Ediciones Quisicuaba presentará una recopilación de entrevistas a intérpretes de la canción cubana y foránea en la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana
“Yo provengo de una familia donde han proliferado músicos, tanto en el ámbito popular como en el de la docencia; desde niño estuve muy asociado a la manifestación, por lo que escribir acerca del tema para mí es un disfrute”.
Eso dice de sí mismo el autor de Supón que se habla con Joaquín. La obra se presentará durante la próxima Feria Internacional del Libro de La Habana. Con el sello de Ediciones Quisicuaba, perteneciente al proyecto sociocultural homónimo, es un compendio de entrevistas, apenas una muestra de las decenas realizadas por este periodista, investigador, ensayista, doctor en Ciencias sobre Arte y Premio Nacional de Periodismo Cultural José Antonio Fernández de Castro.
Joaquín Borges-Triana mucho sabe de la materia, pues también es guitarrista, lo cual –más allá de su labor como crítico en El Caimán Barbudo y Juventud Rebelde (ahí mantuvo largo tiempo la sección Los que soñamos por la oreja), entre otras publicaciones– ha propiciado su cercanía a numerosos compositores e intérpretes cubanos y foráneos.

De ese modo, cultores de la música popular y de la clásica pueblan las páginas de este volumen. Relatan su quehacer profesional, logros, aspiraciones, contratiempos. Develan vivencias familiares y gustos. Responden, incluso, a preguntas provocadoras o a esas solo permitidas y alentadas por la camaradería, la amistad. Según el propio autor, aquí hallamos “entrevistas colectivas [a los integrantes de las agrupaciones A-rock-on-leche y La fabriK] e individuales, así como de opinión y biográficas”.
Escuchamos en primera persona al maestro Leo Brouwer, quien se refiere a su rutina para crear: “Yo no compongo temas sino ideas, porque la música tiene vida propia y ciertas dimensiones”. Y a las complejidades de sus piezas para el cine: “La más difícil y más sutil –luego me resultó estupendo el resultado– fue La última cena, de Titón [Tomás Gutiérrez Alea]. No por el asunto africano, el cual me toca directamente, sino justo por la dicotomía de personajes de la cultura europea, insertada como dominadora de esa etnia tan poderosa que son los africanos para Cuba y su cultura”.
El mexicano Alejandro Filio reconoce la influencia ejercida en su obra por la nueva trova cubana, en especial Silvio Rodríguez, a quien califica de “ideal ético y estético porque en él el compromiso no se vuelve una pose y se da una congruencia entre su canto y sus actos”.
En la conversación con Rafael Valdivia, resulta palpable la pasión del coleccionista. De acuerdo con sus palabras: “Existe una gran producción de discos y constantemente aparecen rarezas. Hay períodos en los cuales prevalece una feliz anarquía; por ejemplo, los años 1958, 1959 y 1960: durante esa etapa funcionaban sellos privados, en los que todavía encontramos numerosas sorpresas fonográficas. En ocasiones son joyas musicales, en otras no; a veces -sin poseer un gran nivel artístico- son rarezas, eso les aporta un determinado valor comercial o histórico […] Descubrir algo así reporta mucha felicidad”.
Entre los asuntos abordados por Carlos Varela se encuentra la evolución de sus melodías: “en los últimos años algunas […] son más simples. Cuando los tiempos de la Casa del Joven Creador, yo componía temas con veinticinco mil acordes, complicaciones barrocas; luego descubrí que ciertas canciones llevan tres acordes y no por eso dejan de ser buenas”.
Ela O’Farrill rememora la época dorada del filin en Cuba. El empresario Francis Cabezas discurre sobre la compañía discográfica Magic Music, especializada en música cubana de varios géneros. Javier Krahe, cantautor hispano, cuenta cómo fue censurado por oponerse a la permanencia de España en la OTAN y de qué manera transcurrió su amistad y su labor profesional junto a Joaquín Sabina.
Rafael Amor confiesa enorgullecerse de ser considerado un folclorista y de pertenecer al movimiento denominado Nuevo Cancionero Argentino. Sus motivaciones para componer andan en torno a “la problemática del ser humano, su condición de individuo y su lucha permanente por la libertad. Otro asunto que me interesa mucho es el de la ternura porque para mí es la manifestación más clara de que un hombre existe. Después vendría el sentido del humor, reír, tener alegría a pesar de los pesares. Los pueblos que saben sonreír son capaces de superarse a sí mismos y se van por encima de sus dificultades. No tenemos por qué dejarles la alegría a los poderosos”.
También conforman el volumen declaraciones de Caetano Veloso, ese brasileño respetado a escala mundial, uno de los fundadores del Tropicalismo; del polifacético José Luis Cortés (El Tosco); de los cantantes y creadores Jorge Sanfiel, Samuel Águila, Silvio Alejandro.

Sobre Yolo Bonilla el entrevistador resalta la hibridación evidente en sus composiciones: “abrevan por igual elementos del jazz, el rock, el funk, el rap, el blues, el soul y la música del Brasil, así como componentes de la rica tradición sonora de Cuba que van del son a la guaracha, pasando por el legado de la nueva trova. En cuanto a los textos de sus canciones, en ellos no falta la imprescindible dosis de crítica y de reflexión que ha signado históricamente al arte de nuestro país”.
Yusa (Yusimil López Bridón), nacida en Cuba, egresada de su sistema de enseñanza artística, recuerda a Santiago Feliú, su coterráneo y compañero de profesión. Además, describe lo encontrado en giras por naciones de América. Sin dudarlo, comenta: “a nivel internacional hay gran respeto por el músico cubano, lo he comprobado en diversos rincones del mundo. Y viene ocurriendo desde hace más de cien años. Pasó en las décadas del veinte, el treinta, el cuarenta y el cincuenta del anterior siglo”.
La pluralidad que distingue al libro no se limita a los géneros musicales presentes en él o a las especialidades de los interpelados (múltiples, si bien interconectadas: cantante, compositor arreglista, productor, promotor, coleccionista); igualmente, sino también al estilo de los textos.
“Como soy de los que apuestan por una mentalidad abierta […] no me amarro a un concepto único de entrevista ni a sus clasificaciones convencionales”, proclama Borges-Triana. Y lo demuestra con variantes donde observamos desde la estructura tradicional de preguntas y respuestas hasta alternativas flexibles; por ejemplo, el rejuego entre lo dicho por los integrantes del grupo A-rock-on-leche y el diálogo del propio Joaquín con otra redactora mientras escuchan la grabación del encuentro. O el retrato verbal del roquero Ozzy Ousbourne, con quien el periodista departió durante la visita del primero al Submarino Amarillo, un conocido club del Vedado habanero.

Aunque todas estas conversaciones ya habían sido publicadas en distintos medios, sobre todo en El Caimán Barbudo, aquí adquieren una nueva dimensión, debido tanto a la imagen panorámica que brindan de conjunto, como a las lecturas paralelas sugeridas en las 13 ilustraciones hechas, especialmente para el volumen, por Hanna G. Chomenko.
Supón que se habla con Joaquín puede descargarse en el siguiente enlace
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