En medio de tantas limitaciones materiales, sobre todo energéticas, hay quienes no desaprovechan la oportunidad ofrecida por la naturaleza para tomar ese baño que, el bloqueo imperial puede tornar difícil, pero no imposible
Imposible concebir un verano sin el placer del baño, en la playa, en ríos y arroyos, en piscinas…
No solo es lo que hacíamos en nuestros años de niñez, adolescencia y juventud. Era también una de las mayores y más sanas distracciones de nuestros padres y abuelos.
Obviamente, el brutal cerco energético impuesto por el gobierno de Donald Trump, con severo impacto sobre el transporte cubano y otras esferas de la vida del país, impide explotar esas opciones recreativas del modo o con la magnitud de décadas anteriores.

La sequía, por su parte, ha causado también sus persistentes estragos y muchos lugares donde la población solía darse refrescantes chapuzones claman hoy por un hilillo de agua.
No obstante, en el entorno montañoso –sobre todo– la naturaleza conserva cierta vitalidad en cauces que no se rinden.
Precisamente en ellos suelen converger, con mayor énfasis durante estos meses de etapa estival, tanto habitantes de esas zonas, como personas de otros lugares que tienen la posibilidad de trasladarse hasta allí.
Recientemente BOHEMIA tuvo la oportunidad de apreciar con cuánto placer un grupo de espirituanos, jóvenes en su mayoría, disfrutó uno de esos baños que la memoria, después, jamás olvida, en un arroyo de cristalinas y frías aguas, bendecido por una hermosa y exuberante vegetación, refugio, por demás, de diversas aves, incluido el tocororo cubano.
En Ciego de Ávila, un sitio no menos atractivo les ha dado grata bienvenida durante años y décadas a cientos, miles de bañistas procedentes del territorio e incluso más allá de él.
Se trata de la llamada Playita de Majagua, cuyas aguas han sido víctimas también de la inclemente sequía que golpea a casi todo el archipiélago.

Aun así, arroyos, ríos, canales y otros cauces continúan sacando la cara a favor de este verano, en diferentes puntos, digamos informales, de la geografía rural, en instalaciones concebidas para el campismo y en otras destinadas igualmente a la recreación sana que tanto merece la familia cubana, durante el receso que suelen registrar en julio y agosto las actividades docentes y laborales en toda Cuba.
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