LA HABANA – Los martes, miércoles y jueves de cada semana, Sista Cabrera, de 71 años, almuerza en un comedor de beneficencia que se organiza en la católica iglesia de San Francisco el Nuevo, en el centro histórico de La Habana. Es uno de los tantos comedores que atenúan el hambre en Cuba ante la agudización de la crisis alimentaria este año.
“Este proyecto es bastante bueno”, dijo Cabrera a IPS, mientras, con un recipiente hondo en la mano, esperaba con hambre su ración de comida.
La iniciativa, llamada La Hermana Cazuela, sustenta desde junio estos almuerzos, principalmente por donaciones de residentes en el exterior, así como otras formas de apoyo de la Iglesia católica.
“La idea es sobre todo acompañar a personas sin techo o adultos mayores muy vulnerables”, dijo el periodista Maykel González a IPS, coordinador de este proyecto desde febrero, cuando inicialmente se repartían desayunos.
“Hay días en que no tengo comida y los paso sin comer nada, si acaso solo un pan. Mi día a día es desesperante, un estrés horrible”: Sista Cabrera.
El nuevo impulso solidario justo cuando la precariedad empezó a absorber aun con más fuerza cada aspecto a la sociedad cubana, a partir del bloqueo petrolero y las sanciones financieras de Estados Unidos, que terminaron por colapsar la economía de la nación caribeña y los programas de protección social del Estado.
“Había muchas personas sin comer, que a veces comían de la basura, y decidimos hacer algo para ayudarlas”, dijo a IPS Betzabé Bertot, una colaboradora del proyecto y feligrés de esta parroquia católica.

Soluciones limitadas
Cabrera, una de las 70 comensales del proyecto, no se imaginaría años atrás que su vida se sostendría gracias a la beneficencia, pues desde finales de los 90 manejaba una cafetería que le propiciaba ingresos suficientes como para ser caritativa con otras personas.
“Siempre fui una persona que viví bien. Es muy malo estar apegado al dinero, pero en este momento el dinero es salud. Cuando tengo dinero, no me duele nada”, dijo Cabrera, quien es hoy diabética y recibe asistencia de la seguridad social.
En 2019, un derrumbe en su edificio acabó con la mitad de su apartamento y toda su fuente de ingresos.
“Todavía vivo en ese derrumbe”, mencionó.
Cuando la pandemia de la covid-19 empezaba a ser controlada en 2022, Cabrera intentó reabrir su negocio otra vez, pero las autoridades no se lo permitieron, porque su edificio estaba en peligro de derrumbe y en espera de una demolición, aunque muchos vecinos como ella siguen habitándolo.
Cabrera, sola y responsable de 15 gatos, no tuvo más remedios que andar las calles y acudir a los comedores sociales para sobrevivir.
“Hay días en que no tengo comida y los paso sin comer nada, si acaso solo un pan. Mi día a día es desesperante, un estrés horrible”, dijo.
La antigua emprendedora alterna hoy su dieta entre los almuerzos de la iniciativa católica, así como los de comedores sociales estatales y, a veces, los de iglesias evangélicas, en un escenario donde los centros religiosos impulsan actividades de apoyo a los más vulnerables.
Cada vez hay más problemas con la comida, y cada vez, más personas necesitadas, así que se pasa todo el día caminando en busca de alimentos, aunque todavía no ha tenido que recurrir a ingerir sobras de la basura, como otros de los beneficiados.
“Yo al menos tengo algo de casa”, dijo Cabrera.
Según Bertot, la colaboradora de la iglesia franciscana, lo más duro es que la comida no alcanza para todos los necesitados.
“Tenemos que poner limitaciones. Decirle a una persona con hambre que no podemos darle nada, es la parte más difícil para nosotros”, comentó.
Para González, el coordinador del proyecto, quien es un practicante pentecostal y no católico, es una situación inevitable.
“Las soluciones que podemos ofrecer personas individuales o pequeños grupos siempre serán soluciones muy limitadas. Jamás tendré comida aquí para darle a todas las personas que lleguen a la puerta de la iglesia”, dijo.

Centros de protección social en declive
Desde hace dos años, Cabrera está también inscrita en un comedor del centro histórico de la ciudad, perteneciente al estatal Sistema de Atención a las Familias (SAF).
El SAF se creó hace 30 años durante la crisis económica cubana de los años 90 tras la desaparición del campo socialista y la Unión Soviética.
El sistema gestiona hoy más de 4400 unidades gastronómicas y apoya con tres comidas diarias subsidiadas por el Estado, a más 66 000 personas en situación de vulnerabilidad económica, a un costo usualmente menor del equivalente a un centavo de dólar la ración.
Con los casi cinco dólares mensuales que recibe por la seguridad social —uno de ellos, para pagar los importes del SAF—, Cabrera no logra casi acceder a un mercado donde un litro de aceite vegetal puede llevarse sus ingresos por completo.
Las raciones del SAF siempre fueron cuestionadas por su calidad nutritiva y sabor, aunque en realidad eran una panacea en comparación con 2026, cuando la crisis melló en los centros de protección social.
“Arroz blanco y caldo es lo que hay. Nada más. Este problema empezó en 2026. En 2025 estaba mejorcita la comida y mejor cocinada”, dijo Cabrera.
De todas formas, la anciana se esfuerza por no faltar más de tres días a su comedor del SAF, porque entonces la sacarían de la lista y entrarían otros solicitantes, también vulnerables, que esperan por un hueco en ese sistema para mejorar su situación.
Uno de estos centros en la calle Monte, en el centro de la capital, alimenta a 269 personas a diario, dijo a IPS la responsable económica del centro, Lázara Rosell, cantidad que ha aumentado con relación a 2025.
El martes 13 había un gran revuelo en ese comedor, porque se pudo resolver unos frijoles para el almuerzo, que de otra forma iba a ser solamente pan, arroz y caldo, como la mayoría de los días.
Según Rosell, el frijol ya no es común, como en 2025, aunque no tan raro como la “proteína”, que suele ser alguna variante de embutido que llega cada dos semanas aproximadamente. En 2025 se dispensaba todos los días.
El pollo, recordó la trabajadora, se ha servido solo una vez durante 2026.
“Queremos que entren alimentos y que nos ayuden más, pero con el bloqueo de Estados Unidos no entra nada. Hay muchos barcos fuera de Cuba que quieren entrar y traer alimentos, pero el ‘hijoeputa’ ese (en referencia al presidente estadounidense Donald Trump) no lo permite”, dijo Félix Villar, jubilado y antiguo chofer de un ómnibus urbano.

Sanciones a la dieta de los cubanos
Dos órdenes ejecutivas firmadas el 29 de enero y el 1 de mayo por Trump, bloquearon la entrada de combustibles y amenazaron a inversionistas extranjeros, respectivamente.
De esas medidas se derivó la interrupción en mayo de las operaciones de las dos más grandes compañías navieras que trasladaban recursos a Cuba, la francesa CMA CGM y la alemana Hapag-Lloyd, entre otras empresas extranjeras de disímiles sectores que rompieron con Cuba.
Como consecuencia, más de 7000 contenedores de alimentos, medicamentos, sistemas solares y otras mercancías esenciales se encuentran actualmente retenidos en puertos del Caribe, ha denunciado el gobierno cubano en varias ocasiones.
Entre ellos, se encuentran docenas de contenedores de ayuda humanitaria adquiridos por agencias del Sistema de Naciones Unidas en Cuba.
“No es un secreto que, desde inicio de este año, estamos de desafío en desafío, que cambian con cada nueva sanción. Nosotros tenemos que adaptarnos… muchas compañías no quieren tomar ningún riesgo, porque ahora las sanciones van hacia los terceros”, dijo a IPS Etienne Labande, representante del Programa Mundial de Alimentos (PMA) en Cuba.
Según Labande, el problema, al menos para Naciones Unidas, se “resolvió en parte”, porque CMA CGM retomó los viajes a Cuba, pero solo para traer alimentos y productos médicos.
