suficiente para convertirse, en muy pocos años, en referentes del arte contemporáneo se suman a las firmas de la exposición Yeily Danay Castillo y Jenifer Vega.

LAS SEMILLAS
Conscientes familias y Ángel Luis Alfaro que, con seis, siete y ocho años queda mucho camino por andar y las vocaciones demoran en tomar sus definitivos destinos, la galería espirituana también abre sus puertas a los más pequeños. En un ambiente muy acogedor comparten saberes, colores, hojas, ideas y alguna que otra travesura propia de la edad.
“Ya estoy culminando mi primer cuadro —sorprende Greysel—. Es una carretera con un cielo despejado. Cuando sea grande seré una gran pintora”.
Similar anhelo tiene la responsable de que ella haya conocido sobre los talleres: Angélica. Ambas prefieren dejar a un lado las atracciones tecnológicas para centrarse en las creaciones.
“Ya hice una marina, un abstracto y sigo. Siento el arte, no sé cómo explicarlo porque es demasiada la alegría”, confiesa más con los ojos que con las palabras.
A diferencia de otros veranos, en este, la afluencia de interesados en descubrir las artes visuales en la Galería de Arte Oscar Fernández Morera no ha sido tan numerosa. Prácticamente, son los mismos rostros: una gran familia.
“Es una etapa complicada, sobre todo para quienes residen más lejos, por el transporte. Pero no cerramos las puertas. Estamos convencidos de que es ese el primer lugar donde se siembra la pasión que luego se convierte en arte”, concluyó Alfaro Ramírez.
