Belinda Flores Santos disfruta cantar prácticamente desde que abrió los ojos. La casa fue su primer escenario. Luego, encontró cobija en el Grupo Comunitario de Teatro Infantil Los Yayaberitos. Casi al unísono, el programa radial El talentómetro premió sus aptitudes musicales. Hoy se forma como profesora instructora de arte e integra el Coro Vocal Imago.
“El maestro Sander Morgado me convocó para acompañarlo en la impartición del taller de verano. Ha sido una experiencia inolvidable porque logramos que los niños aprendieran”.
Se refiere a su experiencia de estreno al compartir con cerca de 30 menores. Decidieron hacer un alto en el período vacacional para aprender sobre canto, vocalización y polirritmia al ritmo de las notas del piano del aula de coro de la Escuela de Arte Ernesto Lecuona, de Sancti Spíritus.

“Me ha servido para enamorarme más de mi carrera. Estoy muy satisfecha porque tuvimos muy buena asistencia. Vimos el fruto en cada encuentro. Llegaron tímidos, cabizbajos, y nos despedimos con ellos sobre el pequeño escenario del teatro de la escuela cantando frente a mucha gente”.
Precisamente, la inclusión de estudiantes de la Enseñanza Artística como Belinda Flores Santos, quien tampoco dejó a un lado sus responsabilidades como presidenta provincial de la Federación Estudiantil de la Enseñanza Media (FEEM), fue una de las grandes novedades de los bienvenidos talleres de verano impartidos en la institución educativa.
“Los saberes sobre violín los compartió María del Pilar Pérez, quien acaba de concluir el primer año de ese instrumento en el Instituto Superior de Arte (ISA), y, en danza, específicamente creación coreográfica, lo asumió el joven Reinier Alberto Jiménez Madrigal, alumno de Danza Contemporánea en esa propia casa de altos estudios”, refirió Félix Ramón Delgado Barrizonte, al frente de la Enseñanza Artística en la provincia.

EL ARTE DE ENSEÑAR
Irina Rivadeneira Espinosa siente que flota cuando baila. Con solo nueve años habla con naturalidad de movimientos y posturas. Bajo la guía de los profesores Reinier y Laura Laine Domínguez Castillo, maestra de ballet y técnica de danza en la Escuela de Arte Ernesto Lecuona, hizo suyo el pequeño tabloncillo de la institución.
“Me enteré por unas amiguitas que estaban en el taller de música de que podía venir. Me ha encantado estar porque he aprendido muchas cosas como el battement. Eso es un movimiento alterno de lado a lado de la pierna de trabajo”, aclara, ante la sorpresa y desconocimiento de esta reportera.
Precisamente sobre danza, además de los de creación coreográfica, se impartieron talleres de ballet y preparación física; una necesaria iniciativa en esta tierra necesitada de esa manifestación artística.
“Estamos muy contentos. Vinieron más alumnos que los esperados. Llegaron con muchas ganas de aprender y eso nos gusta. Desde ya, esperamos que las próximas convocatorias tengan la misma aceptación”, reconoció Domínguez Castillo.
Divididos en diferentes horarios y aulas, en los días en que la institución espirituana se abrió al verano, dejó escapar sonidos de piano, gracias a los saberes de la maestra Patricia Broche —reconocida intérprete en los escenarios del patio y más allá— y violín. Uno de sus pasillos se convirtió en el mejor espacio para que el pequeño de ocho años Beilán Reinaldo Santos repitiera más de una vez la canción aprendida: Si eres entonado, esto lo podrás cantar al escuchar las notas de la escala musical.
“Además, conocí sobre notas musicales, fusa y semifusa”, responde con un brillo en los ojos que confirma el goce en cada encuentro.
Lo transpiran igual Yan, quien prefirió no quedarse en casa para no perder la forma física adquirida durante el curso escolar como estudiante de danza, Amanda, que se enamoró de la historia de la música, Cristian y Talía, quienes adoraron aprender nuevas melodías. Es una sensación que une casi al centenar de pequeños refugiados por varios días en la magia de las artes.

“Los resultados de estos talleres fueron superiores a los del año pasado —opina Delgado Barrizonte—. Queremos para el próximo incluir todas las líneas de instrumentos impartidas durante el curso, así como la totalidad de asignaturas de la danza porque nos percatamos de que hay muchas ganas de aprender”.
Esa aspiración se suma a otras muchas de la Enseñanza Artística espirituana. Con la alegría de concluir los talleres y un año académico con disímiles tensiones, toma un pequeño respiro porque antes de concluir agosto su claustro regresará a la Lecuona para diseñar y materializar la formación de los más jóvenes artistas.
