Hay lugares de trabajo que, con el paso de los años, dejan de ser únicamente el sitio al que acuden cada mañana y se convierten en una segunda casa. Para Anabel Curbelo López, jefa del departamento de Caja, esa casa tiene nombre: Banco de Crédito y Comercio (Bandec), institución a la que ha dedicado cuatro décadas de su vida laboral.
Su historia comenzó en 1986, cuando tenía apenas 18 años y acababa de graduarse como técnica en Secretariado. Llegó al banco de Unión de Reyes para desempeñarse como operativa, en una época en la que los procedimientos eran muy diferentes a los actuales y las máquinas de escribir formaban parte de la rutina diaria.
Desde entonces, esta mujer es testigo de cambios tecnológicos, transformaciones en los métodos de trabajo y nuevas exigencias en la atención a los clientes. También en este centro creció profesionalmente. Mientras cumplía sus responsabilidades, cursó la Licenciatura en Contabilidad y Finanzas, una preparación que le permitió ampliar sus conocimientos y responder a las exigencias de la institución.
Con el tiempo, asumió nuevas responsabilidades hasta convertirse en jefa del departamento de Caja, desde hace 15 años.

Hoy, cuando mira hacia atrás, reconoce que su trayectoria estuvo marcada por el aprendizaje, el compromiso y la satisfacción de hacer bien su trabajo.
«El trabajo del banco es muy bonito, pero a su vez, muy responsable», afirma. Y lo sabe bien, porque en sus manos y en las de sus compañeros descansa una labor que exige precisión, organización y respeto hacia quienes acuden diariamente a la institución.
«Atender al público implica comprender sus necesidades, buscar soluciones y actuar con responsabilidad ante cada situación».
Anabel recuerda que, en determinados momentos, las limitaciones para disponer de efectivo dificultaban la atención a los clientes. Frente a esas circunstancias, el trabajo en equipo y las decisiones del consejo de dirección resultaban esenciales para hallar alternativas.
Para ella, ninguna tarea depende de una persona. La unidad de sus compañeros, de la directora y del resto del colectivo es fundamental durante estos años. Esa solidaridad también se manifiesta cuando una dificultad personal o un problema de salud le impide acudir al trabajo: siempre encuentra a alguien dispuesto a ayudarla.
Por eso, al hablar de experiencias positivas, no duda en mencionar el apoyo recibido. No identifica una experiencia negativa que haya marcado su trayectoria; prefiere destacar el compañerismo y la confianza construida a lo largo del tiempo.
«Nosotros aquí somos una familia», expresa con orgullo. Y es que su vínculo con el banco trasciende las responsabilidades del cargo.
Durante 40 años, su rutina consiste en salir de casa, llegar al centro de trabajo, cumplir sus funciones y regresar al hogar. Una constancia que puede sostener gracias al apoyo de su familia, imprescindible para conciliar la vida personal con las exigencias laborales.
Pero la experiencia de Anabel no se queda en lo aprendido. También la transmite. «Cuando una nueva trabajadora llega al departamento de Caja, la ayudo en su preparación mediante el estudio de los manuales que rigen la actividad bancaria y la práctica junto a cajeras experimentadas».
Así comparte conocimientos, explica los procedimientos y acompaña los primeros pasos de quienes comienzan en este camino que enamora a muchos. En esa labor encuentra otra manera de contribuir a la continuidad del trabajo y de preservar las experiencias acumuladas durante décadas.
Cuando faltan aproximadamente dos años para su jubilación, Anabel comienza a mirar hacia una nueva etapa. No oculta que la idea de alejarse de la rutina que la acompaña durante toda su vida laboral le resulta extraña. Su mayor deseo es jubilarse en la misma institución donde comenzó a trabajar y mantener el vínculo con sus compañeros, incluso después de cerrar este capítulo profesional.
Quizá por eso, cuando intenta resumir lo que significa el banco para ella, no necesita demasiadas palabras. «Para mí, el banco es la vida», asegura.
En esa expresión caben los aprendizajes, los desafíos superados, las personas que han compartido su camino y la satisfacción de pertenecer a un colectivo que siente como propio.
La historia de Anabel Curbelo López es también la de una trabajadora que por coincidencias de la vida nació el mismo Día del trabajador bancario y encontró en su profesión mucho más que un empleo, encontró un espacio para crecer, ayudar a sus compañeros y construir relaciones humanas duraderas.
Y aunque la jubilación llegará dentro de un tiempo no lejano existen vínculos que no terminan con el último día de trabajo. Porque, para quienes entregan tanto a un mismo lugar, una parte de su vida permanece siempre en ese sitio.

