Balsa de metal, tres tormentas y deportación: los testimonios de tres cubanos que lo arriesgaron todo para ser libres

Un documental publicado en YouTube recoge con una crudeza poco habitual los relatos de tres cubanos que abandonaron la isla por rutas distintas: el mar, la vía aérea por Nicaragua y México.
El episodio 3 de la primera temporada de Descifrando Realidades, proyecto del comunicador Nayib Yara, dura casi 45 minutos y da voz a Yaser, Dayana y Lissette, tres personas cuyas historias retratan el éxodo cubano contemporáneo desde adentro.
Yaser tomó la decisión en dos semanas. Junto a un grupo de 32 personas construyó en secreto, durante dos semanas, una balsa metálica artesanal en una finca clandestina a unos 200 metros del agua. El costo fue de 300 dólares por persona.
«Llegó un momento que la frustración fue más grande que la habilidad de razonar», explica en el documental. Trabajaba en dos o tres empleos simultáneos y aun así no podía ayudar a su familia: sin electricidad, sin agua, sin perspectivas.
La noche de la salida, planeada para el 20 de diciembre, la policía estuvo a punto de desbaratarlo todo. Los 32 integrantes del grupo se escondieron dentro de un camión de arena para llegar a la orilla sin ser detectados.
La balsa, propulsada por un motor de cortacésped, entró al agua por primera vez esa noche. A mitad de la travesía descubrieron que el compás no funcionaba y navegaron 11 horas en círculos. Yaser usó el GPS de su teléfono para orientarse.
Tres tormentas nocturnas después, con el móvil al 3% de batería, avistaron el faro de Dry Tortugas, en Florida. «Cuando yo vi el faro fue como que… llegué. Estoy vivo», recuerda.
Las rutas migratorias desde Cuba hacia Estados Unidos siguen siendo peligrosas y cambiantes. Mantente informado sobre deportaciones, asilo y todo lo relacionado con la Inmigración en EE.UU.
Dayana no lo logró a la primera ni a la segunda. En su primer intento en balsa, la Guardia Costera del régimen cubano interceptó la embarcación.
«Nos tiraron tiros, nos quisieron hundir el barco, las personas se tiraron al agua para intentar llegar a la orilla nadando. Terrible, terrible», relata.
Los detenidos fueron llevados al Mariel e interrogados como si fueran delincuentes. Cuando la policía fue a su casa a exigirle que firmara un papel comprometiéndose a no volver a intentarlo, su respuesta fue directa: «Pueden irse. Yo no voy a firmar ningún papel. Yo sí me voy a intentar ir de nuevo las veces que sean».
Su segundo intento fue por la ruta Nicaragua-Honduras-Guatemala-México, que entre 2021 y 2024 utilizaron más de 400,000 cubanos. El pasaje costó 3,400 dólares. Llegó hasta México, pero las autoridades migratorias la engañaron: la subieron a un autobús con la promesa de trasladarla a otro refugio y la llevaron directamente al aeropuerto.
«Nos esposaron con bridas a las mujeres delante y a los hombres con las manos detrás… y no nos quitaron las esposas hasta que el avión ya no estaba en el aire volando y de regreso para Cuba», describe.
En el tercer intento —esta vez con pasaje de 3,600 dólares— cruzó México en un bote de rescate durante toda una noche y una mañana por la costa del Pacífico, con el motor averiado en medio del trayecto, hasta alcanzar finalmente la frontera con Estados Unidos.
Lissette llegó a México sola, con una visa canadiense que su hijo —quien había obtenido asilo político en ese país tras escapar por mar— le tramitó desde allá. Vendió todos sus muebles y pertenencias antes de partir.
Vivió ocho meses en condiciones precarias, sufrió una fractura de brazo y dependió económicamente de su hija en Estados Unidos hasta que obtuvo una cita a través de la aplicación CBP One y cruzó legalmente por Ciudad Juárez.
«En Cuba no hemos vivido, hemos sobrevivido. Tengo salud, tengo medicamentos. Es increíble el trato que tengo aquí», dice.
Los tres testimonios apuntan a las mismas causas: apagones de hasta 20 horas diarias, escasez de alimentos y medicamentos, y salarios que no alcanzan para cubrir necesidades básicas.
Cuba acumula nueve años consecutivos de pérdida de población y su PIB ha caído más de un 23% desde 2019, con una contracción adicional prevista del 7,2% en 2026.
«Le pido a Dios que esa dictadura se caiga y que mi país pueda respirar y ser libre», cierra Dayana en el documental.
Vídeos relacionados:
Archivado en:










