Guerrillero

Pinar del Río: El cirujano pediátrico es un gran orfebre

Unos días después del nacimiento de su niño, pretérmino, sin avisar, después de haber sido intervenido en menos de 24 horas tras llegar al mundo con una atresia esofágica, Yasmany Borrego dedicó, ya desde la tranquilidad que van dando los días, unas palabras al personal de la Salud que atendió a su pequeño, especialmente al médico cirujano que realizó la operación, a los integrantes de la sala de Cirugía del Pediátrico y a la de Neonatología del hospital Abel Santamaría, donde permanecería por varias semanas.

“Quiero que lo sepa por mí primero: sé que todavía nos queda un largo camino por recorrer, que la lucha no se termina hoy, sino que tengo motivos para seguir batallando día a día y convertir a mi niño no en una buena persona, sino hacer de él alguien extraordinario como las personas que nos han estado apoyando incondicionalmente, incluso, sin conocernos.

“Hoy se lo dieron a cargar a mi esposa por primera vez y lo vi de cerquita, no le puedo explicar cómo nos sentimos, una sensación incomparable, saber que está sanando por cada día que él mismo supera. Como dicen los médicos, es un pequeño guerrero.

“A usted le digo un millón de gracias por todo, por el apoyo, por la ayuda, la dedicación, la comprensión y la preocupación. Hoy es uno de esos días en los que el mundo nos queda chiquito por grande que sea, y eso es gracias a todas las personas que han aportado un poquito de amor, en los momentos en los que más se necesita”·.

Sus palabras circularon por las redes, aunque no faltó el abrazo oportuno. El servicio de Cirugía Pediátrica, tan sensible como cualquier otra especialidad que tenga a los niños en su centro de atención, demanda dedicación y entrega, pero, sobre todo, vocación y amor por lo que se hace. Nada se compara con el resultado final: un pequeño sano o con una mejoría en su calidad de vida y una familia feliz.

APRENDER A ENTENDER A UN NIÑO

Dispersos por un cuarto médico, pequeño hasta para el descanso, permanecen los residentes de Cirugía del hospital pediátrico Pepe Portilla. Junto a ellos, también el doctor Jorge Enrique Cabrera Hernández, especialista de Primer Grado en Cirugía Pediátrica, y profesor asistente de la especialidad.

Explica el especialista que desde el 2017, la Universidad los convoca y estructuran lo que sería el Consejo Docente de Cirugía Pediátrica, se presentó el proyecto y desde entonces los residentes empiezan y terminan su formación en Pinar del Río, antes cursaban un tiempo en La Habana.

Para tener un dominio exacto, comenta el profesor, hacen una rotación por módulos de Pediatría y solo después se dedican a la Cirugía: “Si van a tratar con niños tienen que aprender a conocerlo, a interpretar sus señales, porque un recién nacido no habla, no te dice dónde le duele; pero los niños no mienten, y siempre va a haber un gesto, un comportamiento que te va a dar información.

“En cada etapa pediátrica se comportan diferente y uno tiene que aprender a ver aquello que la gente no entiende. Pero eso se aprende con la experiencia. Lleva tiempo conocer y traducir lo que con llanto, con una postura te quieren decir”, comenta el doctor.

También hacen una rotación por Cirugía de Adultos y por la sala de Quemados, de manera que la formación sea lo más integral posible.

UN CIRUJANO TIENE QUE MOVER LAS MANOS

Las palabras del doctor Jorge Enrique Cabrera son claras desde el inicio: “Apenas somos cinco especialistas y seis residentes de todos los años, y lo más importante es que se trabaja en equipo con los anestesiólogos, los enfermeros y con el resto del personal que está en el salón. Con las condiciones actuales de limitaciones de recursos de todo tipo, estamos operando muy poco, -asiente-, y eso es un problema, no solo para el niño que permanece en una lista de espera sino para los cirujanos propiamente que deben mantenerse ‘moviendo las manos’”, enfatiza el especialista.

Persisten las dificultades con el abastecimiento material del salón, tanto lo relacionado con el equipamiento como con el material gastable, pero priman los deseos de hacer, de trabajar.

Comenta el profesor que en la actualidad se operan los casos que llegan de urgencia, todo lo que comprometa la vida del niño, también toda la cirugía oncológica, y aquellos casos que presentan una patología que ya con tratamientos no pueden esperar más porque podrían complicarse, puntualiza el doctor, como son las hernias, por ejemplo.

“Esos casos están registrados, tienen nuestros números de teléfono y se mantienen en comunicación con los médicos que los han atendido”.

Pero, ¿cómo preparar en estas condiciones a los muchachos jóvenes? “Es la parte más difícil, reconoce el profesor, quien se siente con la responsabilidad de formarlos. 

“Las especialidades clínicas van mucho al libro y al paciente, pero nosotros tenemos que operar. Hay que dominar el cuadro clínico, pero las técnicas quirúrgicas se aprenden viéndolas y haciéndolas. Hoy damos seminarios, hablamos mucho, orientamos revisiones de temas y cuando hay un caso se les avisa a todos para que vengan”.