Naciones Unidas pudo negociar, agregó, que los cientos de toneladas de alimentos paralizados en Kingston, Jamaica, pudieran continuar su rumbo a la mayor isla del Caribe, pero en los tres meses que estuvieron retenidos, ante la ausencia de vías para la importación, tuvieron que pausarse las licitaciones para nuevas compras alimentos.
Desde el 30 de septiembre, Estados Unidos implantó restricciones financieras que atacan también al sector privado, dificultando incluso más las importaciones de estos recursos vitales, en un país que por años ha importado más del 80 % de los alimentos que consumen sus 9,4 millones de habitantes.
La agricultura en 2026 ha hundido su actividad en nuevos niveles por la escasez de combustible y otros insumos necesarios.
El PMA, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y otras agencias apoyan a los productores cubanos con donaciones de equipamientos y formación y asesoramiento profesional, para que los productores locales establezcan sistemas alimentarios sostenibles, mientras apoyan con alimentos a estructuras de protección social como el SAF.
“La idea realmente es que, a nivel local, sin depender de nadie, los productores de alimentos en el campo puedan tener ese sistema que les aleje de la dependencia a a importaciones”, dijo Labande.
El lunes 12, el presidente cubano Miguel Díaz-Canel denunció el impacto de las sanciones económicas de Estados Unidos sobre la producción y distribución de alimentos en la isla, durante el Foro Mundial de la Alimentación, que organiza anualmente la FAO.
“Alimentos en la calle, hay. El problema son los precios, porque no juega con ellos el salario. Con un pomo de aceite se fueron mis 4000 pesos (unos cinco dólares) de la pensión”, dijo Villar, el comensal en el SAF de la calle Monte.
La inflación, que tendía a la desaceleración en los últimos años, marcó un repunte desde el segundo trimestre de este año, y alcanza en los últimos meses un crecimiento preocupante.
Al cierre se septiembre, la inflación interanual escaló hasta 28,44 %, según la Oficina Nacional de Estadística e Información (Onei), mientras que en los alimentos y bebidas no alcohólicas, el aumento interanual fue de 42,66 %.
Un dato acuciante cuando el salario medio estatal en Cuba, el que perciben 68,5 % de los 4,1 millones de cubanos ocupados, asciende a poco más de 9 dólares mensuales.

Pobreza y hambre
Un estudio publicado en septiembre por la socióloga Mayra Espina, especialista en los temas de la pobreza y la desigualdad, estimó que 66 % de la población cubana vive hoy en situación de pobreza económica, cuyos ingresos no alcanzan los aproximadamente 14 dólares necesarios al mes para una canasta básica de alimentos.
En septiembre de 2025, Espina dijo a IPS que ese indicador se encontraba entre 40 y 45 %.
La actualización tiene en cuenta al tercio de la población cubana que, según la investigación, recibe remesas y a los 1,6 millones de personas que trabajan en el sector privado, con salarios muy superiores a la media.
Asimismo, identifica a 1 365 000 personas en situación de vulnerabilidad, más que los 876 000 cubanos bajo dicho estatus, reconocidos por el gobierno cubano en la sesión parlamentaria del 29 de julio.
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La cifra oficial del gobierno, aún en proceso de actualización, se obtuvo mediante una metología diseñada en conjunto con el PMA, que utiliza indicadores de seguridad alimentaria para identificar vulnerables, dijo Labande.
“Existe seguridad alimentaria cuando las personas tienen acceso a alimentos suficientes, seguros y nutritivos para su crecimiento, desarrollo y una vida activa y saludable”, indica la definición oficial del PMA.
Según el más reciente Informe Global sobre las Crisis Alimentarias, 266 millones de personas enfrentaron altos niveles de inseguridad alimentaria aguda en 47 países y territorios durante 2025.
En junio, el PMA aprobó un monto de más de 116 millones de dólares para apoyar a Cuba hasta 2030, en el reto de garantizar la seguridad alimentaria de sus habitantes.
“Sabemos que hay un problema de seguridad alimentaria en el país por la dificultad de acceso a los alimentos en casi todo el país”, dijo Labande.
ED: EG



