En la Plaza José Martí de la avenida Las Américas, a nombre de los más de 11 mil profesionales de la salud de la isla caribeña que prestaron colaboración en esta tierra, el doctor subrayó que cumplieron la misión que les fue confiada.
Llevamos la medicina como bandera de solidaridad y esperanza, remarcó ante el embajador de la mayor de las Antillas en este país, Nazario Fernández, miembros del Consejo de Dirección de la BMC y colegas.
Cada jornada de trabajo, vida que pudimos salvar, son testimonios de la entrega de nuestro pueblo más allá de sus fronteras, describió Guerra, quien laborara en el municipio Santa María Nebaj, del noroccidental departamento de Quiché.

No fue fácil, pero siempre estuvo presente la fuerza de Cuba, la inspiración de nuestra historia y el compromiso con los principios que nos guía, aseveró.
Mañana volvemos con el deber cumplido, con la satisfacción de haber honrado la confianza depositada en cada uno, en todos los colaboradores cubanos, enfatizó el doctor.
Llevo conmigo experiencia, aprendizaje y el cariño de un pueblo hermano que nos recibió con gratitud, añadió el galeno, igualmente frente a representantes de la misión estatal de la isla en esta nación.
He visto sonrisas renacer, he acompañado a familias en momentos difíciles y he aprendido de la fuerza y de la dignidad de este pueblo, amplió en sus palabras.
Regreso dispuesto a seguir sirviendo donde la Revolución me necesite, porque ser médico cubano es más que una profesión, es un compromiso eterno con la vida y la dignidad, puntualizó.
Agradeció a Guatemala por permitirle contribuir, por enseñarle que la solidaridad no tiene frontera. Me voy, pero mi corazón se queda unido a esta tierra, aseguró.
La coordinadora de la BMC, Mariheta Cutiño, acotó que despiden a profesionales que integran el sexto y el séptimo grupo, con sentimientos encontrados.

La alegría del deber cumplido y al mismo tiempo con la inevitable emoción de homenajear a quienes han compartido una misión de profundo sentido humano, expresó.
Manifestó su respeto por quienes vistieron con orgullo la bata blanca cubana y comprendieron que la medicina es un acto permanente de amor, entrega y compromiso con la humanidad.
Significó que quienes regresan trabajaron en comunidades alejadas, entre montañas, caminos, fronteras, convivieron con los pueblos de profundas raíces culturales.
Aprendieron idiomas, respetaron tradiciones y encontraron en cada familia un motivo más para servir. Donde otros veían distancia, ustedes vieron una responsabilidad, sentenció Cutiño.
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