Cubana denuncia que encontró palos dentro de una mortadella en Moa

Una residente en Moa, en la provincia de Holguín, denunció este jueves en redes sociales que encontró fragmentos de madera dentro de una mortadella adquirida en un punto de venta de la esquina del reparto Atlántico, una publicación que provocó numerosas quejas de otros ciudadanos sobre la calidad de los embutidos que se comercializan en el municipio.
En el grupo de Facebook Desde MOA para el mundo, la mujer explicó que mostró el producto a familiares para advertirles del riesgo de comprarlo y después lo desechó, pues vive lejos del establecimiento donde lo adquirió y no podía devolverlo.
«Yo se la enseñé a mis familiares cercanos para que no se embarquen comprando eso y luego la voté, no la puedo devolver porque vivo lejos de donde la compré», escribió en los comentarios de la publicación.

La denuncia dio paso a testimonios de personas que cuestionaron tanto la composición de la mortadella como las condiciones en que se elabora. Varios usuarios afirmaron que el embutido se produce de manera artesanal en viviendas particulares de la zona del Atlántico y los primeros edificios del reparto Miraflores, aunque esas afirmaciones no fueron acompañadas de pruebas sanitarias o verificaciones independientes.
Una residente que aseguró haber comprado el producto en ese sector lo calificó de «pura estafa» y alertó sobre la posible utilización de ingredientes de baja calidad. También consideró que los fragmentos de madera podrían haber sido añadidos para aumentar el peso o ser consecuencia de una elaboración sin suficiente higiene.
La sospecha de que los objetos extraños se incorporan para incrementar el peso del producto fue una de las reacciones más repetidas. «Así aumenta el peso y con palo cuesta más», escribió una usuaria. Otra comentó que algunos vendedores serían capaces de poner en riesgo a los consumidores por obtener mayores ganancias.
Entre las respuestas también apareció la hipótesis de que los fragmentos fueran trozos de moringa añadidos para aumentar el valor nutricional del embutido, una explicación que generó escepticismo.
Otro comentarista afirmó que al producto le estarían agregando formol para prolongar su conservación fuera de refrigeración, una acusación que no fue respaldada por análisis del alimento ni pruebas presentadas en la publicación.
Las quejas tampoco se limitaron al punto de venta de la esquina del Atlántico. Otra residente aseguró que compró mortadella en un establecimiento conocido como «El tamarindo» y encontró dos piedras grandes en su interior. Una tercera usuaria afirmó haber adquirido un embutido con harina blanca en el centro, que, según su descripción, se utilizaba para darle una apariencia más voluminosa.
Ante la sucesión de testimonios, una comentarista propuso que los consumidores publiquen los nombres de quienes los engañan, especialmente cuando se trata de alimentos. «Cuando todos los que tengan un engaño así, sobre todo en alimentos, denuncien en las redes los nombres de los estafadores, es muy posible que no lo hagan más porque nadie les comprará», escribió.
Las denuncias plantean interrogantes sobre la composición y las condiciones de elaboración de la mortadella que se vende en Moa. Sin embargo, la información difundida por los consumidores no permite confirmar qué materiales contenía el producto, cómo fue elaborado ni si existieron violaciones de las normas sanitarias.
Días atrás, una compradora habanera encontró una presunta garrapata dentro de un queso en una feria agropecuaria de La Habana.
En septiembre, una residente de Morón halló una cucaracha en un pan comprado a un vendedor ambulante. En enero de 2024, cubanos denunciaron en TikTok que a niños de la escuela secundaria de Ceiba del Agua, en Artemisa, les dieron una merienda con jamonada llena de gusanos.
El contexto en Holguín es especialmente grave: a finales de septiembre, dos personas murieron en la provincia por intoxicación con sal de nitro, una sustancia que las autoridades vincularon a una vivienda cercana donde se elaboraban embutidos.
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