Más que extrañar su voz, cuando durante varios días dejan de escucharlo, las audiencias habituales de Radio Rebelde aseguran que está en Sancti Spíritus. Lo ha confesado siempre al retornar. Basta entonces salir a la calle y, en plena Avenida de los Mártires, el bulevar o el parque Serafín Sánchez Valdivia, se tropieza de frente con Pedro Martínez Arcos; no el prestigioso locutor, sino el Pedrito de siempre.
“Cuando vengo lo que más hago es caminar. Visito a todo el mundo porque necesito nutrirme del espíritu de la ciudad, de los cuentos del barrio, de las historias que nos contamos hace muchísimo tiempo y aún viven”.
Hace ya 20 años de esa rutina. En cada abrazo y beso, retorna la energía que tanto precisa para conquistar con éxito los escenarios capitalinos.
“En La Habana, al encontrarme con un rostro espirituano, inmediatamente lo reconozco porque Sancti Spíritus está en mí. Sencillamente, cambié de paisaje. Hay solo unos kilómetros más allá”.
DE LA CASA DE CULTURA A COBERTURAS DE PRIMER NIVEL
¡Y no exagera! Escucharlo es reencontrarse con el mismo adolescente delgaducho que un día tocó a las puertas de la Casa de Cultura Osvaldo Mursulí, de la urbe del Yayabo, para descubrir la magia de la animación. Sin imaginarlo, fue ese el primer paso para adentrarse en un mundo que lo desvive.
“Entré en 1982 en el curso para formar animadores que regía Delio Luna Echemendía y tenía como monitor a mi buen y siempre recordado amigo Norberto Valdivia. Gracias a esa preparación, hice muy jovencito cabaré, trabajé en las plataformas del Santiago Espirituano y de la Feria. Ya en la década de los 90 llegó la radio”.
Con ese último vocablo, el rostro de Pedrito cambia. Suena incluso con musicalidad. Le resulta imposible disimular su amor por ella. Quedó flechado a primera vista y vive convencido de que lo acompañará hasta el último de sus días.
“Se iba a estrenar un programa para adolescentes llamado El Boogie Boogie. Me escogieron y el primer encuentro fue en vivo. Luego, vinieron días enteros de grabación en el estudio del Dramático de Radio Sancti Spíritus. Su olor y los sonidos jamás los he olvidado. Durante un tiempo estuve en ese espacio, aunque mi voz ya no tenía que ver con su público meta. Solo decía al principiouna frase de Rabindranath Tagore, que cambiaba en cada emisión”.
De frente al micrófono, se sentía como pez en el agua. Perdía la noción del tiempo en los pasillos y las cabinas. La década de los 90 fue definitoria: ingresó en la universidad y en el curso de habilitación en locución.
“Fueron tres años de formación. Primero, la parte teórica y, luego, recibimos la práctica. Cada momento con profesores de lujo como María del Carmen Monteagudo, Ernesto Valdés, Alfonso Abreu…”.
Junto a algunos de ellos compartió Pedrito en su más reciente visita a Sancti Spíritus. Decenios, espacio del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), reunió a varias generaciones de radialistas para honrar los casi 81 años de ese medio en esta tierra. Entre tantas confesiones, el actual locutor de Así, espacio de gran audiencia en Radio Rebelde, confesó cómo dar la hora se volvió en un verdadero reto.

“Allí me formé, me discipliné, me impulsó a investigar y me hizo un profesional. Radio Sancti Spíritus me obligó a transitar y a prepararme constantemente. Encontré a personas mayores con una carrera sólida. Me nutrí de artistas y periodistas. Entendí enseguida que tenía que imponerme para quedarme porque solo existía una emisora. Me hizo crecer como ser humano.
“Que hoy exista en nuestra provincia Decenios, espacio de la Uneac, es muy importante porque pondera a sus aristas. A veces, los de la radio no lo somos. Incluso, la gente no nos identifica, a no ser por la voz. Por eso, siempre he pensado que mientras estás en la radio eres locutor y cuando apareces en la televisión entonces eres artista.
“Pero voy a seguir siendo locutor, en cualquier espacio. Es una profesión que hay que querer. En algún momento se ha dejado de querer a los locutores porque lo hemos permitido y debemos recuperarlo desde la responsabilidad, el prestigio y respeto, tal y como se sintió en este encuentro de la Uneac”.
La Habana, ¿necesidad u obligación?
“Una necesidad, resultado de otras ambiciones, en el mejor sentido de la palabra. Sentí que había llegado a un tope. Cuando me fui, incluso, se habían hecho programas para mí como Serenata y La aldaba oportuna. Tuve miedo a involucionar. Eso me ha dado siempre temor. Precisé de otros retos y siempre he pensado que saber no ocupa espacio. Irme a La Habana era aprender cosas nuevas.
“Fue una osadía irme de la noche a la mañana, sin tener seguridad de lo que iba a hacer. Y, mucho más, sin saber si me podía insertar en un medio”.
