Diseñadora cubana en México cuenta cómo afronta el cáncer de mama con apoyo familiar

Yusleidy Llerena Fernández, conocida como Yuli, emigró a México en 2022 con un título del Instituto Superior de Diseño y una maestría en Gestión de Diseño. Este año, un diagnóstico de cáncer de mama con metástasis en los ganglios cambió por completo su vida, según una entrevista publicada este domingo por elTOQUE.
Todo comenzó de manera fortuita: mientras acompañaba a un familiar a una consulta con un cirujano, Yuli mencionó de paso que había notado un bulto en uno de sus senos. Acababa de terminar la etapa de lactancia con su hija menor, a quien amamantó hasta los tres años, y pensó que podía tratarse de leche residual. El médico le recomendó una mamografía, cuyo resultado fue BI-RADS 4, un hallazgo sospechoso que exigía biopsia. La biopsia confirmó lo que ella no esperaba.
«Yo nunca he fumado ni he tomado, le di de mamar a mis dos hijos, no hay antecedentes de cáncer en mi familia, por lo que estadísticamente no habría un por qué. Me fue muy difícil comunicarle la noticia a la familia, sobre todo a mi mamá porque yo nunca me enfermo», relató al medio.
Sin seguro médico contratado, Yuli acudió al Centro de Salud de su localidad, que la derivó a un Hospital de Alta Especialidad. Un trabajador social determinó que el sistema público la ayudaría a costear el tratamiento, condicionado a la disponibilidad de los medicamentos. El hospital también le asignó una psicóloga de apoyo. Yuli ya ha comenzado el tratamiento, que contempla seis sesiones de quimioterapia cada 21 días, seguidas de una operación.
El peso económico del proceso ha sido considerable. Los estudios previos —mastografía, tomografías, biopsia, consulta oncológica e inmunohistoquímica de ganglios— afectaron su fondo de emergencia. «Por el sistema de salud público demoran bastante tiempo y necesitaba con urgencia realizarme varias pruebas», explicó.
Por eso, también, animada por su familia y amigos, impulsó una campaña de recaudación de fondos en la plataforma GoFundMe: «Ayuda para mi tratamiento de cáncer de mama».
Su esposo es ahora el principal sostén económico del hogar y también la acompaña a las sesiones de quimioterapia, que pueden durar alrededor de cinco horas cada una. «He tenido días en los que anímicamente no he podido trabajar por miedo a cortar la tela y que se eche a perder», admitió Yuli, quien se reinventó en México confeccionando ropa y trajes para festivales.
El tratamiento también ha transformado su vida como madre de dos niños de tres y siete años. Yuli explica que debe extremar las precauciones para evitar infecciones y lamenta no poder cargar y besar a sus hijos como acostumbraba. «Es difícil tener que cortarte el pelo, mirar a los niños y explicarles…», dijo. Aun así, se aferra a una certeza: «Esto será transitorio».
Lo que ha sostenido a Yuli en este proceso es una red de afectos construida a ambos lados del océano. Amigos cuidan a sus niños para que pueda completar el tratamiento, y su madre cruzó el Atlántico para estar a su lado: «Ha podido venir desde Cuba a acompañarme».
«Es muy difícil que todos lleguen y pidan que seas fuerte, prefiero una visita y que me hagan olvidar que estoy enferma. Ser mamá, migrante, además no tener seguro, me dio mucho miedo, fueron muchas cosas de momento», confesó a El Toque.
El caso de Yuli no es el único entre cubanas que enfrentan dificultades económicas o problemas de acceso a medicamentos durante el tratamiento del cáncer, tanto dentro como fuera de la isla. El cáncer de mama es el tumor maligno más frecuente entre las mujeres cubanas, con una incidencia de 68.5 casos por cada 100,000 habitantes registrada en 2023, según datos de la ONEI citados por IPS.
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