Juan Nicolás Dávalos: el precursor de la bacteriología en Cuba
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Juan Nicolás Dávalos: el precursor de la bacteriología en Cuba

Juan Nicolás Dávalos nació en Sabanilla del Encomendador, Matanzas el 6 de noviembre de 1857, hace 169 años. Hijo del matrimonio formado por Juan Nicolás Dávalos García y Doña María Betancourt González.  De esa unión nacieron 4 hijos, 2 varones y 2 hembras: Juan Nicolás, José Plutarco, María y Antonia.

La condición campesina de su padre, dedicado al trabajo y el fomento de sus propiedades, permitió a Juan Nicolás creció en un ambiente rodeado de la naturaleza, eso le permitió dedicarse a las investigaciones en el campo y la labor experimental.

Ingresó en el colegio Los Normales, de la ciudad de Matanzas, para cursar la primera enseñanza. En aquel plantel tuvo varios discípulos, entre ellos su primo, también futuro galeno y general del Ejército Libertador, Pedro Betancourt y Dávalos del cual fue agente de confianza en distintas gestiones, entre ellas la búsqueda de medicamentos para enviar a la manigua.

Con otros alumnos mantuvo fraternal camaradería, pero con uno hizo una amistad que habría de durar toda la vida, Federico Grande Rossi. El propio Grande Rossi lo describe en esa época de esta manera:

“Era alto y enjuto; muy alto parecía, por lo menos entre sus compañeros. Perfectamente recuerdo cuando llamaba mi atención infantil aquel gigante relativo que sobresalía entre los pequeños condiscípulos y que en las horas de recreo se sentaba, silencioso y casi inmóvil, en el más apartado banco, lejos del enjambre bullidor”.

Al concluir la primera enseñanza, pasó a cursar el bachillerato en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, en el que se graduó como Bachiller en Artes en 1879.

Luego estudia Medicina en la Real y Literaria Universidad de La Habana; estudios que vio interrumpidos en el último año a causa de un consejo disciplinario que lo expulsó de la universidad, debido a un problema con el profesor de medicina legal que lo examinó, quien lo suspendió injustamente.

Sin embargo, no se acobardó e ingresó en la Universidad Central de Madrid, España, donde se graduó de Licenciado en Medicina y Cirugía en 1886, a los 29 años de edad.

Viajo a París, donde recibió influencias de las doctrinas de Louis Pasteur, y más tarde a Alemania, Inglaterra y los EE. UU., por lo cual se hizo de la necesaria cultura práctica en el laboratorio, que era lo que le atraía y deseaba prestigiar con su desempeño.

A su regreso a Cuba, dijo con satisfacción: “Todo pasa para bien, como decían los árabes. Ese incidente me dio la oportunidad de conocer Europa, ensanchar mis horizontes científicos y reafirmar mi vocación por mi especialidad de investigador”.

Al retornar a La Habana solicitó un puesto en el laboratorio histobacteriológico, que recién acababa de fundarse en 1887 y donde laboraba el doctor Diego Tamayo, quien fue su compañero de trabajo. Allí ocupó una plaza de investigador.

Por otra parte, el 25 de noviembre de 1899 obtuvo el título de Doctor en Medicina en la Universidad de La Habana, por revalidación.

Entre sus primeros trabajos de investigación científica, publicados en la revista Crónica médico quirúrgica de La Habana, se encuentra el titulado “Estudio de la pintadilla” en 1888, realizado en colaboración con el doctor J.M. Pardiñas, en el cual se analizaba esa enfermedad epidémica en los cerdos, en busca de un suero preventivo.

Sobre la misma temática, publicó en el propio órgano de prensa “La jutía como propagadora de la pintadilla” (en 1888), “La pintadilla en el cuerpo del curiel” (en 1889), y “La pintadilla: contribución al estudio del ganado de cerda en la isla de Cuba” (en 1889).

En colaboración con el doctor Manuel Fors, acometió una investigación que concluyó con el descubrimiento del germen de la enfermedad de las aves, que se conoce con el nombre de “Higadillo” (1888).

