La fórmula de los Tigres: disciplina y corazón
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La fórmula de los Tigres: disciplina y corazón

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Ronaldo Castillo es uno de los pilares ofensivos.
Foto: TOMADA DE ACN

Hay equipos que se construyen poco a poco y se tallan en el terreno. Los Tigres de Ciego de Ávila, en esta Serie Nacional 65, son el mejor ejemplo. Nadie en su sano juicio apostó por ellos antes del inicio de la actual temporada beisbolera.

En los vaticinios precompetencia apostar por un buen inicio era como una utopía y no faltaban argumentos para quienes sostenían esa postura. Las razones que esgrimían los seguidores de ese batallador conjunto –y también los detractores– se pueden resumir en varios puntos.

Entre ellos, resalta la inexperiencia y la falta de recorrido que pudiera interpretarse como una condena anticipada, pues la memoria colectiva pesa tanto como el promedio de bateo.

¿Quién iba a confiar en una nómina que apenas rebasa los 25 años de edad promedio y en muchachos que, en su mayoría, no habían probado su temple en escenarios exigentes? La lógica decía que les cobraría factura en los momentos apremiantes.

El pitcheo, según confesó a este redactor el director de la manada, Franklin López Agustín, era la gran incógnita, «el renglón de juego que más dudas originó en los análisis previos», signado por la ausencia de brazos consagrados y la partida de figuras emblemáticas que dejaban un vacío considerado por muchos imposible de llenar con noveles.

La ofensiva se mostraba como una promesa sin aval. Asniel Jiménez, Danny López o George Contreras eran para el gran público poco menos que desconocidos. Que bateadores sin cartel pudieran dar razones para hablar parecía un exceso de optimismo.

La defensa se tornaba un flanco vulnerable. Los dos errores per cápita de López, Marcos Torres y Fernando De La Paz en la subserie inicial ante Las Tunas parecían confirmar los temores. La defensa avileña, con promedio de .978 hasta el 19 de octubre (quinta), no inspiraba la confianza necesaria para imaginar un arranque sólido.

El peso de la historia y el antecedente de equipos anteriores, campeones tres años en la Serie Nacional, hacía que el actual conjunto cargara con el estigma de la comparación. Los seguidores, acostumbrados a ciertos estándares, miraban con recelo a una tropa que no parecía reunir los requisitos para repetir hazañas.

En ese contexto, la actual contienda se presentaba como un torneo de pronóstico reservado. Y, sin embargo, he aquí la paradoja: precisamente porque nadie apostaba por ellos, porque jugaban sin presión, los Tigres han podido desplegar su garra sin ataduras.

No es para el asombro, pues si las estadísticas colectivas decían que el equipo estaba igualado en tercer lugar en el average ofensivo con Pinar del Río (.317) y lucía el tercer promedio de carreras limpias en el pitcheo (4,58), entonces es lógico que batallen en el pelotón de vanguardia.

En los vaticinios era algo así como una utopía imaginar, por ejemplo, que Jiménez (.422), Contreras (.382) y López (.327) exhibieran esos números y que otros como Ronaldo Castillo (.431) y Jonathan Bridón (.364) ratificaran que pueden batear esta pelota.

Ahora bien, que nadie se llame a engaño ni se deje llevar por el entusiasmo desbordado. Este buen inicio de los Tigres no quiere decir, precisamente, que puedan avanzar a la postemporada, aunque la campaña echó a andar con un calendario recortado de 44 partidos por conjunto y ello representa una ventaja para quien comience bien.

La clasificación no se regala en la pizarra ni se conquista con un buen arranque: se gana out por out, serie por serie. Así que se debe celebrar el inicio y reconocer el mérito, a sabiendas de que en el grupo c, compartido con Las Tunas, Sancti Spíritus y Camagüey, el favoritismo –al menos para este redactor– le corresponde a Leñadores y Gallos.

Sin embargo, el beisbol, como la vida misma, se empeña a veces en desmentir los pronósticos. Y estos muchachos, con disciplina y corazón, han demostrado que la garra no se negocia en la pizarra. En ocasiones, la única ventaja que se necesita es la de no tener qué perder.

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