Los primeros síntomas que percibió Paul Gaylord fueron los de una gripe. Dos días antes, lo había mordido su gata, que le había parecido visiblemente enferma. Los médicos le recetaron antibióticos para tratar la enfermedad por arañazo de gato, una infección bacteriana que puede producirse tras rasguños o mordeduras de estos animales.
Pero los medicamentos no surtieron efecto. El estado de Gaylord empeoró, fue ingresado en una unidad de cuidados intensivos y finalmente cayó en coma. No tenía gripe ni la enfermedad por arañazo de gato: se había contagiado de peste. Una enfermedad que solemos asociar con la Edad Media y no con un estado de Estados Unidos como Oregón, donde vivía Gaylord.
Los síntomas inespecíficos y el hecho de que hoy la peste sea una enfermedad poco frecuente representan un problema. Porque la enfermedad no ha perdido nada de su capacidad letal. Gaylord sobrevivió por muy poco y contó su historia en 2014 en el diario británico The Guardian.
Tres formas de peste: bubónica, septicémica y neumónica
La peste es causada por la bacteria Yersinia pestis. Puede ingresar al organismo humano por distintas vías y multiplicarse con enorme rapidez. La bacteria daña los tejidos de diversos órganos, provoca hemorragias y, sin tratamiento, resulta mortal en casi el 100 por cien de los casos.
La forma más frecuente es la peste bubónica. En este caso, las pulgas actúan como vectores. Cuando pican a un roedor infectado con Yersinia pestis, pueden transmitir posteriormente la bacteria al morder a una persona. El microorganismo se multiplica en los ganglios linfáticos y provoca una dolorosa inflamación de estos.
Si el patógeno llega directamente al torrente sanguíneo, por ejemplo, a través de la mordedura de un mamífero infectado, puede desarrollarse una peste septicémica, es decir, una infección generalizada de la sangre.
En la peste neumónica, el agente patógeno llega directamente a los pulmones mediante pequeñas gotas o aerosoles emitidos por un animal o una persona infectados. Esta es la única forma de peste en la que es probable la transmisión de persona a persona.
La peste: pandemia en la Edad Media, enfermedad poco frecuente en la actualidad
Cada año se notifican hasta 3.000 casos de peste en todo el mundo, según el Instituto Robert Koch. Actualmente, las regiones más afectadas son la República Democrática del Congo, Uganda y, sobre todo, Madagascar, donde en 2017 se produjo el último gran brote. Allí se registran entre 250 y 500 contagios anuales. Sin embargo, también siguen apareciendo casos esporádicos en el oeste de Estados Unidos.
Durante la Edad Media, en cambio, la peste causó por sí sola alrededor de 25 millones de muertes entre 1347 y 1353. Ese brote dio origen a una pandemia que se prolongó durante más de 500 años y acabó con cerca del 60 por ciento de la población europea.
Pero Yersinia pestis no comenzó a infectar a los seres humanos recién en la Edad Media. Arqueólogos han detectado la bacteria en esqueletos de más de 5.500 años de antigüedad. Por ello, investigadores concluyen en un estudio publicado recientemente que este patógeno ha sido letal para la humanidad desde mucho antes de lo que se creía.
¿Por qué ya no hay peste en Europa?
Por devastadora que haya sido la peste en la Edad Media, desde 1945 ha desaparecido de Europa. Ese año se detectaron los últimos casos en la isla francesa de Córcega.
Según Holger Scholz, biólogo molecular y director del Laboratorio Nacional de Referencia para Yersinia pestis del Centro para Riesgos Biológicos y Patógenos Especiales del Instituto Robert Koch (RKI), la principal razón es que hoy en las viviendas europeas ya no conviven personas con roedores infectados por Yersinia pestis.
Un diagnóstico rápido y el tratamiento oportuno pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte
Holger Scholz y su equipo del RKI colaboran estrechamente con instituciones de las zonas donde la peste sigue siendo endémica, entre ellas el Laboratoire d’Analyses Médicales Malagasy, dependiente del Ministerio de Salud de Madagascar. Uno de los principales objetivos es fortalecer la infraestructura de laboratorio para mejorar el diagnóstico de la enfermedad.
Y eso es urgente, porque el diagnóstico constituye uno de los mayores desafíos. Scholz recuerda el caso de un joven estadounidense que salió a correr y acudió al médico con síntomas parecidos a los de una gripe. Lo enviaron a casa para que descansara. «Murió porque nadie pensó en la peste».
Y eso, a pesar de que existen antibióticos muy eficaces para tratar la enfermedad. Sin embargo, en prácticamente todos los brotes ocurre lo mismo: «Los primeros pacientes casi siempre mueren porque el diagnóstico no se hace a tiempo y el tratamiento no se inicia con la suficiente rapidez», explica Scholz.