Cargó así con una maleta y no pocos sustos. Radio Reloj, la primera oportunidad hasta que tropezó con Luis Morlote, quien, además de liderar a nivel de país la Asociación Hermanos Saíz (AHS), de la cual Pedrito era entonces miembro, dirigía los sonidos que despiertan a Cuba: Haciendo Radio.

“Entré a hacer las culturales y estuve 16 años. Cada uno significó una responsabilidad y privilegio. Me enseñó a generar los propios contenidos que leía. Fue coincidir con Ana Teresa Badía, Magdiel Pérez, Luis Rodolfo Serra, Elsa María Cortés, Eduardo Dimas, Orlando Contreras… Realmente, Haciendo Radio me moldeó y me permitió llegar a sitios que nunca imaginé”.
Tres meses después de plantar carpa en medio de la Rampa habanera, Pedro Martínez Arcos se encontró en un tú a tú con la experimentada periodista Bárbara Betancourt. Desde Cienfuegos y para el mundo, ambos fueron los ojos de la IV Cumbre de Petrocaribe.
“Fueron tres días intensos. El director de aquella transmisión, Ismael Rensoli, me dijo al concluir: ‘Chama, estás en el sistema y no vas a salir’. Y de verdad que no salí de esas transmisiones”.
En su currículo se acumulan descripciones relacionadas con las estancias en Cuba de los papas Benedicto XVI y Francisco, el encuentro del ortodoxo ruso Kiril (Cirilo) con el Papa 266 de la Iglesia Católica, la llegada al Aeropuerto Internacional José Martí del entonces presidente de los Estados Unidos Barack Obama, su intervención en el Gran Teatro de La Habana y, luego, su despedida antes de subir al avión.
“Lo más reciente fue la Reunión del Grupo de los 77+China. Siempre me acompañan grandes periodistas como Ana Teresa y Zenaida Costales. De todos me nutro para ejercer el periodismo porque hasta eso me ha obligado Haciendo Radio y, por supuesto, RadioRebelde.
“También me ha permitido darle voz a la revista cultural Así, donde me ha tocado asumir el reto de ser continuador de la obra de Franco Carbón, uno de los grandes locutores de este país”.
VIAJE A LA SEMILLA
Sentado en su casa grande: Sancti Spíritus, mira por el retrovisor y parece que cada paso fue ayer y sencillo. Pero dos décadas pesan. Más cuando, además de crecerse como animador en prestigiosos cabarés del país, también se ha sentido cómodo frente a las cámaras de la televisión nacional.
“Me fui de Sancti Spíritus pensando que no estaba preparado para trabajar en ese medio. Me lo hicieron creer porque nunca me permitieron hacer televisión aquí. Después de cinco años en La Habana, Marino Luzardo y la directora del programa Al mediodía me lo propusieron. En el año 2012, me sentaron de frente a tres cámaras en vivo, cuando nunca en mi vida había estado así. No sé si hice o deshice el programa, pero el asunto es que desde entonces me he mantenido como el sustituto de ese gran locutor y han llegado otras responsabilidades”.
A los radialistas se les tilda de llevar “manías” cuando intentan conquistar la televisión…
“Quien transita con facilidad por la radio podrá transitar felizmente por la televisión. No vamos a la televisión con manías. A la inversa, sí. Creo que no conozco nada de televisión, todos los días aprendo. Son medios iguales y, al unísono, muy diferentes. Agradezco que me dieran la oportunidad que nunca pensé ni salí a buscar”.
Pasados 20 años, ¿cuál ha sido la clave de éxito para triunfar en un contexto tan fuerte como La Habana?
“La capital no te recibe con los brazos abiertos. Tienes que abrazarte a La Habana. Y en ese abrazo nutrirte de todas sus costumbres, de todas sus maneras… Recuerdo que sentía mucha tristeza cuando al salir a La Rampa no conocía a nadie. En Sancti Spíritus, todos nos conocemos o al menos nos hemos visto una vez. Hay que acostumbrarse. Sin dejar de ser espirituano, hay que ir queriendo y respetando a La Habana”.
Confiesa Pedrito que un arma vital ha sido amanecer conectado a este periódico en busca de sus últimas publicaciones o seguir cada mención con sello espirituano en el resto de los medios.
“También han sido esenciales la disciplina, constancia y la profesionalidad llevadas desde aquí. La mayoría de los locutores no somos habaneros. Somos una especie de ajiaco. Si pierdo las raíces dejo de existir.
“Por eso, soy el mismo muchachito que llegó a la Casa de Cultura, a la que quiero tanto, al igual que a Radio Sancti Spíritus y a todos mis coterráneos”.
¿Alguna vez has pensado volver a la tierra?
“Si hay que hacerlo, volveré sin problemas. Mis padres están en aquí, al igual que el resto de mi familia. Lo haría de la mejor manera y con todo el orgullo del mundo. Por ahora, no lo he pensado porque me encuentro en un momento pleno de mi desarrollo profesional. De hecho, nunca me fui. Aquí estoy”.



