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¡Setenta y seis donaciones suma Pipián!

Alegre, jaranero, con una sonrisa tatuada en la piel y en el alma, va Lázaro Robaina Meralla por la vida, haciendo el bien. Y aunque hay muchas maneras de extender la mano, Pipián –como lo conoce la gran mayoría– encontró una forma muy especial de hacerlo cuando apenas tenía 14 años, en un acto que no solo ha transformado su existir, sino también, el de muchos otros.

Su historia como donante de sangre comenzó hace casi cuatro décadas, mientras estaba becado en la ya desaparecida ESBEC Mártires de Bolivia, en Alquízar. “Recuerdo que había una misión de profesores en Nicaragua, ocurrió un incidente y necesitaban donaciones. Mi papá era donante y no lo pensé dos veces; después se volvió una costumbre y cada cuatro o cinco meses lo hacía”, dice mientras rememora los años iniciales, siendo un adolescente todavía.

Setenta y seis donaciones suma hasta la fecha, guiado por el ejemplo de su padre, quien también sobrepasó las 70; mientras que, tres de sus hermanos igual son donantes.

Entre las etapas de mayores cifras refiere el Servicio Militar. “Había mucha estabilidad en ese sentido; también lo hice bastante como machetero, pues se lanzaban disímiles convocatorias, así como en la Agencia General de Seguridad y Protección, y por los CDR. He tenido amistades cuyos familiares lo han necesitado y les he dicho, «¿Pa’ dónde hay que ir?». A veces, he estado en el hospital, ha llegado un caso de urgencia y han podido contar conmigo, porque he estado en el rango del tiempo de donar y mi sangre, que es O+, ha resultado pertinente

“Llega un momento en que el cuerpo te lo pide; al menos a mí me sucede. De muchas formas se manifiesta, ya sea picazón, molestias, sangre por la nariz, vista nublada. Yo lo necesito, por eso ahora, cuando supe que por el trabajo de mi esposa harían donaciones, no dudé en aprovechar la oportunidad”, afirma este marieleño, que labora como Agente de Seguridad y Protección en la Empresa de Asistencia y Servicios.

A sus 53 años, no puede olvidar uno de los momentos que más lo ha marcado. “Es la donación que más recuerdo, la mayor que he hecho y la que más me ha afectado, porque estuve ocho horas inconsciente. Fue por el año 98. A mi hermana se le presentó un aborto espontáneo y la acompañé al hospital de Guanajay, pues además, en esos casos se puede requerir de una donación. Estando allí llegaron con un accidentado.

A los pocos minutos salió el ginecólogo y me dijo: «Oye, Jabao, ¿tú no eres donante?, ese hombre se está muriendo y necesita una donación».

“Fue directa, de paciente a paciente, la única que he hecho de esa manera. Cuando sentí que dijeron del otro lado, «Ya lo tenemos», sentí una satisfacción muy grande. Al rato de terminar, me senté y se me fue el mundo. Eso fue como a las once y pico de la mañana y vine a reaccionar a las 7 de la tarde”, cuenta Pipian.

“Ya al compañero lo habían logrado estabilizar para trasladarlo hacia La Habana, porque estaba mal. Yo no sabía nada de mi hermana y tenía además que haber ido en la tarde a la casa, a buscarle la comida a mi entonces esposa que estaba en Cuidados Perinatales. Al despertar, allí estaba la mujer del accidentado, un hermano y el hijo, me dijeron, «Tranquilo, tu hermana está bien y tu mujer ya tiene su comida».

“Como a los seis años me remiten para Guanajay, porque tenía un dolor de cabeza muy fuerte; me hacen análisis y cuando estoy sentado afuera esperando los resultados, viene una mujer con su esposo que llevaba un bastón. Ella fue la que me reconoció y le dijo a su compañero, «Él fue el que te salvó la vida; él fue el que te dio la sangre».

“Yo me sentía muy mal y ella le preguntó a mi esposa que me sucedía; se interesaron por mi estado de salud y por la gestión de ambos me hicieron la prueba de la leptospirosis, y entonces me diagnosticaron la enfermedad. No hemos coincidido más, pero fue una anécdota bonita y, a la vez, dolorosa, que me marcó”.

Historias como la de Pipián nos recuerdan que cada donación es un acto de amor capaz de salvar vidas y transformar realidades. Cada gota de sangre compartida es una nueva oportunidad.

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