Proyectar el Socialismo posible y anhelado es tarea de todos. Acá BOHEMIA comparte algunas consideraciones desde la Academia comprometida.
En medio de esta batalla de ideas en la que andamos metidos todos, un colega y amigo me puso el tema sobre la mesa desde la honestidad más pura del revolucionario. Y tiene razón. Hablar de qué socialismo queremos y podemos construir en Cuba no es un ejercicio académico, es la única forma de entender de verdad los cambios que estamos viviendo. Lograr un consenso sobre ese modelo es lo que nos va a enfocar a todos en el camino que debemos seguir.
Según el marxismo-leninismo, no se puede transformar la sociedad sin conocer las condiciones objetivas y subjetivas sobre las que se interviene. Bajo ese principio, y aplicado a la Cuba de hoy, podemos encontrar respuestas. Es vital lograr un consenso claro sobre el modelo de país que queremos, de modo que las propuestas económicas se ajusten a eso.
Marx insistía en que el socialismo no es un ideal abstracto, sino un movimiento real que surge de las contradicciones del capitalismo y de las condiciones históricas concretas. En Cuba, eso significa que no basta con repetir definiciones clásicas, es traducirlas a nuestra realidad: bloqueo, envejecimiento poblacional, migración, escasez de divisas, empresas estatales con necesidad de autonomía real, sector privado en expansión, cooperativas, inversión extranjera.
Ahora bien, el consenso no puede ser una camisa de fuerza ideológica. El marxismo-leninismo no es un catecismo, es una guía para la acción. Lenin, en «El Estado y la revolución» y en «La enfermedad infantil del izquierdismo», insistía en la necesidad de analizar la correlación de fuerzas y no limitarse a fórmulas. Por eso, el consenso debe ser vivo, revisable y anclado en la práctica.
El Partido Comunista debe ser la vanguardia de la clase obrera y debe estar «fundido» con el sindicato. Esto es plenamente marxista-leninista. Sin embargo, en la práctica cubana hay un enorme desafío: recuperar y fortalecer el papel de los sindicatos en su capacidad de representar de manera real los intereses de los trabajadores. La fusión no puede ser burocrática, sino orgánica: el Partido debe escuchar, no solo dirigir. Si el sindicato no es un espacio real de participación y conflicto legítimo, la vanguardia se convierte en aparato y la clase trabajadora en sujeto pasivo. Eso contradice la esencia del socialismo.
En términos marxistas, la dictadura del proletariado es la forma de Estado que garantiza la transición al socialismo y la eliminación de la explotación. En Cuba, después de más de sesenta años, el debate no es si existe o no, más bien cómo se ejerce. ¿Es una dictadura de la clase trabajadora o una dirección política que habla en su nombre? El marxismo exige claridad: el Estado no es neutral. Si el Partido dirige y el Estado ejecuta, hay que evitar que ambos se confundan y que la ciudadanía quede fuera de las decisiones.
Sobre Economía: plan, mercado, marketing y socialismo
Proponer que empresas estatales, cooperativas, privadas y extranjeras convivan «en igualdad de condiciones», con planificación y mercado, y con marketing, se acerca a lo que Lenin planteó en la NEP (Nueva Política Económica) y a lo que Gramsci llamaría «hegemonía» en el terreno económico. Sin embargo, hay un riesgo: la igualdad de condiciones no puede ser formal, porque el mercado tiende a concentrar poder. El socialismo no debe renunciar a la planificación estratégica ni a la propiedad social de los medios fundamentales de producción. El mercado puede ser un instrumento, no un fin. El marketing debe estar «ajustado a las condiciones de una sociedad socialista». Eso exige regulaciones fuertes, transparencia y control popular.
Salvar la economía cubana, y con ella al país, no es un debate académico es una necesidad vital.
El consenso que logremos para salvarnos no puede quedarse en élites políticas o académicas. Debe bajar a los barrios, a los centros de trabajo, a los jóvenes, a los que se van y a los que se quedan. El socialismo que queremos no se construye solo con planos, se construye con personas que sientan que este proyecto les pertenece.
Desde el marxismo-leninismo aplicado a la Cuba de hoy, mi valoración es que el socialismo que necesitamos no puede ser una copia de modelos, sino una creación propia, crítica y participativa. Como decía Marx, «los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo». Invitamos a transformar: es la esencia que nos imponen estos tiempos.
Propuestas nuevas
A continuación, exponemos un conjunto de propuestas desde una perspectiva marxista-leninista, aplicable a la Cuba de hoy, organizado en cuatro bloques: consenso teórico, institucionalidad y poder popular, economía política concreta, y condiciones subjetivas y culturales. Después exponemos algunas ideas metodológicas con vista a lograr el consenso. Cada propuesta intenta ser realista, humana y anclada en nuestras condiciones objetivas.
I-Propuestas sobre el consenso teórico
Definir el socialismo cubano como proceso, no como modelo cerrado. Ese diseño debe ser flexible y revisable cada cierto período (por ejemplo, cada quinquenio), con mecanismos de evaluación popular. El marxismo no es un plano terminado, es una brújula. Importante: crear espacios permanentes de debate teórico en universidades, sindicatos y comunidades, donde se discuta qué socialismo queremos, en el no haya miedo a la crítica.
Recuperar el concepto de «transición socialista» sin dogmatismo. Cuba lleva más de sesenta años en transición. Reconocer abiertamente que no hemos llegado al socialismo pleno no es una vergüenza, más bien una realidad que se explica históricamente por el acecho sin tregua del imperialismo estadounidense y asimismo por razones propias que exigen autocrítica. Eso permite diseñar políticas para una etapa larga, con metas intermedias medibles: reducción de desigualdades, democratización económica, fortalecimiento del poder popular.
Incorporar la categoría de «modo de vida socialista». No basta con definir la economía o el Estado. Debatir qué modo de vida queremos: relaciones cotidianas, tiempo libre, salud, educación, vivienda, cultura, solidaridad. El socialismo se juega de manera determinante en la vida cotidiana, no solo en el PIB.
II- Propuestas sobre institucionalidad y poder popular
Revitalizar el sindicato como sujeto autónomo. Los sindicatos deben fortalecer su capacidad real de negociación colectiva, derecho y participación en la gestión de empresas. Que el Partido los escuche, pero no los sustituya. Lenin decía que los sindicatos son «correas de transmisión», también deben ser escuelas de dirección para la clase obrera.
Crear mecanismos de revocación de mandato. Si el pueblo deposita su confianza, debe poder retirarla. Los delegados de circunscripción y los altos cargos electos pueden ser revocados por referéndum popular a mitad de mandato. Esto es democracia socialista real, no formal.
Auditoría popular permanente sobre el Estado. Crear comisiones ciudadanas independientes que auditen el uso de recursos públicos, con acceso a información y capacidad de denuncia. Sin transparencia no hay socialismo, solo burocracia.
III- Propuestas sobre economía política.
Las empresas estatales deben ser autogestionadas por sus trabajadores. Que las mismas no dependan solo de ministerio: que tengan consejos de trabajadores con poder de decisión sobre producción, inversión y distribución de excedentes. Esto acerca la economía a la clase trabajadora real.
Establecer una fiscalidad progresiva y renta básica socialista con el fin de evitar que el mercado genere desigualdades extremas:
Establecer un impuesto progresivo a los ingresos altos y a los patrimonios.
Renta básica universal que garantice alimentación, salud y educación.
Las cooperativas como columna vertebral del socialismo. Priorizar cooperativas en agricultura, transporte, construcción y servicios. Que tengan acceso a crédito, tecnología y mercado en igualdad de condiciones. El cooperativismo es una forma socialista de propiedad, no un parche.
La inversión extranjera debe regirse por reglas claras y beneficio social. Que la inversión extranjera sea bienvenida si:
Transfiere tecnología.
Genera empleo digno.
Respeta derechos laborales.
Aporta al desarrollo local.
No extrae recursos estratégicos sin contrapartida.
El marketing es socialista, no capitalista. Marketing con enfoque social: información veraz, promoción de consumo responsable, priorización de necesidades sociales sobre ganancias. Que la publicidad no crea necesidades artificiales ni promueva desigualdad.
La educación política y económica para todo el pueblo es esencial. Sin cultura económica y política la democracia socialista es vulnerable. Incluir en escuelas, universidades y centros de trabajo cursos básicos de marxismo, economía política, fundamentos de economía y participación ciudadana, adaptados a cada nivel.
IV- Propuestas sobre condiciones subjetivas y culturales.
Combatir la burocracia como enemigo interno. La burocracia no es un accidente, es una tendencia inherente a todo Estado. Se propone:
Rotación de cargos.
Evaluación por resultados.
Reducción de trámites.
Sanción efectiva a la corrupción.
Participación popular en la fiscalización.
Por otro lado, se debe dar atención a la desigualdad racial, generacional, territorial y de género. El socialismo cubano no puede ignorar que hay cubanos con más oportunidades que otros. Para ello, crear políticas afirmativas destinadas a:
Jóvenes (empleo, vivienda, participación política).
Afrodescendientes (acceso a cargos, educación, cultura).
Mujeres (cuidado, empleo, liderazgo).
Oriente y zonas rurales (inversión, servicios).
También debemos avanzar en el diálogo con la diáspora. Reconocer a la diáspora como parte de la nación cubana, con derechos económicos, culturales y políticos limitados pero reales. Incentivar inversión, transferencia de conocimientos y participación en debates.
Crear espacios de participación juvenil real. Los jóvenes son el futuro y el presente. Propongo:
Consejos juveniles con poder de decisión en municipios.
Financiamiento de proyectos comunitarios liderados por jóvenes.
Representación proporcional en órganos de gobierno.
V- Propuestas metodológicas buscando el consenso.
Asambleas populares de consenso. Antes de aprobar cualquier reforma económica o política, realizar asambleas abiertas en barrios, centros de trabajo y comunidades, con metodologías participativas. No con el objetivo de validar lo ya decidido, más bien para decidir.
Sería oportuno crear un Observatorio ciudadano del socialismo. Crear un espacio independiente (no subversivo ni mercenario opositor) que monitoree indicadores de socialismo: igualdad, participación, bienestar, libertad, solidaridad. Que publique informes anuales y alimente el debate.
Definir indicadores de éxito socialista. No solo PIB o producción. Por ejemplo:
Reducción de desigualdad (Gini).
Participación popular en decisiones.
Acceso a salud, educación y vivienda.
Satisfacción de necesidades básicas.
Libertad de expresión y asociación.
Solidaridad internacional.
Defensa de nuestro Socialismo.
Consideraciones finales
Estas propuestas no son recetas. Son invitaciones al debate; debo decir algo con claridad: sin participación real del pueblo, sin crítica, sin autocrítica, sin democracia socialista, el socialismo se vacía. Y vaciarlo sería traicionar a quienes lo soñaron y a quienes murieron por él.
Como diría el Che: «El socialismo no es una sociedad de hombres perfectos, sino una sociedad que lucha por eliminar la explotación y la desigualdad.» Esa lucha sigue siendo nuestra tarea. Y esa tarea empieza por consensos claros, propuestas concretas y, sobre todo, pueblo organizado y consciente.
Nadie tiene en sus manos la verdad absoluta. Es nuestro deber luchar por el socialismo que queremos y cómo lo queremos. Lograr el consenso que nos lleve a ese futuro mejor para todos, es prioridad. Mas, esta es tarea de todo nuestro pueblo unido bajo una sola bandera: Socialismo
La entrada ¿Qué socialismo queremos para Cuba? se publicó primero en Revista Bohemia.


