La capacidad del ser humano para sobreponerse a las adversidades constituye una de las expresiones más notables de su fortaleza. Ante situaciones que pueden cambiar radicalmente el curso de una vida, la voluntad, la perseverancia y la capacidad de adaptarse permiten encontrar nuevos caminos para continuar.
A veces, ese proceso de transformación no ocurre en grandes escenarios, sino en la cotidianidad, allí donde cada pequeño logro representa una forma de avanzar y recuperar espacios de autonomía, propósito y participación en la sociedad.

Ese es el caso de Irialis Pérez Quesada, quien, tras un accidente automovilístico que le dejó secuelas físico-motoras, convirtió el patio de su casa, ubicado en el municipio de Consolación del Sur, en un espacio de cultivos, autoconsumo e intercambio con la comunidad.
RESILIENCIA
Sin importar cuánto la vida las ponga a prueba, hay personas como ella —además profesora universitaria del Centro Universitario Municipal consolareño— que hacen que las dificultades solo sean un impulso o un reto más para seguir adelante inspirando a otros. Hoy Irialis demuestra que cada piedra en nuestros caminos es solo una oportunidad más para crecer.
Según cuenta, su accidente fue hace poco más de dos años, y no fue nada fácil en su momento, pues a su rutina se incorporaron nuevos cuidados, jornadas de recuperación, así como triciclos adaptados y bastones para no perder su caminar.
Sin embargo, asegura que su voluntad no menguó en ningún momento, pues tras comenzar a recuperarse supo que su vida aún daba para más, y su voluntad no tenía límites.
“Yo no soy de ese tipo de personas que les gusta estar quietas y lamentarse por todo. A mí me gustan los retos y los asumo con total entereza. Yo no considero ya mi discapacidad como un reto, sino como una oportunidad para demostrarme a mí misma, y sobre todo a los demás, que siempre hay un camino, que siempre hay cosas por hacer, que siempre se puede”.
SEMBRAR PARA COMPARTIR Y ENSEÑAR
Tal es así, que hoy Irialis cultiva, desde su propia parcela, un pedazo de tierra llamado Las Codornices. Desde este patio familiar, entre árboles frutales, hortalizas, plantas medicinales y cultivos de diferentes especies, encontró una manera de transformar ese palmo de tierra en una oportunidad para producir, sostener a su familia y ser útil a quienes la rodean.
“Mira, tengo sembrado mango, guayaba, pera, quimbombó, malanga y aguacate, entre otras cosas, además del sagú, una planta de origen oriental cuyo fruto permite obtener almidón —muy similar a la maicena— utilizado en la elaboración de natillas, panetelas y otros dulces”.
Por supuesto, el patio no acaba ahí, entre todos los cultivos anteriores Irialis también dedica un pequeño espacio a la medicina natural y tradicional con el cultivo de manzanilla, albahaca, sábila, romerillo y otras.
“Yo trato de mantener sembrado el patio durante todo el año, siempre con diversas hortalizas y frutales. El objetivo es el de lograr una alimentación sana que se extienda durante todo el año o gran parte del mismo.
“De esta forma logro que el autoabastecimiento no sea un mito, que la economía mejore al interior de mi hogar y mi familia, y que, además, de cierta forma, nos permita colaborar con la comunidad en la que convivimos”, explica Irialis.
Y no es menos cierto, su patio se ha convertido en una pequeña fuente de ingresos, pues Irialis comercializa hoy muchos de sus cultivos, en especial las hortalizas, los aguacates y de manera estacional la pulpa de mango embotellada de forma artesanal.
“Esto me da gran consuelo, pues a la vez que genero ingresos para mí y para mi familia, también ofrezco estos cultivos a precios módicos para quienes los necesiten. Y esto a la vez me permite ser útil a la sociedad”, señala.
“Si siembras, la tierra te devuelve tu esfuerzo y te premia con cosechas valiosas, y si lo haces con el empeño suficiente, pues tendrás producciones que te alimentarán y sustentarán por todo el año”, admitió.
Pero la experiencia de Las Codornices ha trascendido los límites de su vivienda, ya que debido a su condición de profesora universitaria, ha podido llevar también su sapiencia productiva a diferentes espacios de intercambio.
“Gracias al trabajo desarrollado en el patio, he participado en eventos municipales y provinciales a través del Centro Universitario Municipal, así como en ferias y exposiciones relacionadas con el desarrollo local y en encuentros como Saberes y Sabores.
“Este espacio, concebido desde un primer momento como un intento de autoconsumo familiar, ha terminado convirtiéndose en una experiencia que puede ser compartida y valorada por quienes hoy comienzan en este maravilloso mundo de la agricultura doméstica”, concluyó.


