Ya no saben qué hacer en Nueva York y otras urbes y salas protocolares para cambiar el voto de los estados miembros de la Organización de las Naciones Unidas (Onu) en la resolución contra el bloqueo estadounidense impuesto a Cuba.

Al chantaje, la extorsión o la manipulación de apátridas, así como las amenazas contra gobiernos de aplicarles aranceles, suspender programas de cooperación y negar visas a funcionarios gubernamentales y familiares, el imperio suma nuevas presiones y brutales amenazas en su desespero por impedir la derrota que saben les espera en la Asamblea General de la Onu los días 27 y 28 de octubre durante la presentación y votación del proyecto de resolución que reclama el fin del injusto bloqueo de EE.UU. contra Cuba.
Ante representantes de las Misiones permanentes ante las Naciones Unidas y de la sociedad civil, el embajador cubano en ese foro, Ernesto Soberón Guzmán, denunció otro intento yanqui de convertir la mentira en espectáculo al referirse al evento clandestino organizado por Estados Unidos y disfrazar el castigo colectivo contra el pueblo cubano y sus extremas consecuencias humanitarias, con un recrudecimiento energético que equivale a un bloqueo naval.
La celebración del acto organizado por la Misión estadounidense intenta desacreditar a la agredida nación antillana, que a pesar de tanta injuria se siente invencible con su verdad como escudo, por eso desde 1992, presenta cada año ante la Naciones Unidas el proyecto de resolución que desde entonces recibe el apoyo mayoritario de los países miembros del organismo multilateral.
Llevan meses en esas sucias gestiones y presiones de todo tipo en la actual ofensiva, que dirige personalmente el Secretario de Estado, Marco Rubio, y su representante ante la Onu, como parte de una política que ya sobrepasa las seis décadas, con métodos espurios que pretenden convencer por la fuerza, el chantaje y la extorsión.
Así lo evidencian los documentos que circulan con mensajes amenazantes del imperio contra diversos gobiernos y sus delegaciones ante la Onu y llegan al colmo de proponer a algunos países abstenerse o, en última instancia, ausentarse de la votación, si no pudiesen asumir un voto en contra de Cuba.
En ese desespero y la sinrazón también asustan con desestabilizar políticamente a los países que quieren manipular y hasta intentan buscar gobiernos fantoches que hagan el papel de líderes sucios para motivar a los más débiles a cambiar su posición en favor de la verdad, la justicia y la historia.
“El aislamiento internacional del gobierno de EE. UU. por su política de máxima asfixia y castigo colectivo contra el pueblo de #Cuba es de tal magnitud que no le basta con sus frenéticas presiones sobre gobiernos soberanos para que cambien su tradicional respaldo a Cuba”, condena en recientes declaraciones el Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.
El Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba subraya, además: “También ha tenido que montar un espectáculo en la ONU, violando sus normas y procedimientos e incluso la agenda de la Asamblea General, donde el quórum más distinguido resultó una claque de genuflexos mercenarios y terroristas”.
En ese montaje el representante de Estados Unidos ante la Onu, Michael Waltz, no solo tuvo el desliz de confundir la palabra “bloqueo” al usarla para referirse a los “apagones” en Cuba y sus efectos, cuando su gobierno niega esa política, sino que introdujo en Naciones Unidas a Orlando Gutiérrez Boronat, connotado terrorista y estafador, acusado en Miami por apropiarse de millones del presupuesto federal estadounidense, destinados a la subversión contra Cuba, pagados por el contribuyente de ese país.
El personaje está incluido en la lista nacional de personas y entidades vinculadas al terrorismo que compila el gobierno cubano en cumplimiento de mandatos del Consejo de Seguridad, pero disfruta la impunidad que le brinda la delegación estadounidense ante la Onu, donde son numerosas las resoluciones aprobadas en contra de las sanguinarias conductas como las de este terrorista.
Tal es el repudiable espectáculo de la maldad y el odio que confabula al imperio terrorista y mercenario contra los cubanos y su larga batalla por la justicia, la razón, la verdad y la historia.Otros artículos del autor:

