Una nueva y masiva jornada de movilizaciones sacude este fin de semana a distintas ciudades de Francia, en medio de un clima de alta tensión social impulsado por el descontento ante el incremento en el costo de vida, los recortes presupuestarios y las deficiencias en el sistema educativo.
El despliegue de las fuerzas de seguridad dejó decenas de detenciones y situaciones de extrema tensión por el bloqueo de calles y el uso indiscriminado de gases lacrimógenos por las fuerzas policiales, en consonancia con los intentos del Estado galo por criminalizar las manifestaciones.
En la capital francesa, la emblemática Place de la République y sus inmediaciones se convirtieron en el epicentro de un fuerte dispositivo de contención. Cientos de manifestantes, familias y jóvenes quedaron atrapados durante horas detrás de líneas de policías antidisturbios que impedían tanto el ingreso como la salida de las concentraciones.
“¡Déjennos salir! Llevamos aquí una hora y no nos dejan salir”, denunciaba Lucas, un obrero de 26 años, mientras los agentes justificaban el bloqueo como un control de muchedumbre, en una zona donde varias personas sufrieron desmayos debido a la concentración de gases lacrimógenos y detonaciones de morteros.
La situación motivó la intervención de figuras políticas como la diputada de La France Insoumise (LFI) Clémence Guetté, quien cuestionó severamente el operativo: “Las cosas no van bien. La policía ha recibido órdenes inconcebibles. Los bulevares Voltaire y du Temple están cerrados; la gente está atrapada en el centro, rodeada de gas lacrimógeno. Vi gente desmayarse y tienen miedo, a pesar de tratarse de una manifestación autorizada”.
Entre los manifestantes convergieron diversos sectores: desde activistas ecológicos del movimiento Levantamientos de la Tierra hasta jóvenes estudiantes portando pancartas contra la pobreza estudiantil y la carestía de la vida, enfrentando un escenario donde los quioscos incendiados y las granadas aturdidoras marcaron la pauta de la tarde.


