Cuando el director lo llamó para hablarle del personaje de la telenovela “Entre aguas”, Tulio Marín todavía no sabía que estaba a punto de recibir algo parecido a un guiño del destino. Le contaron las características, el tono, lo que se buscaba; pero fue al conocer el nombre —Félix— cuando sintió una mezcla extraña, nostálgica, ambigua. Su padre se llamaba así.

Aunque al principio no lo relacionó del todo, al leer los guiones empezó a descubrir los puntos de contacto: rasgos, actitudes, formas de ser que le recordaban a su difunto padre. Sin proponérselo, se encontró construyendo un homenaje. Por eso, más adelante, le propuso al director añadirle Venancio, el segundo nombre de su papá, Félix Venancio Marín. No era un capricho: era una manera de cerrar el círculo. Esa conexión, dice, fue lo que más lo motivó desde el inicio.
Fuera del set, Tulio y Félix tienen poco que ver. Tulio se define como un cubano al que le gusta la jarana, el chiste, la conversación entre conocidos; pero en ambientes donde no hay confianza no es extrovertido, más bien lo contrario. Félix, en cambio, es inmaduro, irresponsable y mentiroso, aunque sus mentiras nacen más de la fantasía que de la maldad.
A Tulio le gusta dejar el personaje en el set, en el camerino o en las tablas. No lo trae a casa. Hay una frase que la gente le repite en la calle: “Camina pollo”. Sin embargo, no es suya: la tomó de uno de sus padrinos, que la decía mucho, y decidió incorporarla cuando tuviera un personaje adecuado. Apenas la dice, pero el público lo identifica con ella.
Tulio no habla así, pero escucha mucho: en la cola, en el transporte público, en la calle, en un taxi. Ahí es donde el actor se nutre, donde encuentra el material para que las cosas salgan orgánicas y no encartonadas. Si algo no le queda orgánico, simplemente no lo hace.
Cuando asume un personaje, Tulio no piensa en el resultado. Empieza a trabajarlo, a buscarle la parte interior, la psicología, el antecedente. En el caso de Félix, el director Felo tenía muy claro lo que quería: que ese personaje y su familia aportaran el toque humorístico y simpático a la telenovela.
Se sentaron a ensayar, fueron proponiendo cosas, y Tulio empezó a leer los guiones para aportar desde su experiencia como guionista y director de teatro. Primero vino el interior; después, el físico: el vestuario, la forma de andar, la manera de comportarse. Poco a poco fue enriqueciendo también la forma de hablar.
El método: Tres oficios en función de un personaje
Tulio tiene su propio método, su librito, como dice él. Y cuenta con una ventaja: además de actor, es guionista y director de teatro. Eso le permite hurgar con más profundidad en la personalidad y la psicología de los personajes, incorporar texto, enriquecer escenas, buscar detalles que quizás otro actor pasaría por alto. Las tres profesiones las pone al servicio de la construcción del personaje. Eso le facilita llegar a un resultado con el que él o el director estén conformes. Ya si el público queda conforme o no, eso es una cajita de sorpresas: el arte es impredecible.

Se puede estar muy contento con una obra y que el público no responda, o al revés. En el caso de Félix, estaban satisfechos con lo logrado, pero Tulio nunca imaginó tanta repercusión. Se divirtió mucho haciéndolo, y cuando uno se divierte trabajando, el resultado se refleja. Pero la dimensión de lo que está pasando con el personaje, eso no lo calculó nunca.
La organicidad y el sí mágico
Para Tulio, el actor siempre debe tratar de ser lo más orgánico posible. No se trata de adquirir una técnica para hablar orgánico, sino de creerse la situación. Recuerda lo que enseña Stanislavski: el sí mágico. Si yo estuviera en esta situación, ¿cómo actuaría? Se incorpora ese principio y las cosas salen naturales. Luego se sazona: este personaje tiene tal característica psicológica, está en tal situación, este es el conflicto; entonces, ¿cómo actuaría él, no yo?

Cuando el actor se cree lo que está haciendo, la organicidad aparece. Hay actores que dicen muy bien, pero se les nota la técnica; otros suenan naturales, pero el que sabe un poco más percibe el mecanismo. Para Tulio, todo parte de la verdad. Cuando estás metido en la piel del personaje, sin descontrolarte, olvídate: eso siempre será orgánico.
Félix es un personaje muy cubano. Hay muchos Félix en la sociedad, en el barrio, en la cuadra. Tulio se fijó mucho en las tendencias de ese tipo de personaje para vestirlo: el overol, las botas de agua, la gorrita, la mochila vieja y destruida pero siempre cargada con los instrumentos de trabajo. Esa es la parte exterior, el estereotipo.
La parte interior, la psicología, está inspirada en un cincuenta por ciento en personas que ha conocido: de cada una tomó lo que necesitaba. Félix es un reflejo de muchas personalidades del pueblo, del cubano de a pie, del luchador, del habilidoso, del pícaro, del mentiroso. Quizás por eso ha gustado tanto y se ha interconectado tan rápido con el público. Hace cosas reprochables, pero la gente las disfruta por la forma en que las dice, por la manera jocosa de plantear la situación. Así hay muchos Félix: gente que uno ve y dice “caramba”, pero que, sin embargo, hacen reír.
Si preguntas que hay de Tulio en Félix, responde que muy poco. Tulio mira al personaje y se ríe con sus locuras. Cuando uno logra ese distanciamiento, reconoce que hay bien poco de sí mismo. Le gusta la jarana, hacer chistes, pero de ahí a ser un mentiroso empedernido, inmaduro e irresponsable, hay un trecho.
Tulio empezó en la actuación a los quince años, y eso te hace responsable, te madura rápido porque vas pasando por diferentes psicologías. Es una carrera difícil: si no estás enfocado, si no maduras a tiempo, te quedas atrás. Él es un hombre soñador, pero también pragmático. De Félix hay muy poco en él, muy poco, incluso diría que casi nada que llegue a reconocer.
La vis cómica que el público no conocía
En televisión, el público quizás no conocía esta faceta de Tulio. Estuvo mucho tiempo encasillado como personaje negativo, sobre todo en la serie Tras la huella. En teatro sí había hecho comedias musicales, pero no es lo mismo el alcance que el de los medios audiovisuales. Es la primera vez que el público lo ve en un personaje desenfadado, con toque humorístico, simpático, cómico. Y es una línea que le ha encantado trabajar.

A Tulio no le gusta cuestionar lo que el público pueda pensar del personaje. Lo que está pasando con Félix le encanta. Hay muchísima gente a la que le gusta, que se ríe, que se divierte. Y hay muchísimas personas, sobre todo mujeres, que le critican la doble vida, la doble moral.
Pero que hablen del personaje: eso es lo que busca. Que hablen bien o mal, el público tiene la última palabra. La mayoría disfruta a Félix, y el espectador cubano es muy inteligente: analiza la psicología de los personajes y se da cuenta de que es un hombre inmaduro, irresponsable, pero quizás no tan mala persona.
Por eso Tulio se siente muy complacido. Cuando un cubano, un compatriota, un vecino, un paisano le dice “tu personaje está ayudando a olvidarnos de los problemas”, no existe mayor recompensa. Para Tulio, ese es el premio más grande que le pueden dar.
Acerca del autor
Licenciado en Periodismo y licenciado en Ciencias Sociales, autor de El Foro en Cubahora, jubilado y reincorporado en la Redacción Digital de Trabajadores, donde escribe las secciones LA GUAGUA y EN 500 CARACTERES, fue corresponsal del periódico Vanguardia en tres de las seis regiones de Las Villas, Jefe de Redacción fundador del periódico Escambray, Corresponsal Jefe de la Agencia de Información Nacional (actual ACN) en Sancti Spiritus, colaborador de Radio Progreso, Prensa Latina y Radio Sancti Spíritus; así como Jefe de Información, Subdirector y Director del periódico Vanguardia, donde administró sus foros de discusión.


