El Ministerio de Comercio Interior (Mincin) auspició el Primer Encuentro de Socialización de Experiencias con los gestores de los Mercados de Barrio, organizado por Impulso Consultora.
Esta cita reunió a trabajadores por cuenta propia, representantes de formas de gestión no estatal y funcionarios del comercio interior de La Habana Vieja, Cotorro, Plaza de la Revolución, El Cerro y Marianao.
El espacio fue moderado por Arturo Vázquez Hernández, administrador de Impulso Consultora y asesor de la ministra de Comercio Interior, y contó con la presencia de Inalvis Smith Luben, viceministra del sector.
Entre los principales objetivos resaltaron profundizar en el funcionamiento de esos mercados, intercambiar sobre la gestión, el abastecimiento y la atención al cliente, e identificar buenas prácticas, con una primera conclusión: el principal dolor de cabeza para los actores económicos es el abastecimiento, que incide directamente en los precios minoristas.
No se trata solo de que falten productos, dado que comprarlos exige, en muchos casos, pagar en dólares porque los suministradores no aceptan moneda nacional ni transferencias, con proveedores internos que resultan más difíciles que los externos.
Dicha situación encarece y complica todo desde el primer eslabón; quien gestiona un mercado de barrio tiene que conseguir la mercancía en condiciones que no dependen de él y que luego se reflejan en el precio final.
Los beneficios fiscales no bastan para resolver ese nudo, pues los proveedores no conocen o no tienen interés en las deducciones fiscales de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria (ONAT).
Al mismo tiempo, el incentivo del 10 por ciento (%) no termina de establecerse porque dichos proveedores tampoco tienen certeza de estar suministrando productos a un Mercado de Barrio.
Falta una certificación que otorgue seguridad jurídica al proveedor, que sepa que está vendiendo a un mercado reconocido y que podrá recibir los beneficios previstos, situación que se encamina a su resolución a partir de la propias experiencias presentadas.
En materia de precios, uno de los gestores explicó que cualquier empresa o negocio fija precios a partir de sus gastos con la llamada ficha de costo, y a lo que compran directamente, a través de importaciones, le reducen un 10%, y a lo que adquieren a mayoristas nacionales, un 5%, respecto a los precios locales.
Aun así, la población percibe y tiene razón en que los precios no son los que espera, y mucho menos los que necesitan los trabajadores que reciben salarios estatales o pensiones.
En el encuentro se manifestó que en la ficha de costos pesan factores como la dolarización, la variedad limitada de productos, la existencia de pocos proveedores e incluso la situación energética que eleva los costos logísticos y acelera la inflación.
Pesan también los márgenes comerciales ajustados con que deben operar los mercados de barrio que buscan mantener precios más bajos para todos los productos y la necesidad de guardar fondos para volver a comprar mercancía, por lo que un 10% de descuento se vuelve el límite.
Se ratificó que el Mercado de Barrio no realiza comercio mayorista y el proyecto es capaz de atraer a los actores económicos a buscar soluciones para estabilizar precios, pero la población, naturalmente, tiene expectativas que hoy no pueden cumplirse plenamente.
Algunos planteamientos apuntaron a la importación directa como vía para reducir precios, pero esa alternativa solo está al alcance de entidades con capital suficiente y no constituye, por sí sola, la solución para todos los que se insertan en el proyecto.
Hay, además, problemas que aparecen después de la venta; por ejemplo, las inversiones para mejorar los locales no siempre se pueden declarar como gastos al municipio por la informalidad imperante en la sociedad y aparecen también dificultades para recuperar lo invertido.
Así, los servicios contratados para invertir en el mercado de barrio generan gastos adicionales y a eso se suman dificultades con las pesas y su certificación ante la posibilidad de inspecciones.
En el terreno financiero, la situación también complica la operación, a través de la plataforma Transfermóvil y su servicio de Pago en Línea no hay acreditación in situ de los montos cobrados lo que dificulta la propia contabilidad diaria.
Persisten además dificultades para extraer el dinero bancarizado, y se planteó la necesidad de un mercado cambiario que responda a las demandas de quienes están comprometidos con el bienestar económico y social de la población.
Para próximos encuentros, los asistentes coincidieron en la necesidad de vincular a representantes de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba, Transfermóvil y los bancos, porque varias de estas situaciones escapan de las competencias del Mincin.
También se subrayó la importancia del contacto con los factores de la comunidad, como delegados y presidentes de consejos populares, un vínculo que facilitaría el acceso a listas de personas vulnerables y la posibilidad de un tratamiento diferenciado donde las condiciones lo permitan.
Para mejorar la definición de los precios referenciales y conocer la satisfacción de los clientes, se planteó que las autoridades municipales, junto con las oficinas de estadística locales, apoyen en esos estudios.
La socialización de experiencias dejó propuestas concretas por parte de las autoridades a los actores económicos, como la diversificación de proveedores como vía para encontrar los mejores precios mayoristas; la certificación de venta que brinde seguridad jurídica a los suministradores de cara a la ONAT; la creación de alianzas entre actores económicos y autoridades municipales para tareas de impacto social; la introducción de varios formatos de venta, como el preempaque y la mensajería; la capacitación al personal en atención al cliente; y la iniciación de monitoreos a los precios locales y la utilización de una pizarra que muestre productos disponibles con sus precios y la referencia de la localidad.
Sin la confluencia de todas las instituciones que de un modo u otro influyen en el desarrollo de los Mercados de Barrio, el proyecto no podrá triunfar en el corto o mediano plazo.
El abastecimiento, los precios, los cobros digitales, la banca, la comunidad y las autoridades municipales forman una cadena donde si un eslabón falla, el precio final lo termina pagando la población.

