
Foto: Jesús Cruz Rodríguez
No es para el asombro que un tema calificado como «totalmente novedoso»: El elemento escocés en la formación de la cultura literaria cubana, despierte curiosidad en los predios de la sede de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), en la ciudad capital avileña.
Y es que El elemento escocés… es un tema que el investigador Félix Flores Varona —nacido en Florida, Camagüey, y residente en Ciego de Ávila— estudia desde hace casi una década. El escritor lo presentó en un encuentro que, más que una simple disertación académica, devino hallazgo para quienes pensaban que todo estaba dicho sobre los vasos comunicantes de nuestra literatura.
En su intervención, Flores Varona calificó la influencia de la literatura escocesa de «muy visible, pero al mismo tiempo invisible», una paradoja que solo se explica cuando se desmenuzan los factores que propiciaron la aparición de ese elemento, sus manifestaciones más importantes, los interlocutores más destacados y su aporte a la cultura nacional. Ahí radica, precisamente, el mérito de su pesquisa: sacar a la luz lo que estuvo siempre ante los ojos, pero que nadie había mirado con la debida detención.
El encuentro precedió a la inauguración de la exposición 100 años con Fidel, del artista Héctor José Torres González, en la galería Azagaya, y ambas actividades forman parte de las acciones de la organización por la Jornada de la Cultura Cubana.
No es casual esa concatenación: la investigación y la creación artística se dan la mano en un mismo espacio, como si quisieran recordarnos que la cultura es un tejido donde cada hilo cuenta.
El especialista dio a conocer, además, la reciente publicación de Más sobre La Edad de Oro, escrito de conjunto con Arun Sood, de la Universidad de Exeter, Inglaterra, y editado por Ediciones Ávila en su colección Ensayo.
Calificada como una obra esencial y transformadora, sus páginas iluminan el proceso creativo detrás de La Edad de Oro, además de restaurar un capítulo significativo en la historia de las relaciones culturales transatlánticas, según refirió Flores Varona.
Es, sin duda, un texto fundacional para la investigación futura sobre la obra de José Martí para niños y su compleja relación con el elemento escocés y el mundo angloamericano, argumentó el estudioso. Y no le falta razón: quien se adentre en esas páginas encontrará no solo el Martí que escribió para los niños, sino también al lector voraz que tradujo, asimiló y transformó cuanto llegó a sus manos.
Como ensayista, Flores Varona se ha enfocado en la figura de José Martí, de manera que constituye un estudioso de cómo el Apóstol cubano recibió influencia de obras de otros países. En su ejercicio doctoral examinó, precisamente, la presencia de la literatura escocesa en la obra martiana y en la cultura cubana del siglo XIX, una empresa que, a juzgar por los resultados, ha rendido frutos más que suficientes para seguir hurgando en ese filón investigativo.
Así que celebremos el hallazgo, reconozcamos el mérito del investigador y mantengamos los ojos abiertos. Porque la cultura cubana, como bien demuestra este avileño, no se construyó en un solar cerrado, sino en un cruce de caminos donde el escocés, el angloamericano y el criollo se dieron cita. Y eso, más que una curiosidad erudita, es una lección de identidad.