Así van aprendiendo, asiente Cabrera, quien da fe de la valía de los jóvenes que tiene en el servicio, y a quienes, explica, se les va dando espacio en el salón según la complejidad de los casos, su preparación y el año académico, siempre con el especialista al lado.

“Aprovechamos cuando de Urología o Proctología nos piden un residente para que los ayude, y ahí también insertamos a nuestros muchachos. Lo esencial, asegura, es el interés de ese estudiante. Siempre les digo que tienen que prepararse, porque cuando entren al salón con un niño, ese niño no se puede morir, y eso depende en buena medida de la preparación que hagan ahora”.

DEDICACIÓN Y VOCACIÓN

Si algo queda claro es que quienes optan por la Cirugía Pediátrica son conscientes de que en sus manos está la esperanza no solo de un niño, sino de una familia entera que tiene en él su mayor tesoro. 

Por eso para Rachel Brito Acosta, una de las residentes de la especialidad, lo más importante es tener vocación, dedicación y mucho amor por los niños. “Tienes que querer tu profesión, porque nadie te la impuso, y lleva mucho sacrificio, hasta de la familia, pero es algo que escogiste para hacer el bien”.

Similar criterio sostiene Dainé Córdoba González, residente de tercer año, quien empezó verticalizada en Cirugía General, y quizás por ser madre de un pequeño de tres añitos se “enamoró” de la Pediatría, como ella misma asiente.

“Lleva mucho sacrificio, eso es cierto, porque uno no está exento de las dificultades actuales, del transporte y demás, pero siempre se hace el esfuerzo, porque vale la pena. Me encuentro en el lugar que me gusta y ejerciendo la profesión que me gusta”.

La historia de Ronald Reyes Martínez es contraria a la de Dainé. Empezó por Cirugía Pediátrica pensando siempre en la posibilidad de cambiar luego para General, pero le pasó lo que a muchos otros, que después de tratar con los niños y enfrentarse al desafío que es cada intervención quirúrgica en un menor, no pueden hacer otra cosa sino ejercerla y hacerlo bien.

“El profesor siempre nos dice que tenemos que tener paciencia, que vamos de lo más sencillo a lo más complejo. Cuando uno ve esas cirugías a los neonatos es cierto que uno se enamora y sabe que hay que hacerlo bien. Mientras, vamos practicando con algunos sets de sutura que hemos comprado. Imagina entrar a operar a un niñito y que tus manos sean más grandes que el abdomen”, precisa. 

Tras su afirmación sentencia el profesor: “El cirujano neonatal es como un gran arquitecto, como un gran orfebre, que va a reparar o a quitar lo que la naturaleza no formó bien, como un intestino mal formado, un órgano, ese su trabajo”.

Luis Daniel Pérez Pérez, residente de primer año, siempre pensó transcurrir con su carrera normal, quizás por un consultorio médico, no sabría decir bien ahora, pero había pasado el sexto año como enfermero de la sala de Cirugía. Había visto muy de cerca los procedimientos quirúrgicos, el trato hacia los niños y sus familiares, y todo ello le fue llamando la atención, tanto como para que optara por la especialidad al concluir el sexto año. “Es diferente a todo lo que había visto antes, es la finura de la primera incisión, el detalle para cerrar la piel, el trato a los que llegan por una cirugía menor. Todo lleva delicadeza y corazón”, asegura.

El caso del joven Frank Baullosa fue diferente. Desde primer año supo que optaría por la Cirugía Pediátrica. Su hermana pequeña nació con una enfermedad de Hirschsprung, trastorno congénito que causa una obstrucción del intestino grueso, hubo que llevarla muchas veces al hospital, al William Soler, en La Habana, a operarla, y él siempre estuvo presente. “Empecé a conocer un poco la especialidad, a ella se le había diagnosticado tarde, ya estaba estudiando Medicina. El hospital también reúne unas condiciones que enamoran, el servicio. Después, con el seguimiento aquí, conocí a los especialistas, y ya tenía una noción de las cosas, no me tomó de sorpresa lo que se vive en la especialidad, opté por ella porque ya la conocía”.

A Frank, como a sus compañeros, le preocupa que hoy no operan todo lo que debieran y señala un sillón del cuarto médico lleno de nuditos, en el que practican las formas de anudar las suturas. Es un local al que uno entra y se respira la profesión, sobre todo, por el interés de los residentes y la exigencia de los profesores, que exhortan a hacer un uso consciente de internet en su formación y a aprovechar las posibilidades que antes no existían.

Insisten en no dejar ningún nombre fuera de este reportaje. Por esos pasillos está la impronta también de los doctores Jorge Manuel Flores Contreras, Agustín González, Liván Robaina y Santiago Puentes.

Hay algo puntual en lo que hacen hincapié: A la familia no se le puede decir mentiras. “El niño es muy frágil, señala el profesor, tú lo ves ahora bien y a los 10 minutos se complicó, por eso se enseña también a tratar con ellos, es parte de la tarea de un médico”.

Cuando se les avisa, asisten siempre que pueden a las intervenciones quirúrgicas que se anuncian. Los más veteranos se encargan de garantizar la formación de los más jóvenes, porque en medio de un contexto lleno de limitaciones, nada sigue siendo más importante que la vida de un niño.

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