Amancio, el placer del trabajo 
Portada Trabajadores

Amancio, el placer del trabajo 

Amancio Espinosa Áreas nació en Las Mercedes, una comunidad rural del municipio tunero de Jobabo, “es cercano a La Esperanza, adonde se llega por Sirven”, lo detalla como una muestra de apego a sus raíces.

Foto: Jorge Pérez Cruz

En el relato enfatiza: “De  esta zona es toda mi familia. Allí y con ellos aprendí a trabajar duro en el campo, y los principios cívicos y de honradez que todavía andan conmigo.

“Mi papá fue combatiente y me inculcó  esos valores, y el amor a la Patria y a la Revolución que “estoy dispuesto a defender siempre y al precio de cualquier sacrificio”, afirma con una expresión que no es frase hecha para salir del paso, si no convicción que lo ha acompañado siempre frente a las duras tareas asumidas”, remarca porque agradece la educación recibida desde la cuna.

Una merecida condecoración 

En los últimos días del mes de abril, preámbulo del Primero de Mayo, Amancio recibió la orden Lázaro Peña de Primer Grado, una condecoración fundada en  52 años de trabajo creador, 48 de ellos vinculados con la industria alimentaria, en los que ha forjado brillante  trayectoria.  

Foto: Jorge Pérez Cruz

El alto reconocimiento sindical es un premio que distinguen su disposición y su entrega cotidianas que lo llevaron, también,  a luchar por la independencia de la República Popular de Angola (1988-1989), “nunca hice nada, asegura,  buscando este el alto reconocimiento”, y reconoce que “es un estímulo y un compromiso grande de seguir aportando desde mi puesto de trabajo y la pequeña extensión de tierra que cultivo  en horas de descanso laboral”.

Los primeros pasos

Amancio entró al mundo laboral por las puertas de la termoeléctrica de Cienfuegos, en el sector de la construcción, pero la añoranza pudo más y lo devolvió al terruño natal, “entonces me hice maestro panadero y dulcero, y ya no me he separado nunca de ese oficio”.

En su retorno hizo de la panadería Rosendo  su “cuartel general” y su quehacer trascendió el manejo conformista de la harina y de otros insumos que a veces escasean y se hizo innovador para que en tiempos de carencias –que no han sido pocos- el pan y otros alimentos no faltaran a los consumidores.

Sus compañeros de faena de la “Rosendo Arteaga” le agradecen los aportes realizados en los años duros del Período Especial, cuando propuso y argumentó la posibilidad del uso de la pulpa de calabaza para hacer flan  y de otros aditamentos para extender las cantidades de harina, hacer el pan y  dulces  que ayudaban a la gente y a la salud económica del colectivo.

Visión estratégica

La experiencia ha consolidado su sabiduría y su visión estratégica, y  gracias a esas virtudes se aferró a dos añejos hornos de leña que denominó  objetivo a preservar,  “los iban a tumbar y los declaré `trofeo de guerra´, porque fueron muy útiles en el Período Especial. Yo los conservé y los atendí por más de 20 años junto a los de  tecnología moderna que nos entregaron”, recuerda con satisfacción.

Construidos en la década de los 70 del siglo pasado, los hornos fueron un ´salvavidas´ en los días más duros del Período Especial, por eso decidí hasta hoy protegerlos y tenerlos como una reserva para contingencias.

“Y ahí están, sirviendo todavía”, remarca y comenta “ahora que nos falta la electricidad por muchas horas y son los que usamos cuando nos asignan materias primas. Podemos elaborar hasta 40 mil panes, que es la población total del municipio, aunque por las limitaciones de recursos a veces fabricamos alrededor de dos mil”.

En los campos de caña

“Todos los años me movilizaba y  cortaba en cada contienda más de cien mil toneladas. En una ocasión sobrepasé las 200 mil, y varias veces fui elegido entre los mejores macheteros del  país, y todos los años seleccionado mejor trabajador de mi centro laboral”, lo dice con la sencillez de los hombres que prefieren hacer.

Ahora está convencido de que muchas de las medidas implementadas en el Período Especial pueden ser muy útiles en los tiempos que corren, y sugiere la posibilidad de obtener harina del sorgo y de maíz, aprovechar las cañas quedadas en los campos en la producción de guarapo, melado…, 

“La leña la tenemos nosotros. Hay bastante marabú, algarrobilla, manigua, tierra improductivas…”, remarca, y exhorta a “volver a esas prácticas, porque ayudaron bastante cuando la URSS y el campo socialista se desintegraron”.

Amancio cumplió 67 años el pasado  5 de mayo y mantiene intactas voluntad y energías, “me jubilo, pero no me retiro. Voy a seguir trabajando y apoyando en lo que haga falta a la Revolución desde mi puesto de trabajo y en el pedazo de tierra que cultivo”.  

 

Acerca del autor

Licenciado en Periodismo (Universidad de Oriente, 1986), máster en Ciencias de la Comunicación (Facultad de Comunicación Universidad de La Habana, 2010). Inició como colaborador (1999) y desde el 2008 es corresponsal de Las Tunas. Profesor adjunto de la Universidad de Las Tunas con categoría de asistente. Cumplió misión en la República de Haití (2000) y en la República Bolivariana de Venezuela (2018-2021). Es colaborar del Periódico 26 y de la emisora provincial Radio Victoria.

Compartir…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *