
Vender en TikTok Shop desde Cuba exige algo que muchos tutoriales esconden: un número fiscal de Estados Unidos, una dirección allí, capital para mover muestras y, casi siempre, alguien dispuesto a prestar sus papeles. La advertencia la hizo una creadora cubana con casi 200.000 seguidores, cansada de la ola de promesas fáciles que circula en redes.
Su denuncia desmonta una fantasía muy útil para los vendehumos digitales: la idea de que cualquiera en la isla puede abrir una tienda y cobrar en dólares sin mayores obstáculos. La realidad, según explicó, es otra. Sin Social Security o ITIN no hay cobro limpio de las ventas, y sin una persona en Estados Unidos que respalde la operación, el negocio se queda amarrado a requisitos fiscales que no perdonan improvisaciones.
El problema importa porque toca una de las pocas rutas que hoy seduce a miles de cubanos: intentar ganar en moneda dura desde el teléfono. Pero esa salida no nace dentro de Cuba ni descansa en una economía doméstica sana. Depende de apoyo externo, de una logística montada en Estados Unidos y de un capital inicial que la mayoría no tiene. En otras palabras, la promesa de independencia termina descansando en la dependencia de siempre.
La propia creadora puso el dedo en el punto más delicado: prestar un Social Security no es un favor inocente. Implica declarar impuestos al cierre del año y asumir una responsabilidad tributaria real. A eso se suma la trampa de los números inflados que muchos repiten en redes, porque suelen presentar como ganancia neta lo que en realidad es valor bruto de mercancía. Esa confusión alimenta cursos, cuentas y negocios que venden ilusión con apariencia de éxito.
El trasfondo cubano es claro. La gente persigue cualquier resquicio de ingreso porque dentro de la isla no encuentra espacio para prosperar con trabajo estable, ahorro ni seguridad. La escasez empuja a muchos a creer cualquier promesa, y ahí florecen los tutoriales incompletos y las academias improvisadas que viven de la desesperación ajena. La advertencia de esta creadora apunta directamente a ese abuso: no engañen al cubano con información a medias.
También queda en evidencia otra realidad incómoda para el régimen: el cubano que quiere emprender termina mirando hacia fuera, hacia el exilio y hacia Estados Unidos, porque adentro no tiene condiciones mínimas para hacerlo. TikTok Shop aparece así como una vía dependiente de la diáspora, no como una solución real para la economía de la isla. La letra pequeña sigue siendo la misma de siempre: falta de capital, dependencia externa y un país donde cualquier intento de avanzar cuesta el doble.


