
El pueblo de Bayamo participaba activamente en la lucha contra la feroz dictadura de Fulgencio Batista y sus secuaces. Desde el mismo día del Golpe de Estado de marzo de 1952, los hijos de esa ciudad mostraron que esta era una tierra de combates frente a la opresión y la tiranía.
Los revolucionarios militaron en el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-7) y muchos marcharon a la Sierra Maestra para integrar las filas del Ejército Rebelde, bajo el mando del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
En su concepción militar el líder de la Revolución planteaba la intensificación de la lucha en las ciudades y pueblos, con actos de sabotajes al transporte, el comercio y los movimientos de las fuerzas enemigas por carreteras, terraplenes y caminos.
De esta manera Bayamo se convirtió en unos de los fermentos revolucionarios más activos y más aguerridos, lo que provocaba la constante presencia de unidades batistianas en la población.
Para frenar las actividades revolucionarias en Bayamo y poder actuar con más libertad contra los guerrilleros en la Sierra Maestra, el dictador Batista ordenó instalar el Puesto de Mando de Operaciones de Oriente en la Granja de Exposiciones Ganaderas, próxima a la ciudad de Bayamo, a la salida de la carretera de Santiago de Cuba.
Esto significó la presencia de una mayor cantidad de soldados de la tiranía en las calles bayamesas, en sus bares, cafeterías y prostíbulos.
BAYAMO, CIUDAD DE ROJO Y NEGRO
En el M-26-7 de Bayamo militaban en septiembre de 1957 hombres y mujeres de la talla de Orlando Lara Batista, Roberto Reyes, Vicente Quesada O’Conor, Elio Guerra, Robert Arnaldo Paneque, Rubén Castillo Ramos Julia Guevara Cásate, Elvira Paneque, Amador Acosta Muñoz, Ana Marina Rodríguez Corona, José Manuel Betancourt, Eloina Guerra y Ana María Arias Medel.
Ellos ponían bombas y petardos en los lugares de presencia de los militares, ajusticiaban a los chivatos y requisaban armas para sumarse al Ejército Rebelde y pintaban consignas antibatistianas, entre otras acciones.
Sin dudas, sus pobladores mantenían en alto las banderas de la lucha por la libertad, siguiendo las orientaciones trasmitidas por Fidel Castro desde la Sierra Maestra.
Las activas operaciones de los bayameses contra el régimen opresor eran seguidas, atentamente, por el comandante Ernesto Che Guevara, quien desde julio de 1957 operaba al frente de una columna guerrillera en el sector de Bueycito, perteneciente al municipio de Bayamo.
En las filas de la columna guerrillera no. 4 había un buen número de bayameses y otros le suministraban recursos por las vías de El Horno Guisa, El Dátil, Bueycito y Barrancas.
El 5 de octubre de 1957, el comandante Che Guevara mandó un mensaje a los dirigentes del M-26-7 en Bayamo Cristóbal Guilarte, Elio Guerra, Amador Muñoz y Gilberto López Busch.
En una de sus partes el escrito señalaba: “Me enteré por Orlando Lara de la heroica labor que vienen desarrollando en la ciudad de Bayamo. Los felicito y al mismo tiempo los llamo a la más estrecha colaboración con la dirección del Movimiento 26 de Julio en el Municipio. Unión, valor y disciplina son importantes baluartes en estos tiempos”.
Y concluía con un llamado a persistir en la demandada libertadora: “Adelante compañeros: reciban un saludo fraterno, Che”.
Motivados por estas indicaciones del Che Guevara, los directivos Elio Guerra, William Ayala Quesada y Amador Guerra decidieron ejecutar acciones más violentas: ejecutar a los esbirros de la tiranía Roberto Estrada Sarmiento (Campeón), Albérico Torres, Arturo Cárdenas Muro y algunos de los llamados “Tigres de Masferrer”, entre ellos, Carlos Fuentes y Francisco Gómez (Paco).
El 20 de octubre de 1957, al comando revolucionario integrado por Luis Guevara Morales, Ramón Guerra y Apeles Rodríguez, correspondió ajusticiar al policía Roberto Estrada, quien se jactaba de estar torturando al revolucionario Gilberto López y realizaba apuestas de que lo haría hablar o lo mataba con sus propias manos.
Este criminal frecuentaba en horas de la noche un bar en las cercanías del cuartel Carlos Manuel de Céspedes, en la esquina de las calles general García y santa Isabel.
Los combatientes clandestinos, armados de pistolas, irrumpieron en el bar y dispararon contra “Campeón”, quien cayó derribado en medio del bar.
Pero allí se hallaba, de casualidad, el sargento de la guardia rural Manuel Pompa Castañeda, el que no se había significado ni como asesino ni abusador del pueblo.
Por eso, Luis Guevara gritó a Pompa que no interviniera en el asunto, que contra él tenían nada. No obstante, el un uniformado trató de sacar su revólver, pero primero fue alcanzado por las balas de los contrarios, siendo herido mortalmente.
A causa de esta acción murieron Roberto Sarmiento y Manuel Pompa y fue herido el civil David Rodríguez.
Los sicarios de la tiranía persiguieron a los revolucionarios los que logaron escapar gracias a la protección que le dieron los habitantes de Bayamo, hasta ocultarlos en una casa de miembros del M-26-Julio, la familia Trotman Gregory, en el reparto El Valle.
LA REPRESALIA
La represalia de la tiranía no se hizo esperar de la manera más cruel y espantosa. Primero: pusieron la ciudad a oscura y sacaron a todos los militares para las calles y plazas. Segundo: en varios puntos escenificaron tiroteos, llenando de alarma a la población.
Y, en tercer lugar, allanaron las casas de conocidos elementos que se significaban como revolucionarios como el procurador público Vicente Quesada O’Conor, Pedro Batista Fonseca, Mario Enrique Alarcón Martínez, Rubén Nogueras Castillo, Idalberto Tamayo Maceo, Mardonio Hechavarría Remón y Luis Felipe Lotty Osorio.
La terrible orden del capitán Pedro Morejón Valdés, jefe del cuartel Carlos Manuel de Céspedes, fue recabar de ellos información mediante torturas y luego acabar con sus vidas. Los sicarios de la tiranía utilizaron los métodos más brutales y sucios posibles.
Por ejemplo, a Vicente Quesada lo capturó en su casa el policía Arturo Cárdenas y lo condujo hasta el cuartel Carlos Manuel de Céspedes, siendo sometiendo a torturas para que denunciara la jefatura del M-26-7 en Bayamo.
Mientras Vicente sufría crueles torturas, el capitán Morejón visitó la casa del procurador público y trasmitió a la familia que nada malo le pasaría.
No obstante, las familias de los presos lograron que el alcalde municipal Blas Elías Thumas fuera al cuartel a tratar de conocer las causas de sus detenciones y posible liberación bajo fianza.
El propio Morejón, con desvergüenza, le expresó que Vicente Quesada y los demás presos habían sido puestos en libertad.
La terrible verdad comenzó a conocerse en horas de la mañana: sus cuerpos aparecían tirados en varios puntos de las afueras de la urbe, en callejones y lugares apartados.
De igual manera, Morejón ordenó sacar de la prisión a Gilberto López, al que asesinaron en plena vía pública, al amanecer, en el reparto Cayo Confite, hoy Camilo Cienfuegos.
Las familias recogieron sus muertos y organizaron los velorios. Pero ni ese último adiós pudo tributárseles. Los velatorios eran saqueados de los cadáveres por los uniformados y llevados directamente al cementerio para ser enterrados en el acto.
El luto y el dolor de los bayameses se transformaron en odio y desprecio a la tiranía. Esos asesinatos mostraron la real entraña del enemigo y fortaleció la decisión de lucha sin cuartel contra la tiranía.
Entonces, no es casualidad, que un año y dos meses después triunfara la Revolución, y con ella la justicia revolucionaria que cobró al enemigo sus crímenes.
FUENTES: Roberto Arnaldo Paneque y Reynaldo Reyes Rondón: 21 de Octubre: XXX aniversario de una masacre (1987); y José Eloy Rodríguez Romás y Aldo Daniel Naranjo: Paginas rebeles. Bayamo en 1957 (2005).
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