Si hay algo que caracteriza a los operativos de seguridad organizados por la gestión libertaria en Argentina, es el violento nivel de represión contra toda manifestación popular en su contra, y en especial contra los trabajadores de prensa que cubren estas marchas.
Esta vez, al fotoperiodista de Página/12, Guido Piotrkowski, le tocó vivir en carne propia la agresión de uno de los efectivos de la ministra de Seguridad Alejandra Monteoliva. En ese momento, Guido logró retratar al policía mientras le disparaba en su pecho. “Se asomaron, dispararon, y yo disparé también. Yo una foto y ellos balas de goma”, graficó.
Las imágenes captadas por el fotógrafo son una prueba más de que el gobierno de Javier Milei incumple con el protocolo antipiquetes elaborado por su propia gestión, que estipula que las fuerzas federales deben emplear la “mínima fuerza necesaria y suficiente”, graduada en proporción a la resistencia, utilizando métodos y armas no letales. En este caso, además, los disparos se concentraron en el pecho del trabajador de prensa.
La secuencia
Tal como cuenta el fotógrafo, la movilización transcurría con total tranquilidad, mientras en el escenario tenía lugar el acto principal con los diferentes oradores que participaron. “Llegué a la plaza como a las 2 de la tarde, di unas vueltas, estaba medio tranqui todavía, así que me fui a buscar a los estudiantes que marchaban por Avenida Corrientes. Cuando llegué de nuevo la postal había cambiado bastante, había más gente. Subí al escenario y no llegué a hacer más de cinco fotos cuando empezaron a gritar ‘represión’”, relata el reportero gráfico.

En ese momento, Guido hizo lo que siempre hace y corrió a documentar el despliegue del operativo. “Salí corriendo y me puse a hacer fotos con otros compañeros entre la confusión de los gases, los balazos, el ruido del escenario y la lluvia. Pasó un rato largo hasta que se cayó una valla, y los federales, en vez de levantarla y volver a hacer su trabajo detrás de la valla, se asomaron y dispararon”, recuerda. “Yo disparé también, no sé quién fue primero. Yo disparé una foto y los policías, balas de goma”.
“Cuando los tipos salieron, yo los vi y dije ‘bueno, van a disparar, me pongo a sacar’. Lo que no me imaginé es que me iban a disparar a mí”, relata Piotrkowski y asegura que el agresor “me disparó directamente a mí, porque las balas me dieron en el pecho”. “No es que se equivocó o fue un error, me apuntó con al pecho. Es lo que hacen siempre, apuntarte cuando ven que estás sacando fotos”, concluye.
La foto
En la foto, que rápidamente se viralizó, se ve al efectivo disparando directamente al lente del reportero gráfico, incluso es posible divisar los perdigones cayendo al piso. La toma posterior permite ver los rostros del mismo agresor y de su compañero, ambos mirándolo a él.
Afortunadamente, el fotógrafo se encuentra en buen estado de salud. “En el momento me dolió fuerte y me ardió, pero la verdad es que como tenía la camisa, el chaleco y todo, no me impactó tan fuerte”, cuenta.
“Me shockea pensar lo que podría haber pasado si hubiera estado más cerca, si hubiera ido a otra parte del cuerpo o si estuvieran disparando otro tipo de municiones más pesadas. Hoy son balas de goma, mañana son de plomo o es un tubo de gas lacrimógeno, como le pasó a Pablo Grillo”, reflexiona Guido.
Piotrkowski no fue el único trabajador de prensa que sufrió en carne propia la violencia policial de la marcha del jueves. En total, son siete los periodistas que resultaron heridos en la represión libertaria. Laura Quispe, de TeleSISA, recibió nueve balazos de goma en su espalda, por lo que debió ser atendida en el Hospital Ramos Mejía, donde le comunicaron que dos de los perdigones quedaron dentro de su cuerpo.
Por su experiencia cubriendo manifestaciones populares, el fotógrafo de Página/12 compara los métodos represivos de la era Milei -y su especial ensañamiento con la prensa- con los empleados en otros momentos oscuros de nuestro país, como el 2001 o la gestión de Mauricio Macri. “Esto es inaudito, no solo por la ferocidad con la que nos reprimen, sino por la constancia”, sostiene.
“El macrismo fue muy fuerte en la marcha por la reforma laboral y cada tanto reprimían. En el 2001 fueron unos días. Pero ahora todos los miércoles le dan a los jubilados. Cada vez que hay una marcha grande también. Hace un mes y medio tuvimos la Ley de Tierras y una compañía terminó también herida, la reforma laboral lo mismo. Es una espiral de violencia que estamos naturalizando, y eso es muy grave”, concluye.
(Tomado de Página 12, Argentina)


