Por estos días, diversos científicos han ratificado un preocupante aumento en la frecuencia e intensidad de los eventos hidrometeorológicos extremos, a escala mundial.
Entre los fenómenos más recurrentes se encuentran las llamadas olas de calor, las cuales tienden a volverse cada vez más intensas debido, principalmente, al cambio climático global. Esta tendencia representa un desafío serio para la salud pública, la agricultura y el bienestar general de las poblaciones afectadas.
Estudios recientes prestan atención a un fenómeno atmosférico conocido como “domo de calor”, formado en áreas donde prevalece una alta presión atmosférica que empuja el aire caliente hacia abajo, atrapándolo en un lugar específico.
Como resultado, las temperaturas se disparan en amplias regiones generando condiciones de calor extremo que pueden prolongarse por varios días.
Cuando este domo de calor coincide con apagones eléctricos prolongados, la situación se vuelve aún más incómoda, pues la falta de energía impide el uso de sistemas de refrigeración, aumentando el riesgo para la salud de las personas más vulnerables.
La literatura médica advierte sobre los síntomas más comunes relacionados con estas altas temperaturas: sudoración excesiva, deshidratación, sequedad bucal, dolor de cabeza, mareos, agotamiento, debilidad, edema, calambres musculares e incluso pérdida del conocimiento.
En el caso particular de Cuba, analistas señalan que las altas temperaturas no solo responden al calentamiento global, sino también a la influencia de altas presiones atmosféricas que reducen la formación de nubes, permitiendo una mayor radiación solar directa sobre el territorio.
Desde 1951, la temperatura media en la isla ha aumentado aproximadamente 1,0 grados Celsius, pero es a partir de 2015 cuando se observa un cambio significativo en el comportamiento del verano, en el que los períodos con temperaturas elevadas se extienden por varios días consecutivos, acercándose a la definición actual de olas de calor.
Estas realidades climáticas, unidas a la frecuente inestabilidad en el suministro eléctrico, plantean un escenario complejo para la población cubana, que debe enfrentar el calor extremo con innovación popular.
Ante este panorama, la recomendación es clara: vestir ropa ligera, mantenerse hidratado y buscar maneras creativas de refrescarse, como usar abanicos o pedazos de cartón para generar aire.
Y mientras la combinación del cambio climático, los domos, las olas de calor prolongadas y la inestabilidad energética se ponen de acuerdo, protéjase del sol y acomode su rutina diaria, porque el viaje es largo.
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