Bohemia Economía

Bloqueo sin máscaras

Sanciones más amplias, presión económica y un discurso oficial que insiste en desvincular las decisiones de Washington de sus efectos: así es la actual estrategia de la Casa Blanca contra Cuba


Hay momentos en los que los hechos hablan con más contundencia que cualquier denuncia. Eso es precisamente lo que ocurre hoy con la política de la administración Trump hacia Cuba. No porque Washington haya cambiado de estrategia, sino porque sus principales responsables describen con crudeza brutal unas medidas que durante décadas Estados Unidos nunca había presentado de forma tan abierta, sino con eufemismos y justificaciones.

Donald Trump y Marco Rubio no esconden la estrategia; al contrario, la anuncian, la defienden y la exhiben como parte de su política exterior. Lo paradójico llega después, cuando rechazan cualquier vínculo entre esas decisiones y las consecuencias que padecen millones de cubanos. Es una contradicción difícil de sostener: se ejerce presión económica, pero se niega toda responsabilidad por los efectos que genera.

Desde principios de año, el gobierno estadounidense impuso un bloqueo petrolero total contra Cuba, impidiendo de diversas formas la llegada de crudo al país. No hablamos de documentos secretos ni filtraciones: son medidas públicas y abiertamente reconocidas, como ha podido comprobarse.

Sin embargo, esas medidas, según su relato, no tendrían relación alguna con los prolongados cortes de electricidad que sufre la nación caribeña. Así lo sostuvo hace unas semanas Marco Rubio en unas declaraciones que acabarían con el medidor de cinismo más robusto: “La razón por la que (en Cuba) se ven obligados a sobrevivir 22 horas al día sin electricidad no se debe a un bloqueo petrolero por parte de EE. UU.”, afirmó el secretario de Estado sin mayor reparo.

Durante décadas han intentado asfixiar a un pueblo y, después, lo critican por su forma de respirar. Es el mismo modus operandi del asesino serial que reconoce sus crímenes, pero se indigna cuando es llamado criminal, con la diferencia de que, en este caso, el impacto es incomparablemente mayor.

Pero, la víctima –Cuba– se reinventa una y otra vez. Eso empuja al agresor –Washington– a reaccionar como suele hacerlo quien no logra su objetivo: apretando todavía más el cuello y dejando aún más al descubierto la verdadera naturaleza de su actuación.

¿De qué manera? Al constatar que ni siquiera el bloqueo petrolero casi total –apenas aliviado por la llegada de un carguero ruso en marzo– lograba doblegar a Cuba, la Administración Trump optó por intensificar la ofensiva mediante un nuevo paquete de medidas coercitivas.

El primer objetivo fue el turismo, uno de los pilares de la economía cubana. La Casa Blanca amenazó con congelar los activos de empresas extranjeras que mantuvieran operaciones en nuestro país.

Las advertencias surtieron efecto. Poco después, varias compañías comenzaron a anunciar su retirada de Cuba, pese a los cuantiosos beneficios obtenidos durante las últimas dos décadas. Uno de los casos más significativos fue el de la cadena española Meliá Hoteles, la mayor operadora turística extranjera en el territorio, que anunció su salida del mercado cubano tras años de presencia y gestión de 15 establecimientos.

La presión no se detuvo ahí. Washington amplió las sanciones contra el Grupo de Administración Empresarial S.A. (Gaesa), el mayor conglomerado estatal de Cuba y pieza clave en el funcionamiento de sectores estratégicos: el turismo, el comercio y la inversión. El objetivo era evidente: dificultar aún más la operatividad de la economía cubana.

Las sanciones estadounidenses impactan directamente en sectores estratégicos; entre ellos, el turismo, la banca y la inversión extranjera. /misiones.cubaminrex.cu

Pero tampoco esa nueva vuelta de tuerca produjo el “cambio de régimen” que persiguen Trump y Rubio. Entonces decidieron ir un paso más allá y sancionaron a Fincimex, que actúa como puente entre el sistema bancario cubano y las redes financieras internacionales. La consecuencia fue inmediata: VISA y MasterCard anunciaron el cese de sus operaciones al quedar bloqueada la empresa que garantizaba la conexión de los comercios cubanos con sus plataformas.

Cada nueva medida parece responder a la misma lógica: si la anterior no logra doblegar a Cuba, la siguiente será aún más amplia, más agresiva y con mayores efectos sobre la vida cotidiana de la población.

En contraste con este escenario, y al margen de los grandes medios internacionales, en mayo de 2026 científicos cubanos presentaron los resultados de estudios clínicos y la experiencia acumulada de su reciente desarrollo: HEBERSaVax, una nueva vacuna contra el cáncer diseñada para combatir varios tumores sólidos; entre ellos, el cáncer de ovario, el colorrectal, el hepatocarcinoma y el melanoma.

Más allá de la dimensión sanitaria del anuncio, el contraste es evidente: mientras la política de sanciones se endurece y se expande sobre sectores estratégicos de la economía cubana, Cuba continúa produciendo avances científicos que rara vez ocupan espacio en los medios.

Dos dinámicas que avanzan en paralelo y rara vez se cruzan: por un lado, la lógica de la presión económica sostenida; por otro, la persistencia de una capacidad de respuesta que busca abrirse paso incluso en medio de un escenario adverso.

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