Sus estudios “Contribución al estudio del paludismo” y “Las anginas infecciosas”, realizados de conjunto con el doctor Domingo Madan, se publicaron en 1889 y 1891, respectivamente.

Por otra parte, en artículo que se publicó en 1892 con el título “Notas sobre la fermentación del tabaco”, daba cuenta de sus investigaciones acerca de esa planta, especialmente en lo relacionado con su composición química y los gérmenes que contiene, la siembra, el procesamiento y manipulación de las hojas, hasta su final elaboración para el consumo.

Durante casi una década, encabezó una activa campaña contra el muermo, enfermedad infecciosa sumamente transmisible, que ataca fundamentalmente al ganado caballar -pero puede contagiar al hombre-, cuya virulencia en La Habana era causada por la crianza masiva en establos, de equinos dentro de la ciudad.

El doctor Dávalos realizó numerosos estudios sobre otras enfermedades y sus agentes; peor el mayor de sus triunfos, su obra fundamental fue la introducción y producción en Cuba, del suero antidiftérico.

En ese mismo año de 1894, también en colaboración con Enrique Acosta, y mediante la utilización de un procedimiento modificado, desarrolló la vacuna antidiftérica cubana.

Ese aporte permitió enfrentar el azote que la difteria, con alta mortalidad, constituía para la población infantil en Cuba.

Cuba fue el primer país de América en aplicar el suero contra la difteria. Fue aplicado a una niña con difteria, una inyección con 10 g del suero, solicitado al laboratorio histobacteriológico.

A las 24 horas la enferma estaba curada. Este es el primer caso registrado en los anales de la medicina cubana, de la aplicación del suero antidiftérico producido en Cuba, con notable resultado.

Fue uno de los pioneros en la lucha contra el tétanos en Cuba y en este campo, su gran obra fue determinar la presencia del bacilo causante, en el pabilo que se utilizaba para ligar el cordón umbilical en los recién nacidos.

En 1895 fue aceptada su solicitud de ingreso a la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana. Fue designado como oponente el doctor Claudio Delgado. En 1897, en sesión solemne a la que asistió el académico doctor Carlos J. Finlay, el doctor Dávalos ingresó a esta institución, con el trabajo “La seroterapia”.

Estudia no solo el muermo y el carbunclo, sino también el paludismo, la fiebre amarilla, la lepra, la angina infecciosa, la fiebre tifoidea, el tétanos, la tuberculosis, la difteria y otras.

Fue miembro de numerosas organizaciones científicas. En 1890 recibió la nominación de miembro titular de la Sociedad de Estudios Clínicos de la Habana,

Fue electo vocal de la Sociedad de Higiene de La Habana y en 1895 formó parte, como miembro numerario, de la Sección de Ciencias de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, de cuyo museo fue conservador entre 1897 y 1899.

se desempeñó como miembro de la Cruz Roja cubana, como profesor de la asignatura Bacteriología en la Escuela Preparatoria de Medicina de La Habana y como bacteriólogo jefe del Laboratorio Clínico del Sanatorio “La Benéfica”, del Centro Gallego de La Habana.

Fue parte de la Comisión Nacional Cubana del Congreso Internacional de Tuberculosis -que se celebró en Washington en 1908- y vocal del Comité Cubano de Tuberculosis, del congreso celebrado en Madrid, España, dos años más tarde.

Bacteriólogo e investigador honesto, laborioso y tenaz, logró por esfuerzo propio ocupar el lugar más destacado en Cuba en su especialidad.

Trabajó intensamente en la búsqueda de las bacterias, para su debido control y promovió el uso del tratamiento de las enfermedades microbianas a través del suero sanguíneo de animales inmunizados por la misma enfermedad (seroterapia).

El doctor Juan Nicolás Dávalos y Betancourt es el precursor de la bacteriología en Cuba y dignificó la práctica médica en el laboratorio. Logró por esfuerzo propio ocupar el lugar más destacado en su área de las ciencias. Fue apreciado por sus contemporáneos; su obra y legado permanecen para el conocimiento de la generación actual y las venideras.

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