Alberto Reyes: «Cuando la prioridad es gritar más fuerte que el adversario, es imposible escuchar el sufrimiento de un pueblo»
El sacerdote cubano Alberto Reyes Pías, una de las voces críticas más persistentes desde el interior de la Isla, publicó este sábado en Facebook la entrega 181 de su columna semanal «He estado pensando» para desmontar el relato triunfalista del régimen tras el altercado del canciller Bruno Rodríguez en la Asamblea General de la ONU.
Reyes calificó de «bochornoso incidente» la actuación de la delegación cubana el pasado martes, cuando Rodríguez interrumpió el discurso del embajador estadounidense Mike Waltz —quien mostraba fotos de bienes de la familia Castro—, avanzó hacia el podio y lo llamó «mentiroso».
El régimen presentó la escena como una «defensa de Cuba»; pero para el párroco de Esmeralda, Camagüey, «esa es sólo una parte de la ecuación».
«Hay mucha gente al otro lado de la ecuación, gente a la que nadie mira, porque cuando la prioridad es gritar más fuerte que el adversario, es imposible escuchar el sufrimiento de todo un pueblo», escribió el sacerdote.
En su reflexión, Reyes contrapone la escena diplomática con casos reales que conoce: mujeres que roban para alimentar a sus hijos, madres que mendigan entre lágrimas, otra que en un acto de desesperación extrema mató a su hija con síndrome de Down antes de suicidarse, y dos niños de nueve y 11 años que fabrican carbón para sobrevivir.
«Millones de cubanos necesitan electricidad, alimentos, medicinas, libertad y esperanza, necesidades que no serán solucionadas con ninguna victoria mediática», sentenció.

El sacerdote va más allá del episodio diplomático y apunta directamente a la naturaleza del régimen. Asegura que «el pueblo cubano sigue sin importarle a nadie», y que incluso si el embargo se levantara mañana, «la situación del pueblo seguiría igual, o tal vez peor», porque el gobierno «ni quiere ni puede permitir que el pueblo prospere».
Su razonamiento es contundente: «Toda mínima prosperidad del pueblo implica una pérdida de poder, implica una posibilidad de que la gente se anime a reclamar sus derechos, y ese sería el inicio de la libertad, el camino de la democracia, es decir, de la senda prohibida».
Reyes, que ha sufrido citaciones de la Seguridad del Estado, amenazas de procesamiento judicial y la prohibición de viajar al exterior, no cede ante las presiones.
Su columna de este sábado concluye con una frase que resume su posición: «La verdadera defensa de Cuba comenzará cuando la dignidad del cubano de a pie importe más que el orgullo de cualquier gobierno, cuando la verdad no sea considerada una amenaza, y cuando el objetivo deje de ser una estadística para intentar abofetear al enemigo».
El altercado en la ONU no acabó con la maniobra de intimidación de Bruno Rodríguez y sus secuaces. Richard Tur de la Concepción, primer secretario de la misión cubana, intentó arrebatarle el teléfono al portavoz de Waltz, y le lanzó un manotazo mientras este grababa la confrontación.
Tras ser expulsado por Estados Unidos, Tur regresó a La Habana y fue recibido con honores por la Cancillería cubana, en un gesto que el régimen utilizó para reforzar su narrativa de confrontación.
